CAPÍTULO 40 – UN GRAN GESTO #2
»Ella odiaba las manzanas y cómo sería su cara de desolación al descubrir que ese sería su desayuno aquel día que el chico decidió salvarla de las garras de semejante fuente de fibra y vitaminas de color rojo, cambiándosela por su desayuno.
Aquello ocurriría muchas más veces durante el curso, convirtiéndolo en un entrañable secreto entre los dos que los unía más y más.
»Pero para lidiar con el destino a veces hay que ser un buen estratega y estos chicos, inexpertos en los entresijos de la vida, no supieron jugar bien con las cartas que les habían tocado…
Aunque, tranquilos, como hoy es un día especial, el cuento tendrá un final feliz.
—Compuse una mueca de temor—. O eso espero…
—Observé la imagen que se proyectaba en la pantalla y continué moviendo la crema.
Ya había tomado consistencia tras unirla con la leche que había hervido con el limón, el azúcar y la vainilla, y el olor que desprendía aromatizaba todo el apartamento.
Me di cuenta entonces de que no había probado bocado en todo el día y mis tripas rugieron en desacuerdo.
Decidí obviarlas y continué dando las instrucciones para colocar el hojaldre en la bandeja y sobre él el relleno, antes de retomar mi narración particular.
»Lamentablemente, a aquellos chicos el amor les vino grande y no supieron combatir sus miedos e inseguridades, por lo que cada uno siguió caminos separados durante un tiempo, pero, años después, el destino, que es muy sabio y tenía la constancia de que ambos habían jugado más de una partida por separado y parecía que ya tenían perfeccionada la técnica, hizo que se reencontrasen.
»Fue así como la adolescente, ya convertida en mujer, descubriría que, para él, ella nunca había dejado de ser su «chica manzana», al igual que él nunca había dejado de formar parte de su corazón.
—Sonreí cuando comencé a vislumbrar montones de corazones en los comentarios de mis seguidores y continué pelando las manzanas que hacían falta para cubrir el relleno—.
Sí, lo sé, me he emocionado… —Sonreí, me sequé un par de lágrimas y tragué a ver si conseguía bajar el nudo de mi garganta, pues, si Adriel estaba viéndome como esperaba, ahí llegaba la parte culminante.
»Sé que nunca he contado mucho sobre mi vida privada, pero hoy voy a hacer una excepción porque lo que está en juego me importa muchísimo.
—Me aclaré la garganta y escuché unos nudillos tocando la puerta.
Decidí ignorarlos porque sentía que tenía que continuar a toda costa—.
¿Sabéis? Hace muchos años que creí haber superado mis miedos e inseguridades.
Todo cambia cuando descubres que hay una persona que tiene en sus manos el enorme poder de elevarte al cielo o hundirte bajo tierra con tan solo una mirada.
Entonces todo vuelve hacia arriba y los temores más escondidos reflotan, convirtiéndote en un mar de dudas.
—Solté las manzanas y miré directamente la pantalla, centrando en ella toda mi atención.
»Aquella chica cometió el error de estropearlo todo con sus inseguridades en el pasado y, aunque debería haber aprendido la lección, ha vuelto a hacerlo volcando sobre él todo el dolor de unas heridas que no le pertenecía sanar y, sin embargo, estaba totalmente dispuesto a asumir.
—Noté mis lágrimas en las mejillas y cerré por un segundo los ojos, intentando serenarme.
Cuando hablé de nuevo mi barbilla temblaba—.
Y no puede perderlo de nuevo. Sencillamente no puede.
—Se me quebró la voz—. Porque está enamorada de él y necesita que…
El sonido de unas llaves en la cerradura que daba a la calle me detuvo e hizo que girase la cabeza hacia allí de forma brusca, focalizando mi atención en la puerta abriéndose.
Se me cortó la respiración al verlo en el umbral, observándome.
—¿Es eso verdad? —preguntó serio. No pude articular palabra—. Alicia… —Avanzó hacia mí.
—Estoy en directo —susurré con la voz constreñida por los sentimientos a flor de piel y su presencia.
—Lo sé. —Alzó el teléfono dejándome ver mi propio perfil observándole.
Me había visto—. ¿Es eso verdad? —repitió.
Asentí con miedo a que el objetivo captase su imagen, pues recordaba que una de las condiciones que había impuesto para trabajar conmigo era que no quería salir nunca frente a la cámara.
Él se detuvo antes de ocupar la pantalla junto a mí y sus ojos me provocaron una sacudida—.
Después de todo lo que han pasado, ¿ella está enamorada de él?
—Con toda su alma.
Su sonrisa de medio lado terminó por destruirme y no pude contener un sollozo. Sus ojos me traspasaron con adoración al observarme.
—No quiero que perdamos más el tiempo, Alicia.
—Ni yo.
—¿Me quieres? ¿Quieres esto? —Nos señaló.
—Sí, sí quiero.
Sin esperar ni un segundo más, salvó el par de pasos que lo separaban de mí e introdujo los dedos entre mi pelo con fervor. Agarró mi nuca en un gesto de posesividad que me estremeció y sentí cómo su boca impactaba contra la mía en un beso voraz y cargado de sentimiento.
El tiempo se paró a nuestro alrededor, olvidándonos de que cientos de personas estaban al otro lado de la cámara que inmortalizaba ese momento tan crucial en nuestras vidas, y cuando unos minutos después nuestros labios se separaron, recuperando el aliento que nos faltaba, apoyó su frente sobre la mía y pronunció con una genuina sonrisa las palabras mágicas:
—El único fruto del amor eres tú, mi chica manzana.