El único fruto del amor es la manzana (Costa Serena 1) CAPÍTULO 8 – LA PROPOSICIÓN #2
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CAPÍTULO 8 – LA PROPOSICIÓN #2

—Genial —dijo Leo vehemente—. Ali, ve preparando tus cosas mientras Adriel va haciéndote unas tomas de prueba.

Asentí y saqué los ingredientes que iba a necesitar, colocándolos en la isla de la cocina en la disposición que quería que apareciesen en el vídeo.

Mientras sentía un cosquilleo en la nuca comprobé que la estancia estuviese recogida y ningún detalle, por insignificante que pudiera parecer, estuviera fuera de su sitio, pues por cosas así se nos habían arruinado tomas por completo.

Cuando todo estuvo listo, me observé en el espejo de la pequeña entrada y me gustó lo que vi, aunque atisbé que tenía las mejillas un poco subidas de tono.

Reajusté el escote de la camiseta y escuché cómo Leo iba dándole instrucciones a Adriel sobre las distintas posiciones de cámara, cómo tomarían las imágenes de la comida mientras se estuviese cocinando y los pormenores a tener en cuenta.

Respiré hondo sintiéndome más nerviosa de lo habitual. Me dije a mí misma que era normal, tenía en casa a alguien extraño, por así decirlo, e iba a formar parte de un momento que siempre había sido de Leo y mío en exclusiva.

Iba a salir de mi zona de confort, por lo que entendí que no era raro sentir cierta inquietud hacia lo desconocido, aun así, estaba segura de que todo fluiría con más normalidad de ahí en adelante.

—Cada vez que acabes una grabación deberás poner a cargar todas las baterías y dejarlas preparadas para la siguiente vez.

Ten siempre un par de repuesto contigo, en el bolsillo o a mano, porque las malditas se agotan cuando peor viene y tienes que ser el vaquero más rápido del oeste para no perder tomas relevantes.

—Entendido —le contestó Adriel.

—Habitualmente grabarás aquí. Ya tenemos dominada la colocación de los focos y los trípodes, por lo que no tendrás problema.

Ali te ayudará cuando salgáis a trabajar fuera del apartamento, porque puede costarte un poco dominarlo al principio.

Cada escena tiene su ángulo perfecto, solo tendrás que irlos encontrando, hasta entonces tendrás que revisarlo en cada toma del vídeo.

—El alumno asintió concentrado en la lección exprés que estaba recibiendo, y yo, a mi vez, repasé el guion de grabación que había preparado días atrás—.

Todo es más sencillo en la práctica, ya lo verás —lo animó Leo—. Ali, ¿vamos?

—Qué remedio —contesté con humor atisbando el inicio de una sonrisa en los labios de Adriel, que me resecó la garganta.

Tuve que carraspear mientras ellos ajustaban juntos la cámara en el trípode frente a mí y encuadraban la imagen. La mano de Leo se alzó y observé cómo sus dedos se iban perdiendo en su puño, en una cuenta regresiva.

Cuando llegó a uno sonreí y al segundo siguiente comencé con mi saludo habitual.

—¡Hola, sabrosuras! Espero que estéis de rechupete…

¿Qué? ¿Preparados para una nueva entrega de Sexo en la mesa ?

—Hice una pausa estudiada a la vez que elevaba las cejas en un gesto sugerente.

Vi a Leo sonreír y a Adriel morderse el labio inferior concentrado en la cámara.

Perdí por un segundo el hilo del argumento, pero me obligué a recuperarlo—.

Para los que acabáis de llegar al canal, no os asustéis, no es literal.

Ya sabéis que existe una relación directa entre la comida y el apetito sexual, ¿verdad?

Pues aquí una servidora, que es una buena samaritana, viene dispuesta a daros las claves para convertir una simple receta en un instrumento para la seducción.

»Para los chicos utilizaremos alimentos que ayuden a aumentar su ánimo, la producción de testosterona y el riego sanguíneo; ya sabéis…

—Hice un gesto de lo más locuaz elevando el dedo índice—.

Para nosotras serán alimentos que aumenten nuestra libido, provoquen sensibilidad genital y nos hagan producir serotonina, sustancia que nos proporcionará una sensación de relajación y placer.

Hoy la cosa está que arde, ¿verdad? ¿Qué?

¿Os apetece que subamos la temperatura? Pues tomad nota de los ingredientes, que empezamos…

Fue un buen vídeo, casi todo salió rodado y únicamente hubo que repetir un par de momentos puntuales sin demasiada importancia.

