12
Elio
Cuando Vega me dijo que vendría su prima, no me esperaba que fuera así. Pensé que sería una empollona o una estirada, como venía de la capital, pero no fue así.
Estaba junto a su prima, con la camiseta de manga larga esa que le llegaba por debajo del culo, y unos leggins que le marcaban las piernas.
Llevaba el pelo suelto, medio revuelto, y los mofletes algo rojos, como si tuviera calor o vergüenza, o las dos cosas.
Y no sé qué me pasó, pero no podía dejar de mirarla ni de encontrarme con sus ojos verdes.
No era como Sara ni como el resto de las chicas. Tenía curvas, muchas, y una forma de moverse con la que parecía intentar ocupar el mínimo espacio posible. Pero justo eso hizo que me dieran ganas de mirarla más, de saber por qué se escondía.
Cuando Sara soltó lo de frikis, ella y yo nos callamos.
Bajó la mirada, arrepentida de hablarme, y me dieron ganas de decirle que me encantaba que tuviera la DS y que ojalá me contara cómo se pasaba los mundos del Mario, porque yo estaba atragantado en el mundo 5, nivel 7 por las putas tortugas.
No lo hice. En lugar de eso, me metí las manos en los bolsillos y fingí que no pasaba nada.
Luego la vi mirar a Hugo y se me hizo un nudo en la garganta. Porque pensé que, si yo fuera como él, quizás ella también me miraría así. Pero no lo era, solo era un friki, el mejor amigo de las chicas.
Y, esa noche, me fui a casa pensando en ella. No me pude sacar de la cabeza su risa tímida ni cómo se metía un mechón detrás de la oreja.