9. Gage
GAGE
La veo en cuanto aparece en la playa. Lleva un vestido naranja que deja al descubierto sus hombros bronceados y sus esbeltas piernas. Su pelo está recogido, aunque algunos mechones se han soltado y le rozan las mejillas con la brisa.
—Joder, está increíble —murmuro.
—Siempre lo ha estado —asiente Svetlana —. Tus padres están contentos de que haya venido. Lo único que siempre han querido para ti es que tengas pareja.
Svetlana mira por encima del hombre a mi hermano Joe y después vuelve a mí.
—Todos estamos orgullosos de ti, Gage. Lo que has conseguido es increíble. Pero también queremos verte feliz, y Callie siempre te ha cambiado la expresión.
Me da un beso en una mejilla y luego me suelta un golpecito en la otra.
—No lo fastidies.
Suelto una risa cuando se aleja.
—Sí, gracias.
Me hace un gesto sin volverse.
Vuelvo a mirar a Callie, frunciendo el ceño al verla en plena conversación con mis hermanas. Lleva a Matteo aferrado a su cadera y sonríe por algo que dice mi sobrina. Suspiro y le quito una cerveza a Pablo.
—No me puedo creer que tus padres lleven cincuenta años casados —comenta, sorprendentemente emotive.
—Sí —respond, mirando alrededor de la fiesta.
Han montado una carpa en la playa. Varias mesas están listas, con una decoración elegante pero sencilla.
Arreglos florales preciosos adornan cada una y, en el centro de cada plato, hay una tarjeta con el nombre escrito con cuidada caligrafía.
Los platos están pintados con verdes suaves y naranjas intensos, homenajeando el lugar de origen de mi madre.
—Tus padres están viviendo el sueño —añade Pablo.
Lo miro, viendo cómo observa a mis padres con una pequeña sonrisa.
Su padre murió hace años en una tormenta que provocó inundaciones repentinas.
Desde entonces, él y su madre, mi tía María, han estado siempre presentes en nuestras comidas y celebraciones.
Mis padres los acogieron como parte de la familia, y creo que no había sido plenamente consciente hasta ahora de lo extraordinaria que es la vida que han construido.
Una vida con la que muchos sueñan. Una vida que yo también quiero para mí.
Durante la hora siguiente, intent conseguir un momento a solas con Callie. Pero, joder, es complicado.
A cada paso, está hablando con algún miembro de la familia.
El agua de Valencia —algo parecido a una mezcla entre Long island ice tea y Screwdriver— no deja de servirse.
El catering repartee tapas con amabilidad.
Mis sobrinos y sobrinas juegan a algo que probablemente haya organizado Jessica.
La música nos envuelve y mis padres empiezan a moverse al compás.
Por fin. Este es mi momento.
Me meto en medio de la conversación que Callie tiene con Martina y Alejandra.
—Baila conmigo —le digo, tendiéndole la mano.
Martina se tapa la boca soltando una risita, mientras Alejandra pone los ojos en blanco.
—Que sutil, Gage —dice Alejandra.
Callie se muerde el labio y alterna la mirada entre mi hermana y yo. ¿Por qué no me mira? Odio que parezca reacia, incluso preocupada.
—Cal. —Mi tono es más firme que antes. Los nervios se me expanden por el estómago, suben por el pecho y la garganta.
Ella me mira y lo sé. Al instante. Algo no va bien. Ha pasado algo.
¿Se está echando atrás? ¿He presionado demasiado? ¿Qué demonios ha cambiado desde anoche?
—Baila conmigo —repito, con una súplica en la voz.
Alejandra y Martina deben notar que algo ocurre entre Callie y yo, porque se apartan con discreción de la conversación.
Tiro de ella hacia la pista de baile. Callie me mira y coloca un brazo sobre mi hombre.
Mi mano se desliza a su cintura, apoyándose firme en su espalda. Conozcosu cuerpo de memoria y odio sentir que se tensa bajo mi contacto.
—¿Qué está pasando, Cala? —murmur mientras empezamos a balancearnos.
Parpadea y aprieta los labios.
Mierda. He metido la pata. Pero, ¿en qué? ¿qué ha pasado?
—Gage… —Su voz se quiebra y la emoción que pone en esa palabra, en mi nombre, me golpea como un puñetazo en la garganta.
—Dímelo —exijo, acercándola un poco más. Si este es nuestro ultimo baile, pienso saborearlo.
—Gage, lo siento mucho —susurra, con los ojos llenos de lágrimas al encontrarse con los míos.
—¿Por qué? —la giro un poco más lejos de mi familia y de sus miradas curiosas.
Va a decirme que no puede con esto. Que lo intent, peroo que yo no soy el hombre que quiere para su futuro. Que la vida que le he planteado no es lo que busca. Que no soy el hombre para ella… que nunca lo fui.
Me prepare para el golpe. Pero no llega.
En cambio, dice:
—Grayson Watches ha retirado el acuerdo de patrocinio.
Frunzo el ceño y me detengo. La miro fijamente.
—¿Y qué?
—¿”Y qué”? —repite, negando—. Te he decepcionado.
—Me has… —me interrumpo—. ¿De qué estás hablando?
