Capítulo 34 Las dos columnas #3
—Usa tus ojos de lagartija —mi hermano caminó dos pasos hacia mí y me abrazó. Me quedé congelado tratando de frenar cualquier represalia por parte de Fang, pero nada ocurrió. Cuando Zane se separó de mí, la mirada de rastreo solo me mostró sombras azules.
—Zane, eres humano —dije sintiendo que los vellos de la nuca se me erizaban.
—No exactamente, aún no lo domino —admitió avergonzado.
—¿Qué demonios está pasando? —no podía dar crédito al estado de mi hermano.
—Es por «Admiración», la nueva marca —Zane levantó su camisa mostrando el mismo tatuaje verde que vi en la pierna de Levi—.
Lo descubrí el otro día tratando de resolver el problema por el que necesitamos tu ayuda.
Aún requiere que use toneladas de éter y después me deja fuera de combate por horas.
Puedo tomar las cualidades de los miembros de las facciones y humanos con solo verlos a los ojos.
—Espera, Levi no hacía eso —en verdad esto de los Príncipes de Inferno era un terrible dolor de cabeza.
—Así es. He descubierto que no es lo mismo la marca en su modo de pecado —Zane me mostró su brazo derecho— que cuando el pecado está redimido y la virtud aparece.
Por eso puedo curar a Claude con «Vigor», y por eso puedo canalizar el éter con «Soberanía» para distribuirlo en lugar de solo devorarlo.
Al inicio no lo comprendí, pero Levi tenía la misma función de diplomático en Terra que yo en Inferno, antes de caer de la gracia, claro —mi hermano en verdad estaba a un paso de autollamarse «el eclesiástico Zane».
Si seguía hablando de la nueva interpretación de la teología, haría su propia Biblia, comenzaría a usar túnicas ridículas y tendría un séquito de creyentes detrás de él por todos lados profesando la religión rara con todo lo que sabía de Paraíso e Inferno—.
Levi tenía la capacidad de entablar lazos con las demás facciones mucho antes de los carismas, cuando las facciones eran jóvenes y la humanidad solo era un proyecto, o al menos así me lo contó.
—¿Entonces puedes convertirte en dragón? —pregunté imaginando a mi hermano con su versión de Fang.
—Supongo que podría, pero tú eres humano, chaparro —los ojos de Zane tomaron un tono verde que me aterró al verse como la luz del faro de Levi—. Sip, no hay cambio: sigo siendo humano.
—Entonces si ves a Drake funcionaría.
—Sería lo más lógico, solo que él también es lither; no sé exactamente qué ocurriría. Pero no puedo usar esto para pelear; el costo es muy alto, terminaría petrificado.
—¿Bueno, entonces para qué me necesitas?
—De hecho, Gabriel, esa parte me gustaría contártela yo —Ceci tomó asiento al lado de mí y me sujetó de la mano—.
Los Helson no solo tenemos que lidiar con la realeza de Inferno.
Nosotros tenemos un legado que pasar a la siguiente generación.
Llevo poco más de seis meses siendo humana, pero la situación global y la aparición de más y más Príncipes de Inferno me hacen saber que pronto tendré que regresar a ser vampiro.
Desafortunadamente, aún no sabemos exactamente cómo hacerle para que tenga todas las cualidades originales de la rama principal de los Helson, ya que el secreto murió con mis padres.
Si Zane simplemente me transformara, sería parte de su corte, estaría ligada a él y de alguna manera le debería obediencia...
tal vez no como un vasallo —Ceci pensó dos veces antes de pronunciar la palabra, como si de una grosería se tratara—.
Pero no estaría en igualdad de circunstancias.
—De acuerdo, no sé mucho de vampiros —admití, sabiendo que esa parte de mi guía aún tenía grandes huecos de información, más allá de que eran superfuertes, rápidos y hacían trampa en los videojuegos.
—Los Helson son la rama principal de los vampiros; su origen se remonta a la creación de los elfos, incluso antes del despertar de Mía, la madre de todos los lithers, Gabe —Donna recitó rápidamente, como algo que debió de escuchar desde pequeña en una familia abiertamente miembro del mundo oculto.
—Exacto. Aun así, queremos aprovechar el tiempo en el que yo sea humana para continuar con nuestro legado.
—Espera... ¿tienes el poder de conectar con todas las facciones, hacerles saber que eres un líder que los entiende, que tienes la capacidad de protegerlos para evitar el resentimiento y la segregación, y me dices que lo primero que harás es tener relaciones con Ceci?
Eres increíble, Zane —tal vez yo no era el único con un miembro inquieto en la familia.
—No, idiota, no solo es tener relaciones. Como vampiro yo no puedo... —Ceci sacó su celular y comenzó a fotografiarlo, estando rojo como tomate—. ¿Qué haces?
