Capítulo 33 La capa rasgada #2
Zane cayó en picada, concentrando su éter para formar unas enormes garras que fueron rompiendo la madera y las cuerdas de la estructura que era Levi, dejando tallada la cera.
Sin embargo, entre más lo recorría, más disparos le iban impactando a quemarropa.
El Príncipe de Inferno era el tanque perfecto: en cuanto una parte de él se rompía, sus cañones se centraban en el objetivo.
A pesar de que su avance era lento, buscaba contacto con el agua, era la cosa más letal en Terra.
Cuando la marea subiera cubriéndolo, el Mar del Norte explotaría hasta el Canal de la Mancha con nosotros.
Un evento que alteraría a los miembros de las facciones para saber que sus gobiernos ya no estaban haciendo nada por garantizar su seguridad.
Los minutos se esfumaban mientras intentábamos de todo.
Zane usaba sus marcas y todo su poder para acceder al éter del Príncipe de Inferno, pero estaba tan profundamente resguardado y distribuido a lo largo de toneladas de recubrimientos que Zane no podía penetrar con su marca del brazo lo suficientemente profundo para que la del abdomen lo drenara.
Tampoco nos podíamos acercar a su cabeza porque en la punta solo había un faro que emitía la misma luz que los ojos de Levi.
Si la «Singularidad de Leviatán» nos afectaba de nuevo, podríamos quedar fuera de combate y Drake aprovecharía para matar a Zane.
La marea comenzó a subir. Rachel y Flo se encontraban arriba del gólem para escapar del agua, mientras Natalie y Claude, como cazas de combate, acosaban a Drake, quien comenzaba a lucir molesto.
Tres unidades del Grupo de los Cien salieron de los portales comandados por el Agente Jack y la Agente Mujtar, quien parecía recuperada después de largos meses en el hospital.
—¿Hunter, cuál es la situación? Que Dios tenga piedad de nosotros —O´Reilly se quedó pasmado viendo la inmensidad que era Levi.
—Señor, solo aléjense de los disparos; que los brujos y los lithers contengan las balas. Los peleadores cuerpo a cuerpo que ayuden a capturar a Drake y, si pueden evitar que la marea toque el cuerpo de Levi, nos darán tiempo para pensar cómo deshacernos del Príncipe de Inferno.
—Cuenta con ello, hijo. Ya lo oyeron, gente: todos los que puedan contener los disparos serán los escudos.
Mujtar, coordina a las elementalistas para contener la mayor cantidad de agua posible lejos de este bicho.
Los vampiros, lobos y todo el que pueda seguirme el ritmo, conmigo: es hora de ir por Drake.
Romano, ayude en todo lo posible a Hunter con su escuadrón; es hora de demostrar que sus patitos ya no son del todo inútiles.
—¡Sí, señor! —sentí un vuelco en el corazón al ver a Donna salir entre la multitud—.
¡Abba, Bubba, artes oscuras para mantener flotando a Jordans y a Chernovil!
Ustedes dos harán marca personal al vampiro, a la pelirroja, a la rubia y a la lither arriba del gólem.
¡Bulbbul, comienza a hacer un foso alrededor del monstruo; necesitamos un perímetro para que no siga subiendo la marea!
Si los demás equipos fallan, tendrás que evitar que el agua se mezcle con la de la costa de Inglaterra o todo explotará.
—¿Tú qué harás, Mavis? —preguntó Patel a mi novia.
—¿No es obvio? Iré con Pato para vencer al tipo grande. Penna Caelestis.
Un estruendoso «cuack» por parte de mi escuadrón resonó cuando Donna dio media vuelta y enormes plumas blancas salieron de la espalda de la lither, haciéndola ver como el más virtuoso de los ángeles.
Los chicos corrieron a sus posiciones. Era más que evidente que Donna los quería lo más lejos posible de Levi, pero lo importante es que fueran a apoyar a los escuadrones restantes que tenían más experiencia, no que simplemente se sacrificaran ante una amenaza a la que no podían hacerle frente.
—Perdóname, no sé en qué estaba pensando.
Es más que obvio que solo estabas haciendo tu deber, soy una estúpida y celosa; nada en ti me ha indicado que quieres regresar con ellas —Donna llegó a mi lado tratando de mantener el vuelo.
Lucía extremadamente cansada; su uniforme estaba chamuscado y olía a sangre y vísceras.
—Eso ya no importa. Debí priorizar tu tranquilidad y pedirte que me acompañaras. Dime si estás bien, ¿qué ocurrió? —la sujeté cuando su arte oscura se desvaneció por el esfuerzo que le implicaba flotar.
—Charles destruyó el cuartel; ya no existe la Biblioteca de Alejandría. Oficialmente su ficha de búsqueda dice «Tercera Sentencia» —sentí un vuelco en el estómago; mi pequeño hermano, de manera oficial, encabezaba el top de terrorismo mundial.
—¿Por qué estás aquí entonces? Deberías de estar en casa reposando —abracé a la lither tratando de corroborar que estuviera completa.
—Somos lo último que queda del Grupo de los Cien, teníamos que venir a ayudar —la tristeza se apoderó de Donna, haciendo que cada palabra le resultara más complicada de pronunciar—. Petersen y los técnicos se sacrificaron para una última extracción cuando nos reportaron la transformación de Levi.
