El último verano que te odié Capítulo 28
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Capítulo 28

Léa

Llegamos hasta el dormitorio dejando parte de la ropa por el camino.

No supe en qué momento exacto desaparecieron mis vaqueros, pero sí recordé las manos de Hugo recorriéndome el culo, mi boca sobre su pecho y una carcajada ahogada cuando casi terminamos en el suelo al intentar quitarnos demasiadas cosas al mismo tiempo.

Aquello me gustó porque, incluso con todas las ganas que nos teníamos, seguíamos siendo nosotros.

Cuando caí sobre la cama, Hugo se quedó de pie delante de mí y dejé que la mirada descendiera sin ningún disimulo hasta el bóxer, donde su erección resultaba bastante difícil de ignorar.

—Ni se te ocurra ponerte sentimental.

—Estaba pensando que estás espectacular.

—Eso es sentimental.

—Entonces estaba pensando en quitarte lo poco que todavía llevas puesto.

—Mucho mejor.

Me incorporé y fui yo quien se ocupó de hacerlo. Le bajé el bóxer por las caderas y seguí tirando hasta dejarlo caer al suelo, quedándome de cuclillas delante de Hugo mientras su pene, completamente duro, quedaba prácticamente a la altura de mi boca.

Lo rodeé con una mano y empecé a acariciarlo despacio, recorriendo toda su longitud desde la base hasta el glande antes de volver a bajar.

Hugo dejó escapar el aire y apoyó una mano en mi hombro mientras yo repetía el movimiento con más firmeza.

Al llegar otra vez arriba, tracé varios círculos con el pulgar alrededor del glande antes de sustituirlo por la lengua, recorriéndolo despacio mientras mi mano seguía moviéndose por el resto de su pene.

Alterné la mano con la boca, cerrando los labios alrededor de la punta y bajando poco a poco antes de apartarme para volver a recorrerlo con la lengua.

La tensión de su abdomen y la forma en que sus dedos empezaban a apretarme el hombro me dejaron bastante claro que estaba consiguiendo exactamente lo que pretendía.

—Léa…

Levanté los ojos sin apartar la boca de su pene y Hugo debió de darse cuenta de que pensaba seguir allí bastante más tiempo, porque me agarró por los brazos y tiró de mí hasta ponerme en pie.

Solo entonces pudo besarme y lo hizo sin darme tiempo a decir nada, pegándome contra su cuerpo mientras sus manos terminaban de quitarme el sujetador y las braguitas.

Me hizo retroceder sobre la cama mientras nos besábamos y durante unos minutos nuestras manos parecieron competir por llegar a todas partes.

Yo volví a acariciarle el pene mientras él recorría mis pechos, mi vientre y el culo hasta que su mano terminó bajando entre mis piernas.

Me encontró completamente mojada y deslizó los dedos entre mis pliegues antes de acariciarme el clítoris, consiguiendo que se me cortara la respiración.

Lo empujé hasta dejarlo tumbado y me coloqué sobre él, pero en lugar de sentarme a horcajadas, me giré y avancé por su cuerpo hasta quedar con las rodillas a ambos lados de su cabeza.

Entendió lo que pretendía antes de que terminara de colocarme y sus manos se cerraron sobre mi culo para acercarme a su boca mientras yo bajaba la cabeza hacia su pene.

El primer contacto de su lengua entre mis piernas me hizo contener la respiración justo cuando yo recorría el glande con la mía.

Hugo soltó un sonido contra mi piel y cerré los labios alrededor de la punta antes de bajar despacio, ayudándome con una mano para acariciar lo que no podía abarcar con la boca.

Concentrarme en lo que le estaba haciendo mientras Hugo tenía la lengua sobre mi clítoris resultó bastante más complicado de lo esperado.

Cada vez que conseguía imponerme un ritmo, él cambiaba la presión o me acercaba un poco más sujetándome por el culo, y acabé devolviéndosela del mismo modo, alternando la lengua con los labios mientras la mano seguía recorriendo su pene.

Hugo empezó a perder el control primero. Lo noté en su respiración y en la forma en que sus dedos se cerraron sobre mis nalgas antes de que tirara de mí hasta conseguir que terminara tumbada a su lado.

—¿Qué haces?

—Si sigues así, esto va a terminar mucho antes de lo que pienso permitir.

—Qué poco aguante.

—Tú sigue provocando.

Lo besé todavía riéndome y Hugo aprovechó para hacerme rodar sobre la cama, pero no tardé en volver a empujarlo.

—Arriba.

—¿Otra orden?

—Hugo.

Se incorporó apoyando la espalda contra el cabecero y yo me senté sobre sus muslos. Hugo alargó una mano hacia la mesilla, abrió el cajón y sacó un preservativo mientras yo recorría su pecho con las manos.

