Capítulo 15 — El expediente fantasma #3
—Esto no es un caso aislado, Cala —le explicó Aróstegui, extendiendo sobre la mesa un mapa de Andalucía con cuatro puntos marcados en rojo, El Vacie entre ellos—.
Es un patrón que se repite, con variaciones menores, desde hace al menos seis años.
Comunidades marginadas, terrenos con potencial de revalorización enorme, y una red de intermediarios que se encarga de allanar el camino, legal o ilegalmente, para que la recalificación salga adelante sin que nadie con poder real para detenerla se entere a tiempo de lo que está ocurriendo.
—¿Y todos estos proyectos están conectados con la misma persona por encima de Almazán y Valdelomar?
—Eso es lo que estamos intentando determinar.
Las sociedades pantalla están diseñadas, precisamente, para dificultar esa trazabilidad.
Pero hay un patrón en la elección de los intermediarios locales, en la forma en que se financia cada operación, y sobre todo, en el tipo de «consultores de seguridad» contratados en cada caso, que sugiere una coordinación centralizada.
Alguien, en algún lugar, está diseñando esta estrategia y replicándola en distintos puntos de Andalucía, con adaptaciones locales pero con el mismo manual de instrucciones de fondo.
Reyes se quedó mirando el mapa, con los cuatro puntos rojos marcados sobre la geografía andaluza, y sintió una furia fría recorrerle el cuerpo al comprender que El Vacie no había sido elegido por casualidad, ni siquiera por la oportunidad concreta de un solar específico, sino como una pieza más, intercambiable, de un manual replicado con la misma frialdad con que se replica cualquier estrategia comercial exitosa.
—¿Cuáles son los otros tres puntos? —preguntó, aunque ya intuía, con una certeza amarga, que la respuesta no le iba a sorprender del todo.
—Un asentamiento chabolista en la provincia de Almería, desalojado hace cuatro años tras una serie de «incidentes» que nunca llegaron a esclarecerse del todo.
Un barrio de infravivienda en Huelva, todavía en proceso, con varias familias ya realojadas «voluntariamente», según la documentación oficial.
Y un núcleo de población gitana en Jaén, donde el proceso está en una fase muy similar a la que estaba El Vacie hace apenas un mes, antes de que la desaparición de Rocío lo cambiara todo.
—Entonces Rocío, sin saberlo, no solo salvó su propia vida al escapar aquella noche. Puede que haya evitado que el mismo patrón se repitiera aquí sin que nadie llegara nunca a descubrirlo.
—Es una manera de verlo, sí —dijo Aróstegui, con un tono que, por primera vez desde su llegada, dejaba traslucir algo parecido a la emoción genuina—.
Y es exactamente el tipo de conexión que necesitamos documentar con rigor absoluto, porque si conseguimos demostrar ante un tribunal que esto es un patrón sistemático, no un caso aislado, las consecuencias legales para quien esté detrás de todo esto van a ser mucho más graves que las de un simple delito de corrupción urbanística puntual.
Reyes fue a El Vacie esa misma tarde, sola, con la necesidad de compartir aquel descubrimiento con Custodio antes de que la noticia, inevitablemente, empezara a filtrarse por otros canales menos cuidadosos.
Lo encontró en su lugar de siempre, tras la verja sin óxido, y se sentó junto a él sin pedir permiso, como ya se había convertido en costumbre entre los dos.
—Custodio, lo que encontramos en la finca no era solo un plan contra El Vacie. Es un patrón que se ha repetido ya en otros tres sitios de Andalucía, con otras comunidades igual de vulnerables que la suya. Almería, Huelva, Jaén.
Custodio se quedó en silencio un largo momento, con la mirada perdida hacia el patio de chatarra que se recortaba contra la última luz de la tarde, y cuando por fin habló, lo hizo con una voz que mezclaba la rabia y algo mucho más profundo, casi filosófico.
—Siempre lo he sospechado, inspectora, aunque nunca hubiera podido demostrarlo.
Que no somos un caso especial, ni una excepción histórica.
Que lo que nos pasa aquí les pasa a otros como nosotros en otros sitios, con otros nombres, con otras caras, pero con el mismo guion de fondo.
El poder no inventa una estrategia nueva cada vez que quiere algo que otro tiene.
Perfecciona la misma de siempre, y la repite, hasta que alguien, en algún sitio, decide que ya no está dispuesto a dejarse arrastrar por ella sin luchar.
—Por eso es tan importante lo que estamos consiguiendo documentar ahora, Custodio. No es solo justicia para Rocío, ni siquiera solo justicia para El Vacie. Es la posibilidad de parar esto antes de que le pase lo mismo a la gente de Jaén que ustedes ya han sufrido en carne propia.
Custodio asintió, despacio, y por primera vez desde que Reyes lo conocía, le pareció ver en sus ojos algo que no era ni resignación ni desconfianza, sino una esperanza cautelosa, del tipo que solo se permite quien ha aprendido, a base de generaciones de decepción, a no confiar en ella demasiado deprisa.
—Entonces termine el trabajo, inspectora. Por nosotros, y por esa gente de Jaén que todavía no sabe la suerte que tiene de que una niña de doce años decidiera correr aquella noche en lugar de quedarse quieta.