Años 2031-2035
El Despertar, el Apagón y la Gran Crisis
Durante los dos primeros años de investigación del proyecto GENESIS se sucedieron los éxitos uno tras otro.
Pronto tuvieron una remesa de cien clones humanos en estado embrionario, extraídos ilegalmente de una muestra representativa de la población.
A cada uno de estos embriones se les suministró neuroplacina con pequeñas variaciones entre ellos para maximizar las probabilidades de éxito.
Además, tratando de atender a la urgencia que le exigían desde Washington, se puso en marcha un proceso experimental que permitía alterar genética y hormonalmente a los embriones para acelerar su desarrollo, acortando significativamente las etapas de crecimiento para poder cumplir con los plazos del proyecto.
Al igual que en otras especies de mamíferos, los bebés humanos podrían alcanzar la etapa infantil en unos meses y llegar a la etapa adulta en apenas unos años sin que esto afectase a su esperanza de vida.
Esto se traducía en una pronta juventud y una etapa adulta que se extendía hasta más allá de los setenta u ochenta años, lo que significaba un periodo productivo extendido a cambio de una vejez acelerada.
El avance fue bien recibido en Washington, donde el doctor Tremayne daba cuenta regularmente de sus logros afirmando que en pocos años tendrían sujetos adultos en los que podrían medir los efectos de la neuroplacina, además de continuar perfeccionando este nuevo hito de la ciencia que extendería la esperanza de vida activa.
Las noticias sonaron bien en los círculos de poder político: ciudadanos más sumisos con periodos productivos más largos y etapas dependientes más cortas.
Aquel hallazgo bien valía una apuesta aún más fuerte, así que Tremayne regresó a la colonia con un aumento presupuestario sustancial y suministros asegurados para la próxima década.
Nadie sospechaba que en apenas un mes el mundo temblaría ante el Despertar.
Tres días después llegó el Apagón y, mientras el mundo se sumía en la oscuridad, el proyecto GENESIS continuó funcionando sin problemas gracias a las placas solares, los generadores y las baterías con las que se autoabastecían.
Además, las vallas y el secretismo de la localización ignota de la colonia eran una garantía para mantenerse a salvo de saqueadores.
En las sucesivas semanas revisaron y desclasificaron todos los documentos de Tremayne: planes, informes, e-mails , correos certificados, proyecciones…
La compartimentación voló por los aires y el personal científico acabó por descubrir las intenciones del Gobierno y de Tremayne de someter a la población mundial mediante la neuroplacina.
Ante aquel shock, durante los meses posteriores se permitió que el que quisiera desligarse del proyecto abandonase la colonia, y de un personal inicial compuesto por casi mil expertos apenas quedaron ciento treinta, incluyendo a todos los agentes de seguridad.
El doctor Larsson y la doctora Reese, acompañados por algunas de las mayores eminencias de la colonia, decidieron reconducir el proyecto y suspendieron la administración de neuroplacina a todos los sujetos.
Con el paso de los meses se acabó confirmando lo que todos sospechaban: a causa del Apagón se habían perdido todos los registros informáticos acerca del proyecto GENESIS en Wa-shington, y los pocos que alguna vez supieron de su existencia habían muerto o estaban desaparecidos debido a la violenta inestabilidad política que atravesaba el país.
La colonia había quedado olvidada y aislada del mundo.
En junio de 2032, y tras dos largas asambleas, se tomó la decisión de reestructurar el proyecto para destinarlo a la observación, cuidado y protección de los ochenta y siete clones que sobrevivieron a la fase inicial y que para entonces ya aparentaban tener tres años de edad.
El objetivo último del nuevo plan sería la reinserción total de todos los clones en la sociedad.
Finalmente, y por unanimidad, se decidió rebautizar al proyecto, que pasó a llamarse «Colonia Génesis».