Capítulo 33 La capa rasgada #4
Zane se apartó de él, no sin antes estrechar su mano.
Mi hermano salió de la cabaña lentamente mientras un pequeño portal aparecía en el techo.
Instintivamente sujeté a Donna para protegerla cuando cadenas ardiendo aprisionaron al Príncipe de Inferno de pies y manos.
Levi se retorcía de dolor y gritaba, hasta que en su pierna comenzó a brillar la marca que compartía con Zane, la cual consistía en un par de alas plumosas que se abrían hacia los lados, abrazadas desde la base por dos ramas de olivo que se cruzaban en un nudo perfecto.
Cuando el tatuaje se encendió, apagó las cadenas convirtiéndolas en oro sólido.
Los grilletes se extendieron en los brazos y piernas de Levi hasta formar un peto brillante y una capa dorada.
Levi rasgó su manto y un trozo del vestido de Claudia; con ella se vendó los ojos.
Ambas prendas se entrelazaron formando una corona de espinas, impidiéndole que sus ojos se regeneraran de nuevo, como él lo deseó.
Su cabello comenzó a brillar como lo hacían sus ojos en una bioluminiscencia marina, y de un tirón el Príncipe de Atán subió por el portal desapareciendo.
Caminé guiando a Donna fuera de la cabaña, completamente confundido por todo lo que ocurrió; en definitiva, el único que debía lidiar con estos fenómenos era el raro de mi hermano.
Yo estaba mejor en las calles peleando contra necróticos y monstruos; todo el tema de Inferno parecía un increíble dolor de cabeza.
Zane canalizó éter de la marca que tenía en el pecho y con un chasquido creó una llama.
La arrojó a la cabaña y esta se prendió en segundos con toda la cera con la que Levi la había imbuido.
Nos quedamos en la plataforma con el vampiro hasta que toda la madera se consumió y el Mar del Norte se llevó los restos físicos de ambos amantes.
Llegamos a la costa y había una mezcla de sentimientos encontrados.
Flo salió corriendo para abrazarnos; Declan y Hal discutían algo respecto a cuántas veces tendrían que pasar de nuevo por esto.
Natalie, Rachel y Claude platicaban animados respecto a algo que no le di importancia, ya que el luto y la tristeza se hicieron presentes en los menos de cuarenta souldiers que quedaban de toda la organización.
Si bien detener el ataque de un Príncipe de Inferno y sobre todo de Levi era un hecho histórico para el Grupo de los Cien, también habíamos perdido nuestro centro de operaciones: todos los registros y conocimiento del mundo oculto almacenados en sus servidores, así como las incontables vidas de valientes mujeres y hombres que fueron eliminados.
—Tal vez no sea el momento, pero Patito y Mavis vencieron a un Príncipe de Inferno —dijo Lindström tratando de romper un poco la solemnidad de nuestra pérdida—. ¿No deberíamos ir a un bar y tomar hasta perder la consciencia?
—También es su cumpleaños diecisiete —Donna me tomó de la cintura y con dificultad se asomó por mi hombro.
—Razón de más para festejar —Petrov me sujetó de la cabeza con una mano de basquetbolista y me comenzó a sacudir, animando a mi escuadrón y a reclutas con los que me solía topar en los entrenamientos.
—No creo que sea el momento, muchachos —comenté tratando de encontrar el orden en el caos que había para evitar un regaño.
—Si sobrevivir a un ataque de Inferno y tener un año más de vida después de todo a lo que te has enfrentado en este tiempo no es razón suficiente para festejar, ¿qué lo será, muchacho?
—O´Reilly, separando cada palabra con formalidad marcial, preguntó—.
Tendrán licencia en lo que me pongo mi estúpido traje más costoso y comienzo a pedir dinero para reconstruir todo.
Además, a partir de ahora tendremos que reestructurar al grupo.
No tendrán vacaciones en un buen rato, disfruten...
Vámonos, Mujtar; si estaré besando traseros de políticos para recaudar dinero, necesito que alguien me esté limpiando constantemente la boca.
O´Reilly y los souldiers mayores se marcharon mientras nosotros nos poníamos de acuerdo para festejar.
—¿Ustedes no irán? —pregunté cuando el grupo de mi hermano se comenzó a alejar.
—Lo mejor será que le avise a Ceci que estamos bien. Además, ya sabes que el alcohol y los vampiros no funcionamos. Pero feliz cumpleaños, chaparro.
—Además, estoy casi segura que yo reactivé la maldición que nos acecha por hacer el estúpido pastel —Florencia se despidió de mí mientras Declan y Hal le reprochaban, a pesar de lo ridículo que sonaba la idea de una especie de embrujo que les impedía festejar—.
Por cierto, Zane ya me autorizó darte tu regalo; después hablamos.
—Feliz cumpleaños, Gabriel —Natalie, sin mirarme, pasó al lado de mí tratando de alcanzar al grupo de mi hermano.
—No falta mucho, Donna —aunque la hechicera se dirigió a Donna, clavó en mí su mirada fría, que a estas alturas competía con la de su madre. La lither buscó mi mano de manera instintiva mientras veíamos a Rachel y Natalie alejarse hasta perderse.