El Umbral Año 2038 #6
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Año 2038 #6

—Es sobre John Raymond. —Benjamin miró a Natalie, que estaba atenta a la conversación y se incorporó al escuchar aquello—. No puedo decirte por qué, pero sé que si tiras del hilo correcto encontrarás algo.

—¿Qué hilo?

—Michael Connelly.

—¿El senador Connelly?

—El mismo. Está implicado en la muerte de Raymond. Tú apriétale un poco las tuercas, quizás puedas sacarle algo.

—Está bien, le haré una visita.

—Si lo consigues, llámame.

—Lo haré. Suerte, Ben.

—Gracias. Cuídate.

Harry colgó el teléfono y se quedó pensando un rato.

Ben parecía muy convencido al referirse al senador Connelly y eso bastó para despertar su curiosidad.

Se sentó frente a su ordenador dispuesto a llegar al fondo de todo aquello, pero a los pocos minutos alguien llamó a la puerta de su habitación.

Harry cogió su pistola de la cama y echó un vistazo por la mirilla.

Al ver que se trataba de Chloe, puso el seguro de su arma, se la colocó en la parte de atrás del pantalón y abrió la puerta.

—¿Chloe? ¿Qué haces aquí?

—¿Interrumpo algo? —dijo, tomándose la libertad de entrar sin que Harry supiese cómo reaccionar.

—Pues en realidad, sí —respondió—. Estoy ocupado.

—Tranquilo, no te robaré mucho tiempo.

Llevaba un elegante chal que la cubría desde los hombros hasta la cintura y el cabello recogido en un elegante moño.

A Harry le resultó imposible no sentir una debilidad.

Estaba cansado y tenía ganas de olvidarse de todo durante el resto de la noche.

Durante un momento quiso tomarla entre sus brazos y dejar de pensar, pero sabía que con Chloe las cosas no funcionaban así.

—Supongo que Benjamin no te estará dando mucho trabajo. Al fin y al cabo, ha superado el Umbral —dijo ella, contoneando su voz por la habitación hasta llegar al mueble bar—. ¿Te importa que me sirva una copa?

—Has visto el vídeo.

—Todo el mundo lo ha visto.

—Si no recuerdo mal, dijiste que el Loco era tu padre. Debió de ser duro para ti ver cómo…

—No podría importarme menos —respondió ella mientras servía dos copas de whisky con hielo—. Sin embargo, Ben me ha sorprendido. Siempre supe que podía hacer algo así, pero creí que nunca se atrevería.

—¿Alguna vez te dijo algo?

—No abiertamente, pero le conozco bien. ¿Has hablado con él? —preguntó tratando de disimular su interés.

—No.

—Mientes fatal, Harry.

Chloe se dio la vuelta con una copa en cada mano y le ofreció una.

—No, gracias. Ya me he tomado una.

—Pues tómate otra conmigo —lo animó ella quitándose el chal y revelando un provocativo vestido—. Siempre estás muy tenso, te viene bien relajarte un poco.

Tentado, Harry cogió la copa y se la acercó a los labios, pero al ver la mirada expectante de Chloe, le vinieron imágenes de sus encuentros anteriores: sus ojos, su risa sádica, sus uñas llenas de sangre…

—Has echado algo en la copa, ¿verdad? —intuyó Harry, suspicaz.

—¿Qué?

—Siempre que bebo contigo pasa lo mismo: pierdo el control, me falla la memoria… ¿Qué es? —Se acercó la copa a la nariz y aspiró levemente el aroma—. ¿Somnexil? ¿Escopolamina? ¿Una mezcla?

El rostro de Chloe se transformó por completo. Harry jamás la había visto tan seria.

—¿Me estás acusando de algo?

—Hoy no, pero no estoy teniendo un buen día. Creo que será mejor que te vayas —sentenció Harry, que se dio la vuelta para dejar la copa sobre el mueble bar.

En ese instante notó un fortísimo golpe en la parte de atrás de la cabeza y se desplomó en el suelo rodeado de añicos de cristal ensangrentados.

Trató de hablar pero no fue capaz. Los brazos y las piernas apenas le respondían y no conseguía enfocar la vista.

Desde el suelo vio a Chloe sobre él, mirándole.

—Lo siento, pero no me has dejado otra opción —dijo ella, que a continuación le dio la vuelta empujándole con un pie y dejándole boca arriba—. Ahora dime cómo puedo encontrar a Ben.

Harry exhaló un hilo de voz con dificultad.

—¿No puedes hablar? Mierda… Esto me pasa por ser amable.

Chloe cogió el teléfono de Harry de su bolsillo, lo colocó frente a su cara para desactivar la seguridad biométrica y comenzó a husmear en las últimas llamadas.

—¿Alguno de estos números es de Ben? —le preguntó—. Pestañea dos veces si es que sí.

Harry no movió ni un músculo de la cara.

—No importa, ya lo averiguaré. En cuanto a ti, seguro que ahora te habría gustado aceptar esa copa, ¿a que sí? Lo habríamos pasado muy bien.

Chloe sacó un cuchillo retráctil de su bolso y lo desplegó ante Harry, que continuaba inmóvil. Luego se sentó sobre su pubis muy lenta y sensualmente.

—Es una lástima, Harry. Me gustabas de verdad. Hay algo oscuro en ti de lo que ni siquiera tú eres consciente, algo que desatas cuando te desinhibes por completo. Me habría gustado verlo una vez más, pero creo que ya no nos queda tiempo.

Chloe se inclinó, posó con delicadeza la hoja del cuchillo sobre su garganta y le dio un beso muy suave en los labios.

—Adiós, querido mío —le susurró justo después.

Un instante más tarde, con un rápido y certero movimiento, le rebanó el cuello.