Epílogo 2 Las puertas al Paraíso
—Nunca pensé que nos vetarían de Coney Island —Natalie caminaba como una niña pequeña con un gran elefante rosa y Rachel estaba hipnotizada por toda la comida de los puestos; por fin había visto la verdad, nada superaba a los hot dogs de Nueva York y menos la gastronomía británica.
—Deja de hacerle señas al guardia, Gabriel —la hechicera sujetó mi brazo y yo de manera instintiva me hice a un lado; su contacto aún se sentía como una traición, tanto de mi parte a Donna —aunque la lither me había terminado— como de la hechicera a mí por fingir que todo el daño que me hicieron ella y Natalie no ocurrió.
—Que se joda él, y los llorones de los puestos —me quité la mascarilla y grité para que me escucharan—.
Todos sabemos que los juegos están arreglados, nos pudimos llevar todos los elefantes si se me hubiera antojado, regresaré al rato y quemaré todo el lugar; cuando vean unas enormes alas sobre sus malditas cabezas será mejor que corran.
—Gabriel ya, conseguiste mi elefante, de todos modos aún no sé cómo me lo voy a llevar a Londres —Natalie comentó mientras abrazaba al peluche.
—Bueno supongo que sigue ir a Joe´s, extraño la pizza —tenía claro el listado de cosas que debía comer antes de regresar a Londres.
—No más comida Gabriel. Creo que deberíamos de ir a casa de tus padres o la de los de Natalie.
—A la de sus padres —Natalie y yo dijimos al unísono señalándonos.
—Te conseguí un elefante Sayenko.
—Saqué a una desconocida, toda vomitada de tu departamento y recogí su lencería barata y tu casa está a quince minutos de aquí.
—No sé si Charles esté vivo o pueda regresar, tú y tu hermana están vivas, ¿quieren hacerme pasar por más en estos momentos? —Natalie respiró y subió los ojos.
—Vamos a Manhattan entonces.
—Pediré el Uber, en la vida vuelvo a usar el metro aquí.
Rachel sacó su celular con una mezcla de asco y miedo, solo porque vio una rata peleando contra un vago, cuyo brazo roto usaba como macana para golpear a la rata, por quien viviría en una caja en el andén.
Me fastidió sobremanera que el chofer exigiera que me fuera atrás por normas de sanidad, sentía aún más claustrofóbico el auto con la mampara acrílica que usaban todos los vehículos.
Cuando sentí que el hombro de Natalie se pegó a mí, opté por abrir la ventana, sacar el brazo y darle más espacio a la Lither.
El jet lag me hacía quedarme dormido en cada traslado, así que, después de soñar con recibir la mordida de Donna esta vez desperté en Gramercy Park.
Claro que la familia de Natalie tenía que vivir en un lugar así.
El Uber nos dejó frente a un impecable townhouse de arquitectura neogótica, una estructura de cuatro pisos de ladrillo rojo oscuro con marcos de ventanas en un blanco hueso perfecto.
Era un oasis contra el ruido de Midtown, con la elegancia que los turistas le quitan a Central Park; el epítome de la exclusividad que un puesto diplomático podía costear.
Al cruzar la pesada puerta de roble, el poco ruido de la calle fue reemplazado por el zumbido gélido del aire acondicionado central.
El suelo era de mármol pulido en blanco y negro, como un tablero de ajedrez donde yo me sentía la pieza más sucia y fuera de lugar.
Una lámpara de araña de cristal colgaba de un techo de doble altura, devolviendo reflejos fragmentados de mi rostro cansado.
Natalie dejó el elefante en una banca de la estancia.
—Ya llegué —anunció la lither cuando sus padres salieron corriendo de la cocina; el hombre que parecía una versión masculina de Natalie —cabello rojo ondulado, ojos verdes con un bigote con un cuidado perfecto y enroscado de las puntas— nos vio a Rachel y a mí como piezas extras de lo que estaría a punto de pasar; la señora, que difería en su totalidad de ambos, tenía una cabellera cana y lisa, sus ojos azules se veían conmovidos ante la presencia de la Lither—.
Alto ahí —Natalie puso distancia entre ellos, la tensión iba a comenzar.
—Bienvenida Zanahoria —su padre recobró la postura tras frenar en seco.
—Perdiste el derecho de decirme así cuando me ocultaste mi facción —Natalie no sonaba molesta, parecía que estaba a punto de continuar con un discurso que había practicado una y otra vez en su cabeza.
