El Último Tanto (La Serie de Knoxville Football 5) Jugada Perfecta #3
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Jugada Perfecta #3

Se ríe, brindando en mi dirección. —¿Sabes? Encontrarte en el baño de mujeres ha convertido una tarde horrible en un buen recuerdo. Ahora puedo decir que probé la gastronomía española, con un valenciano, aunque solo esté aquí veinticuatro horas.

Sus palabras suenan sinceras. Naturales. Como si estuviera acostumbrada a compartir lo más íntimo con desconocidos sin miedo a las consecuencias. Sin pensar en cómo podrían utilizarlo en su contra..

Aclaro la garganta. —Me alegro. Salud. —Choco mi copa con la suya y bebo un trago.

—Cheers —susurra, imitando el gesto. Chasquea los labios, sonríe satisfecha—. Está buenísimo. Lo necesitaba después de hoy.

—¿Qué ha pasado? —pregunto, tan entrometido como mi abuela.

—Volé a Valencia…

—Por culpa de Gladys —la interrumpo.

Marlowe suelta una risita. —Sí, por culpa de Gladys.

Quería sorprender a Gerard. Está aquí trabajando y no para.

Estos meses han sido duros. Yo quería apoyarle, darle ánimos.

—Su mirada se pierde un segundo, pero parpadea, retoma el hilo y endereza la postura.

Le arden las mejillas, aunque los ojos permanecen secos cuando confiesa—: Estaba en la cama con otra.

—Cabrón —escupo. La rabia me golpea, tenso los muslos bajo la mesa para no perder el control.

Qué gilipollas. Tener a alguien como Marlowe y arriesgarse por una aventura en un viaje de trabajo. Pero mentiría si dijera que no lo había visto antes. Incluso en mi equipo, hay hombres casados que hacen lo mismo con sus esposas.

—Y eso ni siquiera fue lo peor —susurra Marlowe, vaciando la copa. La relleno y le sirvo también agua. Quiero que me lo cuente todo, cada palabra que ese hijo de puta le dijo. Pero no quiero que mañana lo olvide por beber demasiado.

Levanto una ceja, animándola a seguir.

Juguetea con la servilleta y mi rabia se convierte en preocupación.

¿Le hizo daño? ¿Le pegó? —¿Te puso la mano encima? —pregunto con una calma engañosa.

Como atleta profesional, sé muy bien la mierda que algunos tíos les hacen a las mujeres esperando salir impunes. Como hermano de dos hermanas, no lo tolero. Nunca.

—¿Qué? No, claro que no —responde enseguida.

—Dime la verdad —aprieto. Si le ha hecho daño, yo…

—No me hizo daño. No físicamente. Solo… me habló con una crueldad que nunca había visto en él. Jamás había sido tan frío, tan despiadado.

Inspiro hondo y relajo las manos. —Quizá por fin te ha mostrado su verdadera cara.

Bufa. —Llevábamos casi cinco años. ¿Qué dice de mí no haber visto antes esos defectos tan obvios?

Muerdo la comisura de mis labios. —No es tu culpa.

—Lo sé. Solo me siento… herida. —Se lleva la mano al pecho, como si los actos de su ex le hubieran atravesado de verdad—. Y confundida.

—¿Confundida por qué?

—Por todo. La vida.

Le ofrezco una sonrisa comprensiva. —Creo que todos nos sentimos así alguna vez.

—Puede —murmura, sin mucha convicción. Se la ve triste y sola. Más joven de lo que es, aunque en sus ojos brille una sabiduría amarga, fruto de experiencias duras.

¿Le quieres? El pensamiento me atraviesa, pero me muerdo la lengua.

No es asunto mío. Mañana, o como mucho en unos días, estará de vuelta en América. Yo seré solo un recuerdo agradable de una noche en España.

La pregunta real sería: ¿quieres olvidarte de él? Porque, si es así, yo puedo ayudarte.

Se me acelera el pulso al imaginarlo. Acompañarla al hotel. Tumbarla en la cama. Conseguir que olvide el nombre de ese cabrón al que alguna vez llamó novio.

Podríamos tener una noche juntos. Ella la recordaría como una aventurita en Valencia. Yo, como la noche en que una mujer confió en mí por ser Ale, el hombre, y no Alejandro, el futbolista.

Ligero, divertido, con la suficiente conexión emocional para que el sexo pase a otro nivel.

Marlowe volverá a Rhode Island con estándares más exigentes que ese pobre imbécil al que le dio cinco años de su vida. Y yo empezaré la temporada saciado, libre de las distracciones y tentaciones de siempre.

Podemos hablar, reírnos, disfrutar de la compañía. Una noche. Sin expectativas. Por la mañana, cada uno por su lado, y lo que compartimos será suficiente.

Mientras imagino ese plan, no puedo evitar sonreir al contemplar a la mujer sentada frente a mí. Cenar con ella me hace sentir especial, porque se abre a mí como a un hombre cualquiera. Y eso es suficiente.

Decidido a saborear esta noche, este momento con Marlowe, bebo un trago y escucho cada palabra que comparte. Habla de vela, su pasión por el deporte brillando en su cara. Habla de su familia y de su Club de costura —ese grupo de apoyo compacto formado solo por ancianas. Curioso y entrañable.

Cuando se inclina hacia mí, como si fuera a tocarme la mano, el corazón me retumba en los oídos. Pero antes de que lo consiga, el camarero aparece y coloca las tapas en la mesa.

Marlowe se ríe al ver los platos. —¿Cuánto has pedido?

Sonrío, sintiéndome más yo que en todo el verano. — Welcome to Valencia, Marlowe .

Bienvenida a Valencia.

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