El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 38 Verdades a medias #2
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Capítulo 38 Verdades a medias #2

Abrí los ojos y estaba caminando de la mano de Annie, disfrutando la tarde en el río Artemisa.

Su panza estaba enorme; pronto llegaría el bebé.

El cristal que llevaba colgado del cuello era el mismo del libro que Charles llevaba a todos lados en las fotos de los reportes del cuartel.

Lo toqué y sentí cómo reaccionaba, mostrándome imágenes del inicio: los dragones caían del cielo destruyendo edificios, construcciones y autos, así como las plagas que habían quedado en Terra.

Liberaban enormes gatos como Ceniza, los cuales corrían libremente, jugando y alimentándose de todo.

Cuando el calor era insoportable y no había nada más que quemar, los dragones llamaban a sus mascotas y se retiraban antes de que las "Grandes Lluvias", como le llamaban, lo inundaran todo.

Pasaba el tiempo. Los dragones, ya viejos, sobrevolaban con su descendencia las aguas y podían ver cómo la vida se había restaurado.

Cuando el cielo les llamaba a descansar, los dragones frenaban su descendencia y se escondían en cuevas para recibir el abrazo de la muerte ahora que su misión había terminado.

Aun así, un huevo no fue destruido y, a pesar de todo pronóstico, se abrió camino así como la vida en Terra, que comenzaba a desbordar las aguas para continuar poblando.

Solté el cristal y regresé a Coverfield. Annie me hacía un mohín.

—Tienes que dejar de obsesionarte por el pasado, Intrenoor —Annie me jaló de la oreja y continuamos paseando.

—Y tú deberías ser un poco más alta —dije por lo mucho que me tenía que agachar mientras ella trataba de arrancarme el lóbulo con cada paso.

—No te salí en una rifa, Dragón. Tú me elegiste —sonrió y me dio un beso en la mejilla.

—Técnicamente, un día apareciste por el tejado y me preguntaste que cuánto tiempo íbamos a hacer esperar a tus hermanas antes de que pudieran casarse.

—Lo sé, fue una cita muy romántica.

—Supongo que sí.

—La pregunta que me ha estado atormentando todo este tiempo es si en verdad hubiera dejado de estudiar los cristales y me hubiera centrado solo en mi familia, ¿hubiera disfrutado más esta tranquila vida estando con ellos?

¿O simplemente hubiera sentido que pude haber hecho más y no estaríamos intentando salvar tu mundo juntos, Gabriel?

Ya regresa, viejo amigo. Te estás anclando una vez más a tu dimensión.

Sentí el olor a vainilla y abrí los ojos de golpe. De manera instintiva retiré la mano de Rachel; el corazón de Intrenoor se apagó de su dedo.

—Perdón, pensé que había llegado el momento y necesitarías el anillo —Rachel retrocedió.

—¿Dónde están Donna y Zane? ¿Cuánto tiempo pasó? —Natalie estaba recargada en la pared frente a la cama, acariciando a Ceniza.

—No han regresado. Ya pasaron dos días.

Salí corriendo, sintiéndome aún débil y mareado, teniendo que sujetarme de las paredes y del barandal para bajar.

—En cuanto tomen la decisión de regresar lo sabré y te lo diré. Ahora vuelve a dormir, necesitas recuperarte —Sora estaba viendo hacia el jardín.

Florencia me tomó del brazo y me ayudó a subir a mi cuarto.

—No permitan que salga de la cama, de acuerdo —los ojos tristes de Florencia me llenaron de consternación. Algo estaba mal—. De todos modos, tienen mucho que hablar ustedes tres.

La lither me arropó y besó mi frente, saliendo en silencio de la habitación.

—Gabriel, respecto a todos estos meses... —Rachel, apenas haciendo espacio entre cada palabra, se puso en pie de la silla al lado de la cama.

—Me siento aún cansado y débil. ¿Me pueden dejar a solas? —no necesitaba esto. Lo único que quería era saber si Donna y la bebé estaban a salvo.

—No podemos dejarte solo, pero si lo prefieres, estaremos en silencio —Natalie miró a la hechicera, quien le reclamaba con la mirada.

—No volveré a escapar, de acuerdo. Además, lucen terrible; deberían irse a dormir —me tapé hasta la cabeza y traté de aislarme lo más posible—. ¡Ceniza! —activé el guante para que mi gata entrara a la armadura; no la quería cerca de ninguna.

—¿Estás muy molesto, verdad? —preguntó Rachel. Maldita sea, no me dejarían intentar dormir.

—¿Y qué esperan? —mandé al demonio las sábanas y las cobijas con los pies, mientras una punzada en el tobillo me recordó la fractura que me hizo Drake—.

No pueden alejarse de mí sin razón, ignorarme cada vez que intento solucionar las cosas, pedirles a los chicos que me dejaran de hablar, avanzar con sus vidas como si lo que hubiéramos vivido no fuera nada, salir con un idiota traidor...

—me dirigí a Natalie—. Ni siquiera decir hola cuando viajé a Liverpool para verte —luego a Rachel—.