—Natalie, nos equivocamos, cuando Ángela desapareció supimos que los carismas no habían frenado su despertar, debimos haberte hablado del mundo oculto, pero estábamos tan comprometidos con esta vida de tranquilidad, sin ser perseguidos o vistos como posibles infractores que de ningún modo pudimos —la desesperación controlada del discurso de la señora Sayenko me hizo comprender los prejuicios que ellos vivieron.
—A los meses de que llegamos a Nueva York ocurrió el ataque a las torres, imagina el estigma que para nosotros fue, que los Lithers fueron catalogados como enemigos de toda una nación la cual ya no se sentía a salvo.
Perdí mi empleo, los vecinos que teníamos de las facciones nos dejaron de hablar hasta el punto de ser hostiles, después de todo éramos nuevos y las noticias ocultas todos los días hablaban de problemas en el aeropuerto, arrestos y bajas de miembros de nuestra facción.
Cuando decidimos regresar a Rumania, el gobierno oculto lanzó una convocatoria por parte de la secretaría de relaciones exteriores; nos prepararían para tomar puestos públicos a las familias que decidieran ocultarse de forma completa bajo el velo de los carismas.
Inicié como agregado diplomático, ministro consejero en la ONU después de secretarías y tener el respaldo del parlamento y el decreto presidencial, pude entregar mis cartas credenciales en la Casa Blanca; de ser un desempleado y segregado por las demás facciones del mundo oculto pasé al máximo representante del estado Rumano en el extranjero.
—¿Qué tiene que ver tu carrera en esto papá? —Natalie estaba buscando apoyo en mí, pero yo simplemente estaba plantado en la puerta.
—Que todo se lo debo al mundo no oculto y a los carismas, me permitieron tomar un rol donde podía mediar con problemas de toda índole para ayudar Natalie. Nuestra familia ya no era vista como delincuentes, los Sayenko teníamos voz y éramos libres.
—Ocultando nuestra naturaleza.
—Sí, pero creciste en un hogar con dos papás hija —la madre de Natalie se acercó con cautela a la lither, Rachel se puso a lado de ella en señal de respaldo—.
Íbamos en las mañanas al parque privado y jugábamos hasta que era hora de ir por Ángela a la escuela, después estuviste en los mejores colegios sin restricciones.
Sin que yo tuviera que trabajar dos o tres turnos para traer dinero a la casa tratando de sobrevivir, porque le habían aplicado la primer sentencia a tu padre y nunca lo podríamos encontrar.
—El mundo oculto no era seguro para una familia de Lithers Natalie —el papá de la pelirroja concluyó su relato.
—¿Entonces por qué las clases de latín, las artes marciales, las sesiones de tiro? Parecía que nos estaban preparando para ser infractoras.
—Las artes marciales y el tiro fue lo que ustedes escogieron, después de ver tantas películas juntos de Van Damme, Schwarzenegger y Stallone ¿no lo recuerdas?
Yo quería llevarlas a ballet o repostería, supongo que las mujeres Sayenko son más rudas y aguerridas de lo que soy yo —vi como el señor se perdía en los recuerdos de su familia con lágrimas en los ojos.
—Respecto al latín es la madre de todas las lenguas modernas, si comprendían las bases, tal vez no se les haría tan raro que fueran descifrando todos los demás idiomas.
Cuando vimos que tenías tantos problemas con el latín, pensamos que los carismas estaban funcionando a la perfección.
Eras muy malita en lenguas,hija —con un tono de disculpa la señora subió las cejas y apretó la boca tras la crítica a Natalie.
—¿Era? Stric-Trux en lugar de Strictum —Natalie me miró avergonzada después de mi comentario.
—¿Zanahoria a quién electrocutaste? —El papá de Natalie, tratando de contener una risa mientras el ambiente se relajaba, me analizó cuando levanté la mano—. ¿Ustedes también son Lithers muchachos?
—Es verdad casi lo olvido, él es Gabriel y ella es Rachel; Rachel viene de la casa Evans de Liverpool, es una familia de hechiceras y Gabriel...
—Yo soy de los Hunters de Nueva York de toda la vida.
—¿Es una casa de brujos? —la madre de Natalie preguntó.
—No señora, arqueólogos humanos, bueno al menos mis padres, yo soy el recipiente de un dragón, mi pequeño hermano es un nigromante buscado por ser el responsable de los ataques a las ciudades fantasma y mi hermano mayor es el Helson de la rama principal que pronto será el líder supremo.
