El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Epílogo 1 La vergüenza en el espejo
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Epílogo 1 La vergüenza en el espejo

—Cierra la maldita cortina —ordené, mientras vi la silueta de Rachel en la ventana—. ¿Quién diablos les permitió entrar?

—Oye, la fiesta terminó, largo de aquí —Natalie sujetaba a una chica que apestaba a alcohol y perfume barato fuera del cuarto, evitándome el fastidio de fingir que recordaba su nombre y que no contaba los segundos para librarme de ella.

—Esto no puede continuar de este modo, Gabriel —Rachel pateó algunas botellas vacías en el suelo; Der Höllenprinzen Jägermeister había hecho una aparición especial en The Elf, nuestro club nocturno de confianza, la noche anterior y la anterior a esa, y creo que todas desde hace un mes.

—¿Qué más da? Perdí a mi bebé, mi hermanito me odia, mi novia es una Helson que prefirió ir a Inferno antes de seguir sintiendo mi rechazo, junto con mi otro hermano al cual le apliqué la "segunda" y si de alguna manera logra escapar espero llegue a aniquilarme.

—Faltan dos semanas para que inicien las clases y tenemos que ir a Nueva York antes de eso —Natalie me puso en pie y me llevó a la bañera.

—Estás loca, yo no tengo nada que hacer en Nueva York y tampoco en la escuela —espeté tratando de aferrarme a ella; aún seguía bajo los efectos absolutos del alcohol.

—Tu vida de mujeres, alcohol y este departamento dependen de que sigas estudiando, de lo contrario Flo está en toda disposición para cortarte los fondos y correrte de aquí y ya sé que eso no te importa.

Pero si te importan tus padres, llevan un mes sin saber el paradero de Charles, te necesitan —Rachel me quitó de la cabeza el sostén de la tipa de anoche que había usado para cubrirme del sol como antifaz y abrió las llaves para preparar el baño.

—¿Y qué les voy a decir? Descuida ma, Chuck está por ahí a donde sea que la...

—Via Divina —completó Natalie, sin poder activar el arte oscura que usó Drake.

—Que la Via Divina lo mandó. Pero tranquila, está acompañado de una semielfa de doce años, ella lo protegerá del mayor terrorista de la historia, que por cierto era tu estudiante de postgrado.

—No, Gabriel, les tienes que decir que no tienen que enfrentar la pérdida de su hijo menor como les pasó con el mayor y que el de en medio no es el maldito desastre que apesta a vómito, licor y a chica de una noche que nosotras vemos.

—Ni siquiera deberían de estar aquí. Por favor váyanse, necesito estar solo, me doy asco y pena de solo verme —admití tratando de saber dónde había dejado mis calzoncillos la noche anterior.

Dentro de la bañera, el agua caliente me hacía sentir que me ahogaba en la cera de Levi, me tapé los oídos para no escuchar a Rivera, y a pesar de que el shampoo me irritaba los ojos cuando Rachel hacía espuma en mi cabeza, no los cerraba para no ver a mi escuadrón convertidos en sombras ni a Donna convertida en vampiro.

Por eso trataba de llevar a alguien siempre a casa, tal vez no me escribía "te amo" en la espalda, pero hacía que la cama no se sintiera vacía.

Desde que mi mente se había convertido en mi peor enemigo trataba de no estar sobrio.

También mi insistencia de alejar a Natalie y a Rachel, para que no fueran testigos de aquello en lo que me había convertido.

El olor a tocino me despertó, maldito dolor de cabeza, necesitaba un trago urgente. Rachel veía las noticias a mi lado, me dedicó una sonrisa triste. Natalie llegó con nosotros a la sala con el desayuno en varios platos.

—¿Por qué la mesa está tapando la entrada de uno de los cuartos de arriba, Gabriel? —la lither preguntó apuntando hacia el espacio vacío del comedor.

—Está clausurado, nadie tiene permiso de entrar ahí, ¿entendieron? —rugí.

