El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 36 El rito #2
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Capítulo 36 El rito #2

Pasando un minuto después de las doce, nos pudimos relajar; la maldición no había atacado.

Estas semanas hicimos guardia cuando Zane dormía, incluso Ceci desde su alcoba lo cuidaba.

Después de unas cuatro o cinco horas, mi hermano despertaba de nuevo como vampiro.

Por la mañana Zane regresaba a ser humano y, después de desayunar, les dábamos privacidad.

Pero el viaje concluiría hoy; Zane ya no tenía por qué transformarse de nuevo.

Para esta hora Donna ya había regresado a dormir.

Antes de retirarme, mi hermano se acercó a mí.

—Gracias por esto —dijo viendo hacia el acantilado—. Quise posponer el viaje para que Cat nos acompañara, pero no sé cómo ni cuándo podemos estar juntos de nuevo, estoy tan preocupado por ella.

—Debe de estar bien si se encuentra con mamá, ella la debe de estar protegiendo —pensé en mi madre y la gentil manera en la que siempre procuraba el bienestar de todos a su alrededor.

—Eso espero, no sé cuánto más podamos estar así, sin hacer nada. Sé que todo el tiempo estás ahí afuera defendiendo las ciudades fantasma de Drake, pero ¿aún no logro entender por qué él te pondría en esa posición?

—Siento que soy simplemente un muñeco de acción al que Drake le pone monstruos que vencer. No tiene sentido, fue idea de él que entrara al Grupo de los Cien. Y más de una vez hemos detenido sus planes.

—Ese sujeto es tan retorcido que no comprendo la mitad de las cosas que hace.

—¿Cuándo hablaremos de Charles? —Zane y yo no habíamos tocado el tema desde que le informé que ya lo estaban buscando para aplicarle la tercera sentencia.

—¿Qué es lo que quieres que hablemos de él? —un suspiro de cansancio salió de mi hermano, que no tenía nada que ver con su estado físico.

—Lo van a...

—No le van a hacer nada, Gabriel. Si Drake no lo mata y alguna organización como el Grupo de los Cien lo captura, harán tanto escándalo para hacerle saber a los miembros de las facciones que sí están trabajando, que cuando lo quieran sentenciar yo iré y lo sacaré de donde lo tengan.

—Serías un renegado, te cazarían como infractor a ti también.

Si lográbamos poner en pie de nuevo el cuartel, no sé si soportaría ver los afiches de mis dos hermanos en las pantallas todas las mañanas.

—A estas alturas pocas personas en Terra pueden ponerme un alto, chaparro.

Sé que no es lo que quieres escuchar, pero para asegurar el bien de todos ustedes, desmantelaría las organizaciones necesarias y articularía nuevas, además los Helson tenemos una reputación cuestionable que arrastra el nombre —Zane admitted cayendo en cuenta de algo que hasta el momento no había notado—.

Los gobiernos siempre operan con este estandarte del «bien de la mayoría» y por alguna razón, los gobernantes siempre se encuentran en ese grupo de personas que saldrán beneficiadas, aunque su narrativa es de sacrificio y abnegación.

Mi trabajo es lograr el equilibrio, la vida del terrorista más peligroso por la salvación del que puede ser redimido.

Un bien por un mal. No es algo perfecto, simplemente es lo que es.

—Suenas a un villano, Zane.

—Podría ser una buena forma de describir a un Supremo Líder.

Después de todo este tiempo sospechando de Zane y sus intenciones, una parte de mí, la que había estado luchando entre la sangre y el lodo buscando desesperadamente que las cosas cambiaran, anhelaba un puño de hierro que pusiera orden, alguien cuyo sacrificio y actos de buena fe nos dieran esperanza a todos.

Pero que ese poder recayera en mi hermano me preocupaba.

—Todos los días lidio con virtudes y pecados, incluso cuando creo que ya dominé estas malditas cosas y las siento seguras, algo pasa y me descontrolo y después recobro la postura y puedo ver como un amigo a aquel que juré que iba a matar, lo viste con Levi.

Tal vez mi eternidad será una lucha interna que refleja la dualidad que todos tenemos en realidad.

—No es lo que me gustaría para ustedes, Ceci y el futuro bebé merecen vivir en paz.

—Te lo agradezco. Tu deseo en verdad es algo muy bello. Pero en ninguna parte del rito nos comprometimos a buscar la paz, solo el equilibrio de las dimensiones.

Quedaban algunas horas para que amaneciera y no pude dormir, pronto tendríamos que hacer maletas para regresar a casa junto con todo el ajetreo que implicaba viajar y aun así me quedé hasta que los primeros rayos del sol bañaron la cabaña.

Como un reloj, Donna corrió al baño presa del mareo matutino.

Me puse en pie para abrir las ventanas y que el cuarto se ventilara; el aire fresco eliminaría el olor a perfume, limpiador o cualquier cosa que la pudiera afectar.

Cuando Donna escupió el enjuague bucal, ya le tenía listas las galletas saladas que tenía que comer y la botella de agua para hidratarla.

—Después de esto odiaré estas malditas galletas —mi novia se recostó en la pila de almohadas que le había puesto para que el reflujo no la atacara de nuevo.

