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Mara
Nos hemos pasado toda la semana pasada trabajando sin parar para sacar adelante la campaña sobre las estrías.
Fue lo primero que propuse cuando volví y el departamento de marketing lo acogió con entusiasmo.
Les encantó mi idea de presentarlas como marcas de guerra: cicatrices que cuentan historias, mapas personales de batallas vividas.
La sesión de fotos se hizo con modelos de todas las tallas, pieles distintas, cuerpos reales.
Cuando recibí las primeras imágenes, sentí un nudo en la garganta: no por orgullo profesional, sino porque me recordaron a las mías, a la primera vez que las miré y me dije que eran bonitas, que eran parte de mí.
Es martes por la mañana y estamos a punto de lanzar el banner con el lema en todas las redes.
Me encanta cómo ha quedado. Lo veo proyectado en la pantalla de la sala y noto una oleada de orgullo.
Me recorre ese impulso eléctrico que me dice que esto hay que compartirlo con quien me inspiró la idea, aunque en el mismo segundo en que lo pienso, intento ahogarlo. No debería.
Pero ya estoy desbloqueando el móvil. Abro la aplicación y, sin darme tiempo a reconsiderarlo, escribo:
MARA: Hola, ¿qué tal? Mira lo que acaba de salir hoy a redes.
La respuesta llega rápido.
ELIO: :O Ha quedado chulísimo. Me tendrás que dar un porcentaje por la idea.
Sonrío sola, apoyada en la mesa, y dejo que se me escape un já.
MARA: Já, lo que se comparte en la charla de después de follar está fuera de la legalidad.
Me doy cuenta tarde: chistes de leyes a Elio. Antes de que me dé tiempo a corregirme, entra otro mensaje suyo:
ELIO: ¿Ah sí? Tendré que consultarlo con mi abogado...
Me muerdo el labio, reprimiendo una carcajada que me vendría fatal si alguien en la oficina me escuchara. Y entonces aparece su último mensaje, más serio:
ELIO: En serio, me encanta. Yo solo te di la idea, el trabajo es tuyo.
No debería, pero me calienta el pecho leerlo. Le respondo sin pensarlo mucho:
MARA: Gracias!
Guardo el móvil boca abajo sobre la mesa, como si así pudiera controlar lo que me provoca. Pero la sonrisa tarda mucho más en apagarse que la pantalla.