—¿Y los demás reclutas?
—Ya todos estaban muertos cuando llegué. Perdimos, Gabe; no pudimos hacer nada —el horror en los ojos de Donna me hizo ver que tal vez Charles ya no tenía manera de regresar a ser el niño que conocí, y nuestras próximas misiones se reducirían a darle caza activamente.
—Diluvium Divinum —Drake se alzó a los cielos fuera del alcance del arte oscura de Florencia.
Se veía tan diminuto que apenas sus alas sobresalían de la silueta que cubría la luna, mientras un cielo torrencial la eclipsaba con nubes negras cargadas de relámpagos.
La precipitación era una caída colosal, como si todos nos hubiéramos parado debajo de una cascada.
El nivel del agua comenzó a subir tanto y tan rápido que el gólem de Rachel, que superaba los veinte metros, comenzaba a desaparecer.
A su vez, la temperatura comenzó a ascender, haciendo que el olor a cera se hiciera presente.
—¡Todos, huyan! —grité mientras Zane y yo sobrevolábamos entre los escuadrones, Hal, Flo, Claude, Rachel y Natalie—.
¡Todos los que puedan enfriar la cera, háganlo; no explotará si está sólida!
¡Los que sean rápidos y los que puedan volar, lleven a las unidades más lentas, salgan de aquí y aléjense de la costa; esto estallará en cualquier momento!
Vi que mi escuadrón se unió en una especie de trineo improvisado con restos de madera de Levi, tirado por Petrov y Nguyen, mientras Patel, Lindström y Abara, arriba de ellos, enfriaban la cera formando un camino.
Por fin los chicos estaban usando su entorno e improvisando soluciones sin mi supervisión.
Claude llevaba a Rachel y a Natalie a cuestas mientras ellas gritaban algo que no alcancé a escuchar; siempre se encontraban discutiendo.
—Zane, no encuentro nada que nos pueda ser útil y su maldito faro casi me detecta varias veces cuando llegué a la cabeza; me gustaría poder encandilar al maldito para que vea lo que se siente —Declan gritó corriendo por el cuerpo de Levi mientras escapaba de los disparos.
—Está bien, Frankenweenie, es hora de escapar. Llévate a Hal y a Flo; deben de estar hechos trizas.
—¿Tengan cuidado, de acuerdo? —el lobo explotó en un borrón gris a cuatro patas, recogió a la lither y al brujo y en segundos ya iba detrás de los escuadrones.
—Tú también deberías de poner a salvo a Donna, chaparro —Zane comentó dándome la espalda mientras un tremendo rayo iluminaba el cielo haciéndolo ver atemorizante; parecía que estábamos a punto de encarar el fin del mundo.
—No me despegaré de Gabriel y él no te dejará solo. Así que pensemos qué hacer antes de que sea tarde —Donna se aferró a mí.
De pronto, Levi comenzó a generar un chirrido estruendoso sacudiendo el agua.
El Líder Supremo se derrumbó haciendo que cera nos salpicara a más de cincuenta metros de altura, generando un tsunami que hizo desaparecer a nuestros amigos.
Sin embargo, vimos cómo un túnel de cera sólida seguía abriéndose paso entre las olas; los chicos seguían avanzando enfriando todo a su alrededor.
Pronto estarían a salvo. Levi se comenzó a mover a una velocidad extraordinaria agitándose; era como ver el tren bala salir de la estación.
Lo seguimos en una carrera sin llegada o salida; simplemente estaba descontrolado.
Cuando nos tratamos de acercar a él, cientos de manos como las que intentaron ahogarme en Diamond Beach aparecieron para atrapanos.
En ese momento sentí una ráfaga de fuego, como si un meteorito volara hacia nosotros: Ceniza estaba de regreso.
De seguro la banda, Ceci y Flora ya estaban en casa.
Mi gata derretía todo lo que nos trataba de atrapar, envolviéndonos en un aro de plasma azul, permitiéndonos aterrizar en la estructura que era Levi mientras las terribles velocidades que alcanzaba aumentaban.
Por eso no había manera de detenerlo. Y aun así, una idea ridícula llegó a mi cabeza.
—¿Qué fue lo que dijo Declan? —pregunté mientras nos sujetábamos a los mástiles rotos tratando de resguardarnos.
—Que el faro casi lo detecta —comentó Zane sin darle importancia.
—No, lo otro. Lo de encandilarlo. ¿Qué tal si hacemos que su propio faro lo «encandile»?
Esa cosa libera la «Singularidad de Leviatán», y Levi te dijo que no podría envidiar nada en Terra, ya que él lo había tenido todo con Claudia —en definitiva, esta mala costumbre de Zane de masticar planes a medias y esperar lo mejor era contagiosa.
—¿Quieres que se envidie a sí mismo? —mi hermano preguntó subiendo las cejas y torciendo la boca de un lado—. Es tan ridículo que no puedo esperar a aprobarlo —ambos miramos a Donna.
—En verdad están locos, pero supongo que puedo hacer un arte oscura que nos pueda ayudar.