—Son pequeños sorbos, Donna, vas a regresar todo si no lo haces despacio —le pedí a la lither al ver cómo empinaba la botella.

—No seas tan mandón, Gabe. ¿Buscaste en internet qué tenías que hacer? —Donna rio cruzando las piernas y viendo hacia el techo.

—Solo quiero estar preparado para cualquier cosa que puedan necesitar.

—Así que serás esa clase de papá.

—¿Qué clase? —pregunté pensando en arquetipos de padres histéricos e inexpertos que hacen un alboroto por todo.

—El mejor que pude elegir para cuidarnos —Donna se acercó para besarme—. Mala idea, aún no terminaba —de nuevo la lither salió corriendo al baño.

Una discusión se escuchaba afuera. Al inicio pensé en hacer caso omiso y mejor cerrar las ventanas hasta que escuché que era Sora y Ceci. Busqué mis tenis y salí.

—Entiende que no se trata de ti, heredera, no todo gira alrededor de tu agenda social. Esto es muy serio.

—Sora, Azu, quien demonios seas, por las próximas seis horas sigo rentando este lugar y tal vez en casa de Claude no te lo diga, pero aquí tengo todo el derecho de decirlo. Lárgate de una vez —Cecilia encaró a Sora, antes de que llegara la vidente a la casa principal.

—Cecilia Helson, el gobierno de Modeo les solicita a los Helson a cargo que resguarden a su princesa, para ello exijo entrevistarme con Zane Helson —nunca había escuchado hablar a Sora con formalidad diplomática y mucho menos referirse a ella misma como princesa.

—Como Helson a cargo puedes entrevistarte conmigo.

—Perfecto, entonces me imagino que tú pelearás con él —el cielo se tiñó de rojo y por unos segundos se oscureció; al menos no era otro maldito portal abierto, pero una figura apareció como si hubiera salido del propio sol, dividiendo el horizonte entre el cielo y el mar.

El sonido de las olas se detuvo, incluso las ráfagas del viento cesaban, como si la presencia del desconocido menguara las fuerzas de la naturaleza.

Desde la distancia se veía un hombre con cuatro alas, el brillo dorado en sus manos era la silueta de un arco que disparó una flecha de luz con la que partió el sonido.

Apenas y pude detenerla con Fang, en forma de mandoble. La vibración posterior al golpe hizo que las manos se me entumecieran, sentí cómo el calor de la punta de la flecha me cortó y cauterizó al instante, pero lo importante era que Sora y Ceci estaban bien.

—Por eso nunca tendrás novia, Uriel, siempre serás solo un mensajero —soltó Sora de golpe.

—Azu, solo tengo una indicación: llevarte con Miguel para la boda, tú decides en qué condiciones —la melodiosa voz de Uriel se extendía como una sonata que calmaba mi adrenalina de manera antinatural, sintiendo como si la presión se me bajara de golpe.

—¿Qué está pasando, Gabe? —Donna salió de la cabaña corriendo, poniéndose su sandalia faltante.

—No estoy seguro, pero creo que deberían buscar a Zane de inmediato —la presencia de Uriel era confusa, me llenaba de armonía pero era más que evidente que por el daño que me había inflido se trataba de una amenaza.

—Uriel es un arcángel, es hermano de Miguel —reveló Sora.

Analizándola a detalle le pude ver un montón de heridas que se le estaban sanando como la mía; lucía cansada—.

Lleva persiguiéndome desde ayer. Tuve que participar en una estúpida pelea y al usar mi éter me detectó —pensé en todo este tiempo en el que Sora se quedaba de pie esperando a que Zane o yo intercediéramos por ella, sin hacer ninguna clase de esfuerzo por ponerse a salvo.

Evitaba ser detectada. Por eso en enero no me esquivó y por eso solo pudo quedarse de pie cuando Levi apareció.

—Te pido una disculpa, Portador del Inicio, esa flecha no era para ti —antes de que pudiera siquiera notarlo el arcángel se encontraba a mi lado, tocó mi brazo y el ardor desapareció de inmediato—. Azu, es hora de irnos por favor.

—Uriel, no pretendo irme de Terra, no puedo regresar a Inferno aún y tampoco pretendo casarme con tu hermano —el arcángel sonrió mientras sus ojos se fundían en el fulgor del oro.

—Yo siempre he pensado que no eres digna; el hecho de que una de los marcados sea propuesta para engendrar la nueva generación de los hevenson me parece repulsiva.

Más tratándose de la encarnación de la lujuria —la manera despectiva con la que se dirigió a Sora me hizo enfurecer y aún más que cada una de sus palabras hacían que me sintiera aletargado, como si estuviera preparado para tomar una siesta.

Uriel no caminó, fue desplazado en un movimiento que esta vez pude observar a la perfección, pareciendo como si el planeta se hubiera movido para dejar a Sora al lado de él.

Corrí hacia el arcángel, pero este solo me detuvo con una mano, como alguien que cierra una puerta.

Cuando atrapó a Sora de la muñeca, ataqué con Fang sujetándolo con ambas manos y con una simple caricia en mi mejilla hizo que me frenara.

Ante la cercanía de Uriel, Donna corrió para protegerme.