La mayoría de mi ropa y pertenencias estaban distribuidas en las otras dos habitaciones, la sala y la cocina, haciendo que no necesitara entrar al cuarto en el que dormía con Donna.

—Ay, Gabriel, come un poco y duérmete, pasado mañana nos vamos —Natalie acarició mi rostro cuando las lágrimas regresaron, pero me quité, no quería que me tocara.

—No quiero ir a ningún maldito lado —me acosté sintiéndome como un niño berrinchudo, mientras Rachel me daba trozos de tocino con huevo y papa rallada.

—Lo sé, pero tarde o temprano tendrás que enfrentar a tus padres, además tenemos que aprovechar que todo el mundo está tratando de reactivar la economía, sin un segundo brote a la vista, podremos viajar sin problemas —Natalie se había sentado con nosotros en el bracero del sofá.

Después de desayunar estuve en un estado de dormitar y despertar alarmado, solo para regresar a intentar dormir después de beber algunos sorbos de agua; me estaban desintoxicando.

La mañana siguiente nos subimos a un Uber, las chicas llevaban sus maletas y una mía, no presté atención al camino hasta que llegamos a Aethelgard Hall.

—Qué diablos hacemos aquí, yo no debo pisar Aethelgard Hall —no quería enfrentar a la familia de mi hermano después de la estupidez que le había hecho, no podía verlos a los ojos.

—Vamos Gabriel, es la última parada antes de irnos, todo estará bien —Natalie comentó como si yo fuera su paciente y estuviera a punto de tomar una amarga medicina.

—Gabriel —Ceci corrió y me abrazó cuando entramos—. Lamento mucho lo de la bebé y lo que le pasó a Donna —su rostro seguía siendo una máscara que reflejaba mi propio estado de ánimo, tal vez ese era el poder de Ceci, empatizar con las personas.

—Hola Ceci —traté de corresponder su abrazo, pero sentía que los brazos me pesaban—. Lo lamento mucho, Zane...

—Zane estará bien. No me hace del todo feliz que pase un periodo con Bee, pero alguien le tiene que ayudar a Donna a traer a salvo a Fred, ¿no crees? —sentí un pinchazo en el corazón.

—¿Donna fue a buscar a Romano? —pregunté sin comprender cómo sabían del paradero y estado de ambos.

—Es lo que dice Claude, él y Zane han estado en contacto por medio de sus walkie talkies de mejores amigos.

—La marca de vigor es más que un walkie talkie, Cecilia.

No somos niños jugando en el patio trasero, estamos vigilando el equilibrio de las dimensiones —Claude apareció en la sala con Ángela, mientras Ceci contenía la risa por la solemnidad con la que el vampiro habló—.

¿Cómo estás, lagartijo? ¿Cuántos de los doce pasos llevas?

—¿Ángela, qué haces aquí? —la hermana de Natalie lucía radiante. Su cabello estaba un poco más largo, ya no tenía ese tinte color sangre que la hacía ver temible e incluso sus pecas la hacían ver un poco más joven, nunca se había parecido más a Natalie.

—Hola Gabriel, justo le comentaba a Claude que con lo que pasó con los hermanos Romano, fui enviada para ayudarlo con los nuevos chicos que llegarán.

No solo se les debe de dar techo, educación y comida.

Necesitan que estén bajo el cuidado de personas capacitadas que puedan identificar situaciones de riesgo.

—Y yo le decía a la dulce Ángela que agradezco su interés pero que ya no aceptaré más chicos, el refugio “Walker para jóvenes y prodigiosos artículos” cerró de forma oficial.

—Todos merecemos una segunda oportunidad para hacer lo correcto, Claude —la lither tomó de la mano al vampiro quien lucía derrotado—. En cuanto supe lo ocurrido pedí que me asignaran a Aethelgard Hall, alguien tiene que cuidar de ti también.