—Veo que aquí tampoco te pilla desprevenido.

—Es mi casa, Léa.

—Buen argumento.

Le quité el preservativo, abrí el envoltorio y se lo puse despacio antes de incorporarme sobre las rodillas y colocar su pene en mi entrada.

Hugo me agarró por la cintura y yo apoyé las manos en sus hombros mientras empezaba a bajar, sintiendo cómo iba entrando poco a poco hasta tenerlo completamente dentro.

Cuando terminé sentada sobre sus muslos, me quedé quieta unos segundos con nuestros cuerpos pegados y Hugo levantó una mano para apartarme el pelo de la cara.

Ninguno hizo una broma aquella vez. Lo besé y empecé a moverme sobre él, levantando las caderas antes de volver a bajar mientras sus manos me acompañaban desde la cintura.

Nos habíamos acostado hacía apenas unas semanas y, sin embargo, aquello se sentía completamente distinto.

Entonces todavía había una mentira entre nosotros y yo seguía intentando convencerme de que acostarme con Hugo no significaba nada que no pudiera controlar.

Ahora sabía la verdad y también que, a pesar de todo el daño, seguía queriéndolo de una manera que quince años no habían conseguido borrar.

Me incliné para besarlo y Hugo me rodeó con los brazos, pegándome todavía más a él mientras seguía moviéndome sobre su pene.

—Te he echado mucho de menos —murmuré contra su boca.

Las manos de Hugo se quedaron quietas sobre mi espalda y levanté la cabeza para mirarlo.

—Yo también te he echado de menos, Léa. Todos los putos días.

Algo me apretó el pecho y lo besé antes de que cualquiera de los dos pudiera añadir nada. No quería llorar ni necesitaba escuchar más porque, por primera vez en quince años, sabía exactamente dónde estaba Hugo y por qué estaba allí.

Volví a moverme y esta vez la calma duró bastante menos.

Hugo me agarró del culo y empezó a ayudarme a subir y bajar, aumentando el ritmo hasta que tuve que separarme de su boca para respirar.

Me incorporé, apoyé las manos en sus hombros y utilicé las piernas para moverme con más fuerza mientras él empujaba desde abajo para encontrarse conmigo.

—Joder, Léa…

Apreté los músculos alrededor de su pene mientras bajaba y Hugo cerró los ojos, dejando caer la cabeza contra el cabecero.

—Eso ha sido a propósito.

—Puede.

Volví a hacerlo.

—Cabrona.

Me reí, pero Hugo me agarró y empujó justo cuando yo descendía, haciendo que entrara más profundo y convirtiendo la risa en un gemido.

—Eso también ha sido a propósito.

—Puede.

Le mordí el labio y el ritmo aumentó hasta que los muslos empezaron a temblarme por el esfuerzo. Hugo terminó haciéndose cargo de buena parte del movimiento, levantándome y haciéndome bajar sobre él mientras empujaba desde abajo.

Cuando ya apenas podía mantener aquel ritmo, me agarró por la cintura y me hizo girar sobre la cama hasta dejarme de rodillas delante de él. Apoyé las manos en el colchón mientras Hugo se colocaba detrás y me agarraba por las caderas.

—¿Así?

Giré la cabeza para mirarlo por encima del hombro.

—¿De verdad vas a preguntármelo ahora?

Entró de una sola vez y el cambio de ángulo me arrancó un gemido mucho más alto de lo esperado. Hugo empezó a moverse detrás de mí, primero con cierta calma y después cada vez más fuerte, mientras yo echaba las caderas hacia atrás para recibirlo y buscar el siguiente movimiento.

Una de sus manos abandonó mi cadera y recorrió mi espalda antes de hacer que me incorporara.

Terminé de rodillas, con la espalda pegada a su pecho y su pene todavía dentro mientras Hugo me rodeaba por la cintura.

Giré la cara para buscar su boca y seguimos moviéndonos así, con él besándome el cuello y la mandíbula mientras yo mantenía una mano en su nuca para tenerlo cerca.

—No puedo mucho más —murmuró contra mi oído.

Notar que estaba tan cerca me puso todavía más caliente, pero no quería que terminara así. No después de todo lo que habíamos tardado en llegar hasta aquella noche.

—Espera.

Hugo se detuvo y me separé de él para obligarlo a tumbarse antes de volver a colocarme encima.

Me senté sobre su pene sin perder tiempo y empecé a moverme otra vez, aunque ya no quedaba demasiado control en ninguno de los dos.

Mis piernas temblaban, la respiración apenas me alcanzaba y cada vez que bajaba sobre él sentía el placer acumulándose un poco más.