Y ser unas verdaderas malditas con la persona que me ayudó a superar mi soledad, sin que esté molesto con ustedes.

Pensé que el golpe de gracia había sido cuando creí que por fin las podía dejar libres y desearles lo mejor; entonces ustedes comenzaron a hacer todo para que las odiara.

Pero no, resultó que aún guardaban un secreto: todo fue un plan para salvarme de Drake.

—Nunca fui novia de Romano —comentó Natalie con cautela—. Solo estaba conmigo en el momento equivocado y te volvías loco con la idea.

—Y yo les tuve que pedir a mis hermanas que me amarraran y amordazaran para no verte cuando apareciste en casa de mis padres —admitió Rachel, un tanto avergonzada.

—No comprenden que eso ya no importa. Ahora estoy con Donna, yo en verdad la amo y tendremos una hija —comenté fuera de mis cabales, sintiendo cómo las cicatrices que habían dejado Natalie y Rachel se abrían en un sentimiento extraño.

Sentía que les había sido infiel por no haber defendido nuestro hogar en ruinas, y mi enojo era una falta de respeto a su sacrificio.

—La culpa es de Donna. Le advertimos con tiempo; ella sabía que tarde o temprano, cuando te libraras de Drake, regresaríamos por ti —Natalie apretó sus puños mientras el rojo se hizo presente.

—A eso te referías con "no falta mucho" —dije mirando a la hechicera mientras todas las interacciones horribles cobaban sentido.

También me sentí molesto con Donna por ocultarme la verdad. Ella fue la primera en romper nuestro pacto de siempre ser honestos y, al final de cuentas, yo terminé lidiando de frente con la verdad después de todos sus "confía en mí".

—¿Comprenden la presión injusta que pusieron en ella?

Donna y yo estábamos iniciando algo bueno cuando mis ex la amenazaron con que todo era un juego y regresarían a buscarme.

Todo este tiempo la pusieron en una situación imposible.

La dejaron decidir entre ocultarme cosas o decírmelo todo y quedar ella como la mala que prefirió nuestra relación por encima de mi bienestar.

—¡Queríamos evitarle el dolor que sería nuestro regreso! —Rachel gritó perdiendo la compostura.

—Rachel Evans, deja de mentirme. Querían marcar su territorio ante alguien que percibieron como una amenaza.

Desde el inicio vieron en Donna el peligro de alguien que se podía interponer entre nosotros y me lo hicieron saber cuando se sentó con ustedes en esa mesa.

Y tenían razón —respondí con la misma intensidad que la hechicera, cortando su falso intento de ver por el bien de Donna.

—Gabriel, nada ha cambiado. Ya no estás bajo el dominio de Drake, podemos regresar a estar juntos —Natalie baja la voz para que ambos nos tranquilizáramos.

—Tal vez sea verdad; algo en Donna siempre me hizo quererla lo más lejos posible de ti.

Pero Natalie tiene razón, todo sigue igual entre nosotros.

Sabíamos que era arriesgado y que alguien más podría llegar, pero algún día resarciremos todo lo horrible que te hicimos pasar, amor.

Confiamos en nuestro príncipe dragón —la frase de Rachel ardió en mi pecho.

—No hay "príncipe dragón", Rachel. Nunca lo hubo.

Solo eran ustedes poniéndome una capa dorada y estándares inalcanzables mientras los nervios se me hacían trizas tratando de siempre salvar a todos.

¿Y saben qué? Al final de cuentas no se puede.

Terminas solo en la oscuridad machacando a tus compañeros de armas, tratando de salvar únicamente a la persona que en verdad amas.

Además, están en un error: todo cambió. Lo que para ustedes fue la mejor actuación de su vida, para mí fue una amputación en vivo —dije, y mi voz sonó con tal frialdad que incluso Ceniza se tensó bajo la armadura—.

Les tuve que pedir a los recuerdos de ambas que me permitieran concentrarme un poco para que no me asesinaran en las misiones, porque no las sacaba de mi cabeza. Todo fue real para mí.

—¿Qué vas a hacer entonces? —Natalie se sujetó del dosel de la cama.

—Para variar, lo correcto. Antes de que nazca la bebé me casaré con Donna y les pediré a ambas que no hagan esto más difícil.

Rachel sujetó a la Lither, quien comenzó a llorar, y la dirigió a la puerta.

—¿Saben lo peor? El pacto nunca me importó.

Estaba tranquilo y agradecido de que la única certeza que tenía en esta vida era que no se cumpliría lo que más temía.

Yo estaba dispuesto a morir, regresar de Inferno y prepararme para la guerra con tal de saber que ustedes iban a estar a salvo.

No las estaba rescatando a ustedes; me estaba protegiendo a mí de perderlas.

Si algo me las arrebataba, yo no sabría qué hacer.

Pero ustedes se encargaron de cumplir mi mayor temor.

En aquel desierto estaba aterrado, exhausto y herido, pero con la esperanza de que, si nos manteníamos unidos, podíamos arreglar las cosas. Ustedes me arrebataron esa esperanza.

La puerta se cerró detrás de la cabellera de la rubia y de la pelirroja.