EL UMBRAL (SAGA DE TERROR KOI FROIN nº 3) El que casi cruza
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El que casi cruza

Lucas llevaba ocho meses sin escribirle.

Ocho meses de silencio que Kim había aprendido a agradecer, porque cada vez que pensaba en él pensaba también en la sexta puerta, en la traición a medias que casi les había costado todo, en la forma en que él la había mirado al nal, como quien mira algo que ya ha perdido pero no termina de soltar.

El mensaje llegó un martes, a las once de la noche, sin saludo ni explicación:La estoy oyendo otra vez.

Necesito hablar contigo.Kim se quedó mirando la pantalla tanto rato que el teléfono se apagó solo.

Cuando volvió a encenderlo, escribió y borró cuatro respuestas distintas antes de mandar una sola palabra:¾Dónde?

Se vieron al día siguiente en un bar que ninguno de los dos conocía, elegido a propósito por eso mismo: ni rastro del pasado, ni una sola esquina que les recordara a la casa, a la llave, a las puertas.

Lucas ya estaba sentado cuando ella llegó, con las manos alrededor de un café que no había tocado y una expresión que Kim no le había visto nunca: no era miedo, exactamente.

Era algo más parecido al hambre.Estás distinto dijo Kim, sentándose frente a él.Estoy peor contestó Lucas, sin rodeos.

Y tú también, aunque todavía no lo sepas del todo.Le contó lo que llevaba semanas sintiendo: un zumbido bajo constante, como el de una nevera en otra habitación, que solo desaparecía cuando dormía, y ni siquiera siempre.

Le contó que había vuelto a soñar con el Umbral esta vez no como una idea, como un recuerdo, aunque él nunca hubiera estado allí.

Le contó, con la voz baja de quien conesa algo de lo que no está seguro de arrepentirse, que una parte de él, una parte pequeña pero terca, se alegraba.En los sueños no hay nada terrible dijo, mirando el café que seguía sin tocar.

Eso es lo peor. No hay monstruos, no hay gritos.

Solo un lugar enorme, con una luz que no viene de ningún sitio, y una sensación de que por n he llegado a donde tenía que llegar.

Me despierto sintiéndome culpable, Kim, como si hubiera traicionado algo solo por haber soñado que estaba en paz.

¾Se lo has contado a alguien más?¾A quién?

Lucas soltó una risa corta, sin humor. ¾A mi hermana, que ya me cree medio loco desde lo de la casa?

¾A un terapeuta que me recetaría algo para dormir sin soñar y pensaría que ha hecho su trabajo?

No, Kim. Te lo cuento a ti porque eres la única persona que no me va a decir que me lo estoy inventando.Kim asintió despacio, dándole la razón sin decirla en voz alta, porque ella también llevaba ocho meses sin poder contarle a nadie más lo que de verdad sentía en el pecho cada noche.Se está abriendo otra vez, ¾verdad?

preguntó Kim, aunque ya conocía la respuesta.No otra vez.

Lucas negó con la cabeza. Esta no la cerramos nosotros.

Esta ya estaba ahí antes que todas las demás.

Las siete que sellaste eran las prisiones, Kim.

Esta es la puerta de la que salieron los que hicimos falta encerrar.Kim sintió que la cicatriz del pecho volvía a arder, esta vez con tanta fuerza que tuvo que apretar los dientes para no llevarse la mano allí delante de él.Y tú cómo lo sabes dijo, aunque no era del todo una pregunta.Lucas la miró a los ojos por primera vez desde que se había sentado.Porque cuando casi crucé la sexta, ella me tocó.

Un segundo, nada más. Pero desde entonces, cada vez que se acerca algo del Umbral, no lo oigo con los oídos, Kim.Lo oigo con lo que me tocó.