—Perdón, sé que no es el momento, pero luces tan lindo sonrojado y, si no le mando evidencia a Flo en este momento, me odiará —dijo Ceci con un tono de ligereza rompiendo el momento.
—Claro, como eres vampiro no puedes tener erecciones. Ya sabes: si no tienes sangre pues simplemente no se puede.
—¡¿Qué?! ¡Gabriel, cuando eras pequeño te tuve que explicar cómo funcionaba el pene de los hombres, no lo haré ahora que estás grande con el de los vampiros, de acuerdo!
—mi hermano estaba llegando a niveles radiactivos de rojo—.
Pero los vampiros sí podemos, días y noches enteras si así lo deseamos.
No nos cansamos y no dormimos. ¡Maldición, ¿cómo llegamos a esto?
! —Zane bajó la cabeza cubriéndose el rostro y negando.
Verlo ahí, tratando de explicarme la mecánica de un cuerpo suspendido en el tiempo y cómo la mayoría de sus secreciones fueron sustituidas por veneno —como el aceite que recorría una máquina que podría durar para siempre—, me transportó a cuando yo tenía doce años y él, con la misma cara de fastidio y superioridad, me explicó por qué me despertaba con dolor en la entrepierna.
En la misma época que me descubrió sumergiendo su Game Boy en agua porque lo había manchado de Nutella cuando en repetidas ocasiones me dijo que no comiera mientras lo usaba.
Y después de todo este tiempo, no veía al vampiro o al Líder Supremo, solo al mismo niño que, con ejemplos que yo comprendiera, me explicaba el mundo mientras nos peleábamos y jugábamos juntos.
—¿En verdad quieres hacerme recordar la bonita estadía de Bee y tus actividades para hacerla sentir bienvenida en la mansión de mis padres, Zane Helson? —el apretón de Ceci hacía que mi mano se pusiera morada—. ¿O peor aún, en nuestro departamento con Azu?
—No, no quiere —dije irguiéndome, tratando de liberar mi mano antes de que Ceci me rompiera los dedos con su enojo por la promiscuidad de Zane.
—Con Azu nunca pasó nada, solo un beso y fue porque pensé que se moría. Además, ¿no se supone que solo seríamos amigos y que invalidaste el término «novia» para todas por ser arcaico?
Ver a mi hermano en la cuerda floja, sorteando la furia por amar a Ceci, Sora y Bee, me resultaba de lo más entretenido. Era tranquilizante saber de alguien más que no fuera yo sufriendo por lo popular que era con las chicas.
—Si permites que Chel o Naty digan que «novia» es arcaico y lo pretenden invalidar, te juro que te mato dormido —Donna me fulminó con los ojos rojos y pronunció la frase por lo bajo, mientras le ofrecía una botella de agua a Ceci.
—Mejor vayamos al grano —pasé saliva ante la amenaza de mi novia y traté de reencauzar la conversación.
—En fin, Zane y yo necesitamos algunos días en los que él pueda ser completamente humano. Pero es tan aprensivo con todo el tema de los Príncipes de Inferno y con que en cualquier momento Clue pueda atacarnos, que solo se sintió cómodo con la idea si tú estás al pendiente de nosotros.
—Es una locura, pero está bien, acepto. Sería lindo tener un sobrinito o sobrinita —Ceci aplaudió dos veces mientras sonreía—. Espera, no creo que la mansión sea el mejor lugar —miré a Donna y los dos pensamos lo mismo: sería un infierno estar en Aethelgard Hall con Rachel y Natalie tanto tiempo.
—Descuida, yo estaba pensando que nuestra luna de miel fuera en un lugar diferente.
—¿Luna de miel?
—Sí, bueno, Azu nos casó cuando yo estaba petrificada para salvar Helcorp, pero la prensa de Nueva York espera que hagamos el evento del siglo y que les demos acceso total gracias a la gran boca de alguien que se volvió loco con el brillo de las cámaras y los micrófonos en su primera entrevista —Ceci fulminó a mi hermano, quien aún se estaba recuperando del tema pasado—.
Así que por el momento nos saltaremos todo el estrés de organizar algo así y nos iremos todos de vacaciones.
La palabra «todos» retumbó en mi cabeza cuando, unos días después, estaba arriba de un enorme jet privado rumbo a las islas Azores, Portugal, viendo en el lujoso avión a los chicos de la mansión y lo más alejadas posibles a una cabeza rubia y otra pelirroja, mientras agradecía el espacio y seguridad que me daba la mesita con las bebidas y los aperitivos, ya que Donna me miraba desde el sillón de enfrente sin ninguna expresión, aunque por preocupación no dormí en todo el camino.