—Se supone que tengo que cuidar de tus intereses profesionales.
—¡Y lo haces!
—He perdido el contrato. No respondimos a tiempo y…
—Me retiro —suelto de golpe.
A mi alrededor, oigo a Svetlana jadear. Joe la manda callar.
Carla abre mucho los ojos y nos mira a Callie y a mí. Ricardo le lanza una mirada severa y aparta la vista.
Mi familia va a acabar conmigo.
—¿Te retiras? —murmura, con los dedos aferrados a mi hombro.
Asiento.
—Es el momento, Cal. Hace tiempo que lo es. —Le dedico una leve sonrisa—. Mñiralo por el lado bueno, ahora no tendrás que salir con uno de tus jugadores.
Niega con la cabeza.
—No es esto lo que quería para ti. Gage, lo siento.
—Callie. —La acerco a mí y la beso en la frente—. Está bien —susurro—. A veces las decisions se toman pensando en nosotros… y casi es más fácil así. Más llevadero.
Se aparta un poco para volver a mirarme a los ojos.
—Te quiero, Callie. Dime que está todo bien. Dime que vamos en serio.
Sus ojos se abren de par en par. Parpadea conteniendo las lágrimas.
—Estoy enamorada de ti, Gage. Te quiero.
—Giro de guion —canta Carla.
—Joder, el tío sigue en forma —comenta Jake.
—¡Shh! —los reprende Mark.
—Yo también te quiero, cariño —lo digo con sinceridad. Ella aprieta los labios, aún con la mireda cautelosa.
—No me importa la oferta —añado para tranquilizarla—. Solo me importas tú.
—Aww… —suspire Alejandra.
Lanzo una mirada asesina a mi familia, que ha dejado todo lo que estaba hacienda para cotillear. Solo les faltan las palomitas.
Me vuelvo hacia Callie.
—Sigue viviendo aventuras conmigo, Cal. Por favor.
—Sí —susurra soltando el aire. Sus ojos se abren y luego se llenan de lágrimas—. Sí, Gage.
Una sonrisa le ilumina la cada hasta que me dedica una de esas miradas que lo llenan todo.
—Quiero todo contigo. Todo esto —dice, señalando a mi familia—. Te quiero —lo repite otra vez, y siento que el corazón me va a estallar de júbilo.
Le devuelvo la sonrisa, le levanto la barbilla y bajo a sus labios. La beso despacio. Intensa y profundamente.
—¡Eso es, tío! —grita Jake.
Mi familia estalla en vítores y aplausos.
—¡Rápido! ¡Que alguien llame al cura! —bromea mi madre.
—¡Mamá! Contrólate —la riñe Jessica.
Callie y yo nos separamos despacio. Sus ojos brillan con asombro, y sé que yo la estoy mirando con una sonrisa tonta en la cara.
—Lo eres todo para mí, Gage. Solo que no estaba preparada para admitirlo. Maldito Gutiérrez —murmura.
La miro, se ríe y se tapa la boca con los dedos.
—No es nada. Quiero decir, es todo, pero…
La acerco a mí para besarla de nuevo. Nos interrumpe —otra vez— mi familia. Esta vez es mi padre, que golpea la copa con un tenedor.
Nos giramos hacia él. Levanta su copa de champán en el aire. En cuestión de segundos, los camareros han repartido copas a toda mi familia. Nos acercamos para escucharlo por encima de la brisa.
Detrás de nosotros, se están terminando de pones ensaladas valencianas, tablas de quesos, embutidos y aceitunas en las mesas. Pero, ahora mismo, todos nos inclinamos para escuchar el brindis de Papá.
Sonríe con orgullo a cada uno de sus hijos, a sus parejas, a su hermana, a su sobrino y a todos los nietos que completan nuestra familia, y a mi madre, el amor de su vida.
—Has hecho realidad todos mis sueños —le dice—. Cincuenta años, medio siglo, y mira la vida que hemos construido.
—La major vida —asiente mi madre, con los ojos llenos de lágrimas.
A mi lado, Joe busca la mano de Svetlana. Ella entrelaza sus dedos con los suyos y rodea con el otro brazo a Jake.
Pablo y Martina se mecen con Jorge y Nico entre ellos.
Nuestra familia se reúne, llena de respeto, admiración y amor infinito.
—La mayor de las aventuras —continua Papá—. No querría vivirla con nadie más que contigo. Y teneros a todos aquí, acompañándonos en el viaje…
Hace una pausa y nos mira uno a uno.
—Hace que cada momento merezca aún más la pena. Gracias por darnos a vuestra madre y a mí la familia que un día soñamos en nuestra oraciones.
—Feliz aniversario, Papá y Mamá —brinda Alejandra, levantando la copa.
—Feliz aniversario —repetimos todos.
Callie hace sonar su copa con la mía. Está acurrucada bajo mi brazo y ya no quiero soltarla jamás.
—Algún día, esto seremos nosotros —murmura, como hablándose a sí misma.
Le beso la coronilla.
—Algún día, seremos nosotros —le prometo.
Y sé, en lo más profundo de mi ser, que es verdad.
Este día, con esta mujer a mi lado y el future abierto ante nosotros, es mi ultimo touchdown.
El más importante de todos.