Adriel había estado callado, observando todo cuanto ocurría a su alrededor y tomando nota mental de lo que Leo le iba indicando; yo, por mi parte, sentía que había estado subida en alguna atracción de feria eterna.

Grabar con Leo siempre había sido como montar en tiovivo; divertido, pero tranquilo, algo que hasta un niño podía dominar…

Sin embargo, hacerlo con Adriel me había resultado como si hubiese pasado una tarde entera sobre una montaña rusa, con las temidas bajadas que creaban esa sensación de vértigo tan característica en el estómago y las lentas subidas que calmaban y a la vez estresaban.

No quería sacar conclusiones precipitadas, solo esperaba no haberme equivocado con la propuesta a Adriel, ya que su mutismo y sus miradas a veces conseguían ponerme de los nervios al no saber descifrarlas.

—Interesante, ¿no? —me dijo Leo mientras terminaba de guardar los equipos cuando ya estábamos solos.

—¿El qué? —pregunté despreocupada desde mi habitación.

—Todo. —Se detuvo unos segundos—. No sé, me ha dado la sensación de que aquí se respiraba la misma tensión incluso si no te hubieses pasado cien minutos hablando de follar con la comida.

Me asomé tras la puerta del armario, subiéndome los pantalones del pijama.

—¿De qué hablas?

—Por lo que más quieras, Ali, tápate las tetas.

Fruncí el ceño mientras él se cubría los ojos, exageradamente mortificado, y observé mi cuerpo.

—Tengo un sujetador —contesté vacilante—.

¿Desde cuándo tienes problemas con verme así?

Ni que fuera la primera vez. —Observé atónita cómo, desde el salón, se desabrochaba los pantalones y bajaba el primer tramo, dejando al aire su ropa interior—.

¡Serás cerdo! —me quejé—. ¿Te has pasado comiendo de las brochetas afrodisiacas?

—Me reí al ver su cara de consternación.

—Qué brochetas… Me habré comido dos, pero la culpa de esto no la tiene la comida que has preparado, mujer, la tenéis vosotros. Había demasiada tensión sexual acumulada en tan pocos metros cuadrados y estas son las consecuencias lógicas y esperadas. No soy de piedra, ¿sabes?

—¿Perdona? —Me reí incrédula—. ¿Dónde se compran las entradas para la película que te estás montando tú solito?

—Sí, ya —me dio la razón como a una niña pequeña—. Tú dirás lo que quieras, pero ese tío exudaba feromonas cada vez que te miraba, y ¿qué quieres que te diga?, estoy falto de sexo, llevo sin echar un polvo desde el viaje a Gerona.

—¿Cómo? —Abrí la boca exageradamente a la vez que me terminaba de abrochar la bata—. ¿Mojaste en Gerona?

—¿Te acuerdas de la camarera morena de ojos grandes que nos atendió la última noche? —Asentí—. No sabes la de cosas que hicimos en el baño mientras estuviste despidiéndote de los seguidores con los que cenamos. Era pequeñita, pero matona, te lo digo yo.

Me eché a reír, y él me acompañó.

—Vas a tener que ir buscándote plan —le dije divertida—, porque si esa fue la última vez ya van a hacer tres meses.

Él resopló.

—No me lo recuerdes. Tú no quieres solucionar esto, ¿verdad? —Se señaló la entrepierna, y le tiré un cojín sonriendo.

—Aparta eso de mí, so cerdo.

—Está bien, está bien. —Levantó las manos en son de paz—. Pero que sepas que cuando me la toque esta noche pensaré en vosotros dos fornicando como descosidos sobre la barra de la cocina.

—Leo, por el amor de Dios, cállate.

Soltó una carcajada y me tiró de la coleta antes de sentarse en mi sofá, recolocarse el bulto del pantalón y coger el mando a distancia.

Me tragué el cosquilleo que me provocaron sus palabras con el escenario que había expuesto y me senté junto a él, dispuesta a disolver en espiraciones lo que Adriel me había provocado con su mirada intensa y penetrante, junto con esa sonrisa de medio lado que dejó salir en varias ocasiones durante la grabación.

Si no conseguía normalizar las sensaciones que me producía, y convertirlas en algo cotidiano, íbamos a tener un problema de difícil solución.

Claramente, el mensaje mental que me mandé, en el que me obligaba a dejar de lado la sacudida física y emocional que me provocaba Adriel, no caló de forma inmediata en mi cerebro, porque, un par de horas más tarde, sola, en mi cama, me descubrí en medio de un orgasmo fantaseando con sus ojos, sus manos de dedos largos y delgados y la isla de mi cocina.

«Houston, we have a problem».