EL UMBRAL (SAGA DE TERROR KOI FROIN nº 3) Lo que se lleva, lo que se queda
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Lo que se lleva, lo que se queda

El Umbral no contestó enseguida. Cuando lo hizo, la voz sonó, por primera vez, casi divertida, del modo en que algo muy antiguo se divierte con algo muy nuevo.

Nadie se ha ofrecido nunca así dijo. Siempre los arrastro yo, o los empujan otros, como al que se llamaba Teodoro. O los desesperados, como el hombre que buscaba a su hijo, que se mintió a sí mismo pensando que elegía cuando en realidad solo huía de un dolor que no sabía llevar de otra forma.

Yo no estoy huyendo de nada dijo Kim, y al decirlo se dio cuenta de que era verdad. Estoy harta de que decidan por mí. Eso es lo único que quiero cambiar. Entonces esto también es nuevo para ti. Vamos a averiguarlo juntos.

Fue Arthur quien avanzó entonces, dejando a un lado la valla, con la llave vieja todavía en el puño y una expresión que Kim reconoció de golpe: la de un hombre que llevaba setenta y tres años cargando algo que por n estaba a punto de soltar.

Hay algo más que no te he contado dijo, con la voz temblándole tanto como las manos.

Tu bisabuela no me sujetó del brazo aquella noche por casualidad, Kim.

Ella también había estado a punto de cruzar años antes, cuando era joven, y volvió.

No modicada como Teodoro. Volvió con una parte de sí misma ya fundida con esto, con lo que hay al otro lado.

Por eso pudo sentir que yo estaba a punto de hacer lo mismo. Por eso pudo detenerme.

Kim sintió que se le encogía el pecho.

¾Me estás diciendo que esto ya corría por mi familia antes de que yo naciera?

Te estoy diciendo que quizá no elegiste esto tanto como crees dijo Arthur, con una tristeza profunda.

Quizá el Umbral llevaba generaciones esperando a alguien de nuestra sangre que estuviera dispuesto a completar lo que tu bisabuela dejó a medias.

Y quizá, Kim, eso no te hace más débil. Te hace la única persona en el mundo que puede hacer esto bien, porque ya llevas dentro algo de lo que hace falta para no perderte del todo.Kim se quedó mirando a su abuelo un largo instante, sintiendo que todas las piezas la llave, la bisabuela, las siete puertas, la octava encajaban por n en un dibujo mucho más grande y mucho más antiguo del que había imaginado nunca.Entonces dame algo mío que llevarme dijo, con la voz quebrada por primera vez en toda la noche.

Algo que me ayude a recordar quién era, al otro lado de esto.Arthur se acercó hasta ella y le puso en la mano, junto a la llave vieja, un pequeño relicario de plata deslustrada que Kim nunca le había visto llevar.Era de tu bisabuela dijo.

Llévatelo. Y cuando sientas que se te olvida algo importante, tócalo, y deja que el metal te lo recuerde, aunque sea solo un poco.Kim cerró la mano alrededor del relicario, sintiendo su peso frío contra la palma, y se volvió hacia el arco.Estoy lista dijo, y esta vez no le tembló la voz en absoluto.El Umbral, con la voz que ya no se parecía en nada a la de Kim, respondió con algo parecido a un suspiro de siglos:Entonces ven, corazón mío.

Y hagamos esto bien, por una vez.Kim dio el último paso, cruzó el arco de piedra tallada, y el mundo entero, durante un instante que a Arthur y a Lucas les pareció eterno, se quedó completamente en silencio.