—¿Todos eran humanos?
—Así es, Gabriel y su hermanos fueron de forma inevitable arrastrados al mundo oculto, de hecho él y yo tuvimos que descubrir poco a poco siglos de información de las facciones.
Prácticamente Rachel ha sido la única con mayor contexto del mundo oculto, pero bueno será mejor que ya nos retiremos —la voz de Natalie tembló—.
Solo quería venir a verlos y escuchar su versión.
—Quédense a cenar al menos —el padre de Natalie pidió a su hija.
—Aún no puedo papá, tuve que pasar mucho dolor y confusión que me pudieron ahorrar ustedes siendo honestos.
Escuchen comprendo su postura, eran tiempos difíciles para ser lither y el mundo no oculto les dio todo lo que necesitaban para salir adelante.
Aun así, tenían la responsabilidad de hablarnos de nuestro origen.
Era muy extraño que ambos fueran huérfanos y que no tuviéramos más familia.
Y más cosas que ahora cobran sentido si los veo como refugiados.
Solo denme tiempo ¿sí? En verdad los amo —Natalie comenzó a llorar y Rachel la abrazó.
—El tiempo que nos pidas Zanahoria, tal vez podamos reunirnos en día de gracias.
—Traeré a Ángela y a Claude —reí al pensar que la pesadilla de día de gracias que había previsto Natalie sería algo que de forma activa la lither promovería en un par de meses—. Dice Angie que Claude es el mejor en el golf, creo que le puedes dar una lección papá.
—Supongo que tendré que conocer al tal Claude.—El señor retorció su bigote.
—¿Podemos? —La señora Sayenko abrió los brazos y Natalie corrió a abrazarlos, esperaba que con el tiempo volvieran a ser una familia.
—Por cierto hay una arte oscura que no puedo hacer, la estoy pronunciando correctamente y entiendo a qué se refiere, pero de ningún modo puedo conjurarla.
—¿Cuál es cariño? —su madre secó una lágrima de la mejilla de la pelirroja.
—Via Divina —los padres de la lither se tensaron.
—Esa es una plegaria Natalie, no es un arte oscura.
Representa el lado opuesto de la intención que requieres para lograrla.
Las plegarias han estado, si bien no prohibidas, limitadas y relegadas, así como los milagros.
Con la posibilidad de que el choque entre Inferno y Paraíso ocurra en Terra, debemos mantener a los ángeles al margen; si las artes oscuras, los atentados y los portales con ejércitos de plagas son una vía e invitación para que Inferno se haga presente en Terra, las plegarias y los milagros les permitirán a los ángeles también llegar.
—Por eso se canoniza a las personas que realizaron milagros en vida, se les nombra santos, hay organizaciones eclesiásticas que buscan cada vez con más ímpetu la presencia de Paraíso en Terra, con la idea de que son los guardianes cargados de gracia que nos salvarán.
Pero si los ángeles llegan, el cronometrio del fin del mundo, al menos de como lo conocemos, correrá para precipitarse a cero con el sonido de cuernos y trompetas —la señora concluyó sin dejar de aferrarse a la lither, como si leyera la última página de un cuento de su facción a Natalie.
—¿Qué pasa si un Arcángel ya estuvo en tierra y fue vencido? —pregunté pensando en Uriel.
—Significa que las condiciones para que Paraíso regrese se han cumplido y pronto tendremos que elegir entre la extinción pacífica o morir luchando.
Antes de marcharme, les pedí a Natalie y Rachel que se quedaran a cenar con los Sayenko; les expliqué que su presencia me seguía alterando y que no quería ser grosero, pero me causaba conflicto no poder saber si me decían la verdad o me mentían.
El hecho de que me acompañaran a todos lados era un recordatorio de que había perdido a Donna y no sabía cómo lidiar con ello.
Ellas me dijeron que no me dejarían solo, pero que tratarían de no incomodar.
Mientras mi necesidad de querer al menos estar bien con dos personas, después de todo el coraje, el miedo y la tristeza que sentía, luchaba contra la verdad; no sabía cuánto tiempo tardaría en perdonarlas, todo había cambiado para siempre entre nosotros y los tres le hicimos un daño terrible a Donna, que no sé si podría arreglar.
Ambas me acompañaron a Brooklyn; cuando llegamos a DUMBO, respiré de forma profunda para cruzar al número cincuenta y cinco de Water Street.