El Umbral Capítulo V. Réquiem #6
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Capítulo V. Réquiem #6

Ben pareció ignorar la pregunta, aunque lo cierto es que apenas la había comprendido.

Los sonidos de las palabras se descomponían en un interminable ruido indescifrable para él.

Era como si su cerebro funcionase a velocidad normal, pero el mundo que le rodeaba discurriese mucho más despacio.

En cualquier caso, como no podía perder más tiempo tratando de averiguar lo que le estaba ocurriendo, decidió aprovechar la situación para acabar lo antes posible con el Profesional.

Desde sus guantes especiales, Ben detonó otros dos proyectiles aturdidores.

Blitz consiguió esquivar uno de ellos pero el otro impactó contra su pierna y le provocó una descarga eléctrica.

Antes de que pudiese recuperarse, Ben se le echó encima y comenzó a golpearle.

Conectó dos golpes seguidos y erró el tercero.

Alertado, Blitz decidió dejar de subestimar a su adversario y recuperó la guardia.

Ben se lanzó de nuevo con un ataque tras otro, tratando de sorprender a Blitz, pero le resultaba casi imposible alcanzarle.

Sentía como si el aire fuese un líquido viscoso entre el que sus puños debían abrirse paso con desesperante dificultad.

A punto estuvo de conseguir alcanzarle un par de veces, pero, en un descuido, recibió un golpe en el estómago por parte de Blitz que no logró evitar.

El intenso dolor que le provocó también se extendía en el tiempo, convirtiéndolo en algo mucho más insufrible de lo normal.

Ben se repuso lo más rápido que pudo y consiguió alcanzar a Blitz con un derechazo que hizo que su máscara saltase por los aires, revelando su rostro.

Ben se sorprendió al ver su cara; era joven, más o menos de su misma edad, pero, además del cabello, también tenía las cejas y las pestañas grises.

Sus ojos eran de un azul grisáceo muy claro, como si aquel extraño aspecto se debiese a una despigmentación en lugar de a una decisión estética.

Ben se dio cuenta de que, sin su máscara, el pelo de Blitz ya no parecía gris plateado, sino una larga melena por completo llena de canas.

La lucha continuó con ambos intentando pillarse desprevenidos mutuamente, encadenando ataques y forzando cada músculo en su intento por alcanzar la velocidad necesaria para conseguir golpear al contrario.

Poco a poco Blitz comenzó a cobrar ventaja sobre Ben, a quien cada vez se le hacía menos soportable aquella intensidad.

Desde su perspectiva, no conseguía comprender del todo por qué cada inhalación y exhalación le parecían insuficientes y por qué se estaba asfixiando cada vez más.

El ardor en los músculos le impedía realizar los movimientos con la precisión y rapidez necesarias para hacer frente a Blitz, y cada latido de su corazón parecía durar varios segundos en los que tenía la sensación de que las venas le iban a estallar.

De pronto, el tiempo comenzó a recuperar su ritmo normal: las gotas de lluvia, los sonidos, el dolor, los latidos de su corazón…

, todo pareció acelerarse, y los ataques de su oponente se volvieron cada vez más imparables.

En pocos segundos recibió una combinación de golpes que le hicieron caer al suelo, malherido y con un dolor muy severo.

Al fin la percepción temporal de Ben volvió del todo a la normalidad.

Al verle tirado de espaldas en el suelo, inhalando el aire a bocanadas y totalmente incapaz de moverse por el ardor de sus músculos, Blitz pareció darse cuenta de lo que le había pasado.

—Qué interesante —murmuró, mirando a Ben mientras ladeaba la cabeza, como si desentrañase un acertijo—. Es tu primera vez, ¿verdad?

A Ben le extrañó aquella pregunta. Parecía saber algo sobre lo que le estaba pasando, y le habría encantado preguntar de qué iba todo aquello, pero ni siquiera era capaz de articular una palabra debido a la asfixia.

Se sentía como si hubiese estado buceando bajo el agua hasta casi morir ahogado y ahora sus pulmones se arrastrasen implorando cada migaja de oxígeno, produciendo un desagradable sonido parecido a los últimos estertores de un moribundo.