—Angie —la voz de Claude se convirtió en un susurro bochornoso, me hizo querer sacar a todo el mundo y darles privacidad—. Lo prudente será que discutamos esto en el despacho, ¿te puedo ofrecer té, querida? —el vampiro, haciendo uso de su educación impecable, guió a Ángela por el corredor.

—Extrañaba estar en casa —la lither pidió al vampiro ser escoltada del brazo antes de perderse entre los pasillos.

—¿Tú sabías de esto? —pregunté a Natalie quien estaba conmovida con la escena.

—Algo así, no había entrenamiento con Claude en el que no preguntara por cosas de la infancia de Ángela y ella desde que le conté que vivía aquí, dejó de usar el correo y me hacía videollamadas, siempre lucía arreglada y perfecta con blusas de escote esperando que por casualidad Claude la viera hablando conmigo, la muy zorra, me sentía un poco usada, pero está bien, aún se aman.

—¿Dónde está Flo?

La lither estuvo todo el mes cuidándome.

Su amor rudo era implacable: me metía en agua congelada después de llegar en mal estado, se aparecía en el departamento con maletas y decía que era mi esposa y que había regresado de viaje, corriendo a gritos a mis invitadas.

Incluso una vez se voló la barda con una pobre chica, ya que no la corrió, simplemente esperó a que se despertara y le puso en el espejo del baño “bienvenida al mundo del sida” mientras yo dormía.

Flo lidiaba a su manera con lo que había ocurrido, pero también me había abrazado mientras lloraba hasta que me quedaba dormido y me preparó todos los días rajas con pollo sin culparme o hacerme sentir peor.

—Está... en Inferno —Ceci dudó dos segundos antes de completar la frase—. Dijo que desde que apareció Uriel, escucha el sonido de arpas que le piden información de nosotros, con la promesa de que encontrará redención en el reino de los cielos.

—¿Eso es posible? —pregunté sin comprender con exactitud lo que estaba pasando.

—Eso solo significa una cosa —Rachel miró a Natalie y como si ambas supieran qué estaba pasando—. Lucifer terminó de redimir sus pecados y escapó de purgatorio —el cuento lither que la hechicera nos contó en octubre de las tres versiones de Lucifer se estaba cumpliendo.

—Dijo que ella no sería una marioneta de Lucifer, de los ángeles ni de nadie, abrió un portal Quaerere y se extraditó a Elfegor para buscar a Zane.

—Entonces tal vez no deberíamos dejarte sola Ceci y menos en tu estado —Natalie tomó asiento al lado de Cecilia.

—Descuiden todo está bien, Claude, Declan y Hal están detrás de mí todo el tiempo, apenas y me dejan ir al baño sola, además por la vía técnica ya hay dos Helson, yo estaré fuera de esta guerra hasta que nazca lo que sea que lleve adentro —Ceci se tocó el vientre, sentí dolor pero no podía estar más feliz por ella.

—¿Para cuándo está estimado que nacerá? —Rachel le dedicó la más tierna de las miradas a Ceci.

—Entre el veinticuatro de marzo y el seis de abril del próximo año, aun así creo que aún puedo darte tu merecido un par de meses más en el tenis —ambas rieron.

—Será mejor que solo juguemos bádminton —la hechicera la tomó de la mano.

Salimos de Aethelgard Hall rumbo al aeropuerto.

Natalie y Rachel iban a mi lado como si fueran mis escoltas, las chicas no hablaban mucho, solo se limitaban a ahorrarme las interacciones con las demás personas.

La verdad no quería hablar y tenía un extraño sentimiento de enojo y tristeza con ellas.

Como si me hubiera despertado de un sueño en el que ellas se enojaban conmigo y ahora trataban de convencerme de que nada había sido real.

De cualquier manera ya me había subido al avión.

Mis padres habían regresado a casa y yo después de un año volvería a Nueva York, sintiendo que nada en mí era de forma remota similar al chico que dejó su ciudad para irse a Londres a estudiar.