Año 2049 #3
Apenas medio segundo después del primer ataque, otro jugador repitió el movimiento de su compañero, pero esta vez arremetiendo desde el flanco izquierdo del Profesional.
Blitz no solo le esquivó a tiempo y con facilidad, sino que al hacerlo le agarró de un brazo y se lo arrancó de cuajo.
Debido a la inercia, el jugador continuó desplazándose a toda velocidad en línea recta con el brazo amputado y cayó al suelo, rodando por toda la pista mientras dejaba un reguero de sangre por el camino hasta que el borde de la cúpula lo frenó, inerte.
El golpe fue tan violento que la caída le destrozó todo el cuerpo y murió en el acto.
En Japón, la fiebre de los Profesionales alcanzaba picos de absoluto fanatismo.
La gente llevaba camisetas con los nombres de sus Profesionales favoritos por la calle, se producían videojuegos que se vendían por todo el mundo, series de televisión…
; incluso había fiestas en las que la gente se disfrazaba de su Profesional favorito.
En Kioto, una pareja de mediana edad se estremecía con aquella imagen a cámara lenta en la que se veía perfectamente cómo Blitz se apartaba en el último instante, agarraba al jugador de la muñeca y le separaba el brazo del cuerpo.
Nunca se perdían un solo vídeo de los Profesionales más conocidos.
El hombre adoraba en secreto a Red Rose por sus impresionantes curvas, mientras que la mujer bebía los vientos por Blitz, su torso desnudo, sus músculos fibrados y su cabello largo y gris.
Ella, al ver toda aquella sangre en la imagen, se agarró fuertemente a su novio y escondió la cabeza como si no pudiese continuar mirando.
Siempre hacía lo mismo, aunque en realidad mantenía un ojo abierto con el que no se perdía detalle.
Sin tiempo para llorar la muerte de su compañero, dos de los jugadores fueron coordinados a atacar a Blitz a toda velocidad, pero de nuevo fue inútil.
Blitz los esquivó y en un instante le había roto el cuello a uno de ellos, que rodó por toda la pista mutilándose en la caída.
Los tres jugadores restantes gritaron de impotencia al constatar que ni siquiera a velocidades extremas habían logrado tocarle.
Sabían que era rápido, pero no era lo mismo verlo por la tele que comprobarlo en persona, así que decidieron atacar cuerpo a cuerpo al mismo tiempo para tratar de atinarle.
Blitz los esperó pacientemente en el centro de la pista sin mover ni un músculo mientras les dejaba tomar posiciones para acercarse a él; uno por cada lado y otro por la espalda.
Llegó el momento y los tres le atacaron al unísono en una lluvia de puñetazos y patadas que apenas le dejaban un centímetro de espacio libre.
Cualquier otro ser humano habría muerto ante tal avalancha de golpes, pero no Blitz, que esquivó todas y cada una de las acometidas, de modo que apenas pudieron rozarle un pelo.
El Profesional jugó con ellos durante un rato, propinándoles un golpe a cada uno de vez en cuando para demostrar su absoluta superioridad.
Aquello no era más que un baile para él.
Poco a poco, los golpes que les daba iban aumentando de intensidad y precisión hasta que a uno de ellos le golpeó tan fuerte en la boca del estómago que lo derribó, provocándole la muerte pocos segundos después.
Cansados, doloridos y asustados, los dos jugadores supervivientes apenas podían continuar atacando.
Cuando Blitz comenzó a cansarse un poco, aprovechó el ataque de uno de ellos para esquivarlo y colocarse tras él en un suspiro, momento en el que le propinó un codazo en la nuca que hizo que se desplomase en el suelo, inerte.
El último jugador en pie, al comprender que no tenía ninguna posibilidad, se dio la vuelta y trató de huir deslizándose a toda velocidad por la pista mientras trataba de pensar en cómo salir de allí.
Consiguió ganar tiempo durante unas cuantas vueltas.
El Profesional se movía rápido en distancias cortas, pero seguía siendo humano; jamás podría alcanzarle a esa velocidad.
Blitz, aburrido de aquella evasiva, se agachó para coger el casco de uno de los cadáveres que tenía a sus pies y lo lanzó calculando la trayectoria de su última víctima, a la que, tras alcanzarla en la cabeza, hizo caer y rodar varias decenas de metros por el borde de la pista.
A duras penas sobrevivió, pero sacó fuerzas de donde pudo y se puso en pie, dispuesto a escapar como fuese.
La esperanza le duró poco. Al levantar la vista, se encontró de frente con Blitz, que le miró fijamente a través de su máscara de ojos luminosos.
En apenas un segundo le propinó cinco golpes letales por todo el cuerpo: estómago, pleura, pecho, cuello y cara.
Aquel ataque múltiple duró menos de un suspiro, y tras recibir los golpes, el tipo se quedó en pie, inmóvil durante un par de segundos, justo antes de que le flaqueasen las extremidades, que finalmente se doblaron como cuerdas para hacerlo caer a plomo al suelo, ya sin vida.
Blitz se dio la vuelta como si nada y se encaminó tranquilo hacia las puertas de la pista, que se abrieron de nuevo para permitirle hacer una salida triunfal mientras dejaba tras de sí un reguero de sangre y muerte como parte de su última obra.