Hugo subió las manos por mi cuerpo hasta entrelazar los dedos con los míos y me incliné sobre él, manteniéndolos unidos a ambos lados de su cabeza mientras seguíamos moviéndonos.

Empezó a empujar desde abajo para encontrarse conmigo y ya no intenté contener nada, porque después de quince años queriendo volver atrás, entender y recuperar algo que había creído perdido, por fin lo tenía debajo de mí y no existía ninguna mentira entre nosotros.

Hugo soltó una de mis manos y me acarició la cara.

—Léa.

Lo miré y supe que estaba a punto incluso antes de que hablara.

—No dejes de mirarme.

Aquellas palabras me apretaron algo por dentro que no tenía nada que ver únicamente con el placer. Negué despacio, sin apartar los ojos de los suyos.

—No lo haré.

Y cumplí mientras seguía moviéndome sobre él y Hugo volvía a agarrarme por las caderas, empujando desde abajo para acompasar nuestros movimientos.

El placer llevaba demasiado tiempo acumulándose y sentí que estaba a punto de correrme por la presión que crecía dentro de mí, por el temblor de mis piernas y porque cada vez me costaba más mantener el ritmo.

Hugo tampoco apartó la mirada cuando su respiración empezó a salir a golpes y apretó los dientes intentando aguantar un poco más.

Me incliné hasta apoyar la frente contra la suya y continuamos moviéndonos así, mirándonos desde tan cerca que podía ver perfectamente cómo también estaba llegando al límite.

—Ahora —conseguí decir.

Hugo me agarró con más fuerza y empujó hacia arriba al mismo tiempo que yo bajaba sobre él.

El orgasmo me alcanzó con su pene completamente dentro y todo mi cuerpo se tensó antes de empezar a temblar encima de él.

Apenas pude seguir moviéndome, pero Hugo sí lo hizo, manteniéndome sobre sus caderas mientras las contracciones me hacían apretarlo una y otra vez.

Y no aparté los ojos.

Vi el instante exacto en que dejó de poder contenerse.

Su expresión cambió, sus manos se cerraron sobre mis caderas y empujó varias veces más mientras se corría conmigo, perdiendo por fin el control.

Nuestros gemidos se mezclaron y yo seguí moviéndome como pude mientras el placer continuaba recorriéndome y Hugo todavía temblaba debajo de mí.

Cuando finalmente no pude sostenerme más, me dejé caer sobre su pecho y él me rodeó inmediatamente con los brazos. Escondí la cara en su cuello, todavía intentando recuperar el aire, mientras me acariciaba la espalda y me mantenía pegada a su cuerpo.

Durante varios segundos ninguno hizo el menor esfuerzo por moverse.

—Bueno —conseguí decir cuando recuperé algo parecido a la capacidad de hablar—. Esto sí ha estado a la altura.

Una carcajada vibró contra mi cuello.

—Había presión.

—No te confíes.

Levantó la cabeza.

—¿Habrá segunda evaluación?

—Dependerá de tu rendimiento.

—Qué suerte que me gusten los retos.

—Eso ya lo sabía.

Lo besé antes de que pudiera continuar y, por la forma en que su mano empezó a recorrer otra vez mi cintura, quedó bastante claro que se había tomado muy en serio la posibilidad de mejorar nota.

Mucho después, estaba tumbada de lado con la cabeza sobre su pecho mientras Hugo recorría distraídamente mi espalda con los dedos. No sabía qué hora era y tampoco me apetecía comprobarlo.

—Por cierto —murmuré—, esto va a necesitar unas condiciones.

Sentí cómo se reía.

—¿Tengo que firmarlas?

—Probablemente.

—Quiero leer el contrato entero.

Levanté la cabeza.

—La letra pequeña es especialmente importante.

—Me preocupa.

—Debería.

Hugo me miró con expresión seria durante unos dos segundos.

—¿Cuál es la primera cláusula?

—No volver a decidir cosas importantes por mí.

—Esa la firmo sin leer.

—No esconder información porque creas que estás protegiéndome.

—También.

Me quedé pensando.

—Y hay una tercera.

—Sabía que habría una tercera.

Sonreí.

—No vuelvas a esperar quince años para hacerme el amor.

Hugo me observó un instante antes de echarse a reír y atraerme encima de él.

—Esa pienso cumplirla con especial dedicación.

—Más te vale.

Me besó y me acomodé de nuevo sobre su pecho. Todavía quedaban muchas cosas por organizar y una relación que acabábamos de recuperar después de demasiado tiempo, pero ninguna necesitaba resolverse aquella noche.

Esta vez teníamos toda la información y el resto podríamos decidirlo juntos.