El Umbral 26 de mayo de 2031 #5
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26 de mayo de 2031 #5

—Bueno, ya lo has oído. Hemos sumado Virginia a nuestros apoyos, lo que nos da muchas más posibilidades que las que teníamos hace una semana. Cada vez estamos más cerca del fin del Umbral y los Profesionales.

—Del comienzo del fin, querrás decir…

—No seas aguafiestas, ya sabes lo que quiero decir.

—Al contrario, la fiesta está a punto de comenzar.

Natalie apagó el cigarro en un cenicero, se dirigió sensualmente hacia John y se sentó sobre sus rodillas exhalando los restos de humo de su última calada. Se apoyó sobre los hombros de John, le rodeó con los antebrazos y quedó a pocos centímetros de sus labios.

—Aún tenemos muchas horas por delante, habrá que hacer algo para pasar el tiempo —le susurró.

John sonrió, la agarró por la cintura y se acercó más a ella para darle un apasionado beso mientras le desabrochaba el vestido.

Caída la noche, Benjamin llegó en su coche hasta su apartamento, situado en un modesto edificio en el 18560 de Burbank Boulevard, en las inmediaciones del norte de Los Ángeles.

Una zona tranquila de clase media en la que coexistían edificios nuevos y modernos diseñados con materiales sostenibles junto a otros que no se habían reformado desde la Gran Crisis.

Tras dejarle en la puerta, el coche continuó la marcha para estacionarse en una de las calles aledañas.

Ben solía subir por las escaleras aprovechando cualquier momento del día para mantenerse activo.

A la altura del segundo piso, se topó con unos droides de mudanzas que llevaban un sofá escaleras abajo y que retrocedieron de nuevo al descansillo superior para darle prioridad como humano.

Ben no pudo evitar agradecer el gesto. Siempre lo hacía cuando se encontraba ante ese tipo de situaciones, aunque después se sintiese algo estúpido, ya que sabía perfectamente que aquello tan solo era parte de la programación de los droides.

Desbloqueó la cerradura dactilar de su apartamento y en cuanto cruzó la puerta se quitó la chaqueta y la lanzó al reposabrazos del sofá, lo que activó el sistema del droide de asistencia, que se acercó con rapidez para recogerla y colgarla en su percha.

Aquel droide se desplazaba mediante ruedas tipo oruga, disponía de dos brazos mecánicos y estaba dotado con IA de fase 3, un modelo bastante común en los hogares americanos de clase media.

Era totalmente inofensivo, limitado incluso, pero muy útil a la hora de mantener la casa limpia, preparar ciertas comidas sencillas y asistir con información útil en formato de audio o vídeo.

Ben activó la televisión del salón con un ligero movimiento de mano mientras se dirigía a la cocina.

En ese momento estaban retransmitiendo en directo una tertulia que informaba de forma general sobre diversos temas tanto nacionales como internacionales: cultura, economía, política, entretenimiento y las últimas noticias de los Profesionales.

Mientras Ben sacaba una cerveza de la nevera, escuchaba de fondo la tertulia, que aquel día trataba sobre la clonación humana con fines medicinales.

Big Tim, el presentador, entrevistaba a sus invitados acerca de las bondades de esta práctica biomédica.

El invitado era Todd Smith-Ferguson, flamante defensa de Los Ángeles Rams al que apodaban «el Muro».

—En tu caso particular, ¿has tenido que recurrir alguna vez a tu embrión? —preguntó Big Tim.

—Sí, ya lo he hecho dos veces.

—¿Puedo preguntar para qué?

—Claro, no tengo ningún inconveniente en hablar de ello. La primera vez fue para la predicción de marcadores cancerígenos concretos y la mejora general de la salud; esto va incluido en el precio del servicio. La segunda fue por una cuestión de rendimiento metabólico.

—¿Podrías explicarnos eso?

—A la hora de competir, es habitual sufrir microlesiones en tejidos musculares que podrían evitarse optimizado la dieta al máximo.

Esto requiere un montón de pruebas genéticas para dar con los suplementos adecuados, los niveles de vitaminas y macronutrientes, las sales, glucosa…

; en fin, todo lo que contiene la comida.

Pero el poco tiempo libre que tengo no quiero dedicarlo a hacerme todas esas pruebas médicas que llevarían bastante tiempo, así que le pregunté a mi delegado de GenLabs si podrían obtener los resultados a partir de mi clon embrionario.

Me dijo que no solo era posible, sino que, de hecho, era mucho más recomendable.

Así que me dieron unos comprimidos sintetizados especialmente para mí, un cóctel personalizado de nutrientes.

—¿Y qué tal te ha ido?

—¿Habéis visto que me haya lesionado en las últimas cuatro temporadas? —respondió el Muro de forma retórica y con una sonrisa orgullosa.

Ben se sentó en el sofá, suspirando por el agotamiento del día, abrió la lata de cerveza y se relajó viendo el programa mientras el droide de asistencia le preparaba algo de comer.

Lo programaba para que cada día le cocinase algo nuevo ciñéndose a una dieta equilibrada.

Desde luego no sería como el cóctel personal de nutrientes que tomaban los deportistas de élite gracias a los avances genéticos y los clones embrionarios, pero era bastante saludable.

Las recetas casi siempre tenían forma de burrito o de tortilla, y aunque la variedad de sabores y texturas no era muy amplia, lo cierto es que le ahorraba mucho tiempo al día.

—¿Alguna vez has visto a tu clon? —preguntó Big Tim continuando la entrevista con una risa curiosa.

—Sí, una vez.

—¿Y se parece a ti?

—Seguro que es idéntico a mí cuando yo era un embrión —respondió el Muro entre carcajadas.

—¿No te da miedo que crezca y que acabes teniendo un hermano gemelo treinta años menor que tú?

—Es una idea un poco escalofriante, ¿verdad? Pero no, esos embriones no crecen jamás, está totalmente prohibido por las leyes de bioética.

—Yo escuché un rumor que decía que hay un pueblo secreto en algún lugar del país donde tienen a un montón de clones de personas reales viviendo en armonía.

—¿Y te lo crees? —preguntó el Muro.

—Claro que no. ¿Pero os lo imagináis? Podría ser un sitio lleno de clones de estrellas de Hollywood, millonarios, atletas… Como en aquella película antigua, ¿la recordáis?

—Sí, sería increíble. Es cierto que todavía es un servicio muy caro, pero dentro de poco cualquiera podrá permitírselo. Es el futuro de la medicina. En pocos años, todos podremos tener nuestro propio clon en estado embrionario y conseguiremos erradicar todas las enfermedades que se nos ocurran.

—Suena bien —dijo Big Tim—. Espero que ese día llegue pronto.

El programa continuó con varios invitados y colaboradores que rotaban para dar paso a otros temas del día. Ben se tumbó en el sofá después de cenar y los párpados comenzaron a pesarle hasta que poco a poco se le cerraron por completo y cayó en un profundo sueño.