De pronto se dio cuenta de que al caer se había clavado algo en la espalda que le había hecho polvo las vértebras.

—Parece que entras y sales del trance de manera parecida a como lo hago yo —observó Blitz—, pero tú aún no te has acostumbrado; sigues respirando demasiado deprisa, como un ratón. Es fascinante verlo desde fuera.

Ben se dio cuenta de que había caído sobre la pistola aturdidora que le había arrebatado Blitz al principio. Lentamente, llevó la mano hasta ella y consiguió empuñarla mientras Blitz se acercaba a él, un paso tras otro.

—Tú y yo tendríamos mucho de lo que hablar. Es una lástima que quieras matarme —prosiguió el Profesional—, aunque me gusta la idea de que exista otro como yo.

Cuando Blitz estuvo a un par de metros, Ben, sobreponiéndose a la asfixia, echó mano del arma y, con un rapidísimo movimiento, le disparó un proyectil aturdidor en el abdomen.

Una descarga eléctrica de alta intensidad recorrió el cuerpo del Profesional, que cayó abatido de espaldas contra el suelo.

Después fue el propio Benjamin el que se desplomó, aspirando bocanadas de aire desesperadamente.

Se quedó unos minutos allí tumbado, boca arriba, dejando que la lluvia enfriase sus músculos y le aliviase los hematomas de la cara.

Pero no le sobraba el tiempo. Cuando consiguió ponerse en pie, Ben cargó con Blitz a hombros para bajarlo por las escaleras de la azotea a través del interior del centro comercial con la intención de llevárselo de allí antes de que despertase, pero a la altura de la segunda planta, la luz de una linterna incidió directamente en sus ojos y le deslumbró.

—Hola, inspector —saludó una voz familiar.

—¿Qué coño…? —dijo Ben tratando de cubrir sus ojos para ver de quién se trataba—. ¿Harry?

—Por lo que veo, esta vez te has ido de caza mayor. ¿Ese es Blitz? Vaya, enhorabuena. No ha debido de ser fácil.

Ben guardó silencio.

—Déjale en el suelo, ¿quieres? —dijo Harry—. Despacio.

Ben soltó a Blitz, dejando que cayese a plomo sobre el suelo de hormigón. Al caer, y por pura curiosidad, Harry le apuntó con la linterna para ver la cara del Profesional. Luego lanzó unas esposas a los pies de Benjamin.

—Póntelas —le ordenó.

—¿Que me las ponga yo? ¿Qué pasa con él?

—Que yo sepa, no tiene ninguna deuda pendiente con la justicia, pero tú sí. Ponte las esposas.

—Es un asesino, Harry.

—Un Profesional indultado por el Umbral. Yo no hago las leyes, y tú debías respetarlas. Vas a responder por el asesinato del Loco.

—Ya veo.

—Ponte las esposas, Ben.

—Gastáis más recursos en proteger a estos cabrones que en detenerlos. Sois unas putas marionetas. Ni siquiera trabajáis para el Gobierno, sino para Meredith Goldman.

—¡Que te pongas las esposas, joder! —exclamó Harry, apuntándole con su arma más de cerca.

Ben aprovechó el momento de tensión y, extremando la velocidad, logró apartar el cañón de la pistola de Harry un instante antes del disparo, de modo que la bala perdida alcanzó a Blitz en una pierna.

Pero aquel golpe de adrenalina le duró poco.

Los músculos le ardían y tenía algunos huesos fisurados, y ese último esfuerzo le pasó factura.

Ambos se enzarzaron en una pelea que Ben podría haber ganado fácilmente en otras circunstancias, pero su enfrentamiento con Blitz le había dejado el cuerpo destrozado.

Le dolían la cabeza, los ojos, los pulmones…

Apenas podía mantener el ritmo, y aun así parecía llevar la delantera.

Consiguió atinar un par de golpes sobre Harry antes de percatarse de que Blitz había desaparecido.

En su lugar solo había un pequeño charco de sangre y un rastro que se perdía en la oscuridad.

—¡Mierda! —exclamó, girándose un instante para buscarlo.

En ese momento, Harry aprovechó el descuido para noquearle con un fortísimo golpe en la nuca y Ben cayó al suelo a plomo, como un saco de arena.