Capítulo 33 La capa rasgada
A diferencia de las extracciones, que a estas alturas eran un viaje más que conocido para mí, este portal era violento, inestable y estaba cargado de una vertiginosidad que me hacía pensar que saldríamos escupidos en solo Dios sabe qué dimensión.
Florencia, Rachel y Natalie cayeron arriba de mí; la sensación de arena mojada y olor a marea baja, junto con el propio mareo causado por el portal, resultó en una náusea inmediata.
Pero lo que me dejó sin palabras fue aquella visión colosal.
No era solo una serpiente marina; era el sumidero de los océanos, la amalgama de siglos de naufragios de todo el globo y el receptáculo de cada barco que alguna vez se perdió en el abismo.
Ante mis ojos se extendía una estructura de más de un kilómetro de largo, un cadáver náutico hecho de restos de miles de fragatas, galeones y acorazados fundidos entre sí.
Su lomo era una costra de madera podrida y cuerdas de cáñamo descompuestas que se mecían inertes en la arena, alternando con placas de metal oxidado y hierro corroído por el salitre y el olvido.
A lo largo de su espina dorsal, cientos de mástiles rotos y vigas metálicas retorcidas sobresalían en ángulos antinaturales, pareciendo vértebras expuestas o costillas astilladas que desgarraban el cielo gris.
Desde donde me encontraba, la proa y la popa no llegaban a verse.
Y luego estaba la cera; no era una capa externa, era su propia carne.
Una sustancia espesa, derretida y blancuzca lo cubría todo, fusionando los barcos con la estructura demoníaca en una sola masa biomecánica.
Esta cera goteaba constantemente sobre la arena húmeda, como la saliva de una bestia que no conoce el fin, tratando poco a poco de abrirse paso.
La criatura ardía desde sus entrañas. En lo que alguna vez fueron las cubiertas y camarotes, miles de cirios de cera estaban encendidos, proyectando un fuego fatuo y violáceo que bañaba los restos de naufragio, cuyas sombras eran siluetas de personas arrastrándose y golpeando desde dentro los cristales circulares de las lumbreras, tratando de escapar.
Aquella iluminación interna hacía que Levi pareciera una catedral sumergida y derrumbada que emergía para cobrar venganza.
Sin embargo, lo más aterrador era su forma de moverse; de sus mástiles brotaba un velamen inmenso, pero esos lienzos no eran de tela, sino membranas de esa misma cera pálida y translúcida.
Esas velas de viento se inflaban con la brisa helada del Mar del Norte, luciendo como la piel estirada de un cadáver gigantesco que se negaba a hundirse.
El sonido que emitía era insoportable. No era un rugido animal, sino el estruendo de una sirena de niebla que resonaba desde las profundidades de su estructura de madera, hierro y cera.
Un lamento metálico y agónico que replicaba el mismo coro de almas perdidas que escuché cuando casi me ahógo; y aunque el ruido era abrumador, me tranquilizó no escuchar entre los lamentos la voz de Rivera.
Era el llanto de todos los que murieron en los océanos, un sonido que te drenaba la esperanza antes de que empezara cualquier pelea.
—¡Gabriel, feliz cumpleaños! Ya son diecisiete primaveras, ¿no?
Cómo pasa el tiempo. Por cierto, deberías de hacer algo con aquel chico enorme; le confesé que yo soy el responsable de que su esposa...
—Drake sacó la lengua y se pasó un dedo por el cuello— ...
y se volvió loco. Pero qué sorpresa, ¿quién nos acompaña al festejo?
Natalie, Rachel... me da gusto que por fin hicieran las paces con mi niño dorado.
En verdad estaba muy preocupado de que su relación no volviera a ser la misma, pero verlas tan cómodas con él me hace pensar que todo ya está bien, ¿correcto?
—¡Drake, pagarás por todo lo que has hecho! —Natalie se puso en pie y enfrentó al lither—. Pulsus Motus, Solidus Corpus. ¡Vamos, Rachel! —era más que obvia la influencia que Romano había tenido en el estilo de combate de Natalie.
—Ya no te tenemos miedo, Drake —la hechicera me miró, tocó la arena y sus sellos retumbaron haciéndola chapotear. Se comenzó a formar una boca gigante que amenuzaba con tragarse a Drake.
—Niñas, eso no vale, se supone que no las puedo tocar —Drake rio a carcajadas esquivando los ataques de Natalie—. Oye, estuvo cerca eso, ¿estuviste entrenando?
—Gabriel, Florencia y yo ayudaremos a las chicas, tú ve a detener a Levi; de todos modos no puedes pelear contra este imbécil —Claude apareció propinándole un golpe que le reconfiguró el rostro a Drake—. Flo, cariño, hagamos lo de Pinocho.
Florencia asintió:
—¡Microcosmos Mundi, Nexum Fixum... Mundus in Manu, Deus in Sideribus! —Florencia extendió sus manos, una en dirección a Claude y otra hacia Natalie; ambos se tensaron y salieron disparados hacia Drake, quien emprendió el vuelo luciendo su estúpida sonrisa de siempre.
—Está bien, me quedaré un poco para jugar.
—¡Gabriel, ve! —Rachel me gritó y corrió hacia la nuca del gólem más monstruoso que había creado y le clavó un cuarzo de los que curaba con mi polvo de dragón, haciendo que este se recubriera con mis escamas.
Un láser verde salió del cristal vinculándolo con otro que la hechicera se puso en la coronilla como si fuera una tiara de princesa.
La hechicera controlaba directamente al gólem.
A pesar de mi preocupación, era verdad: no podía hacer nada por ellos.
A lo lejos vi cómo el helicóptero de la banda escapaba del lugar.
Salí volando para escoltarlos y asegurarme de que nada les pudiera hacer daño.
Tyler, Johnny, Sam, Ceci y Flora estaban en la cabina y, cuando aparecí, brincaron asustados momentáneamente.
—Ceniza, cuídalos, cuando estén a salvo regresa conmigo, por favor —mi gata se quedó en el tren de aterrizaje, se acomodó y hundió su cabeza entre las patas para volver a dormir. Me despedí de los chicos y regresé a la pelea.
Levi era simplemente monstruoso; imponía terror a lo lejos, y por fin pude comprender que las fotos del cuarenta y cinco que mostraban a una enorme serpiente marina alzándose en contra del Grupo de los Cien solo eran una fotografía de la época a la distancia, la cual no captaba el verdadero horror que era de cerca.
Era la razón por la cual seguía siendo un tema tabú en la organización; después de todo, fue la más grande derrota ante una invasión a Terra.
Y fue cuando se descubrió que la escala de poder de los Príncipes de Inferno era algo de otro mundo, reduciendo nuestras sentencias a una medida insuficiente para detenerlos.
—¿Cómo te ayudo, Zane? —pregunté a mi hermano cuando lo encontré volando, esquivando los miles de proyectiles que lanzaba Levi por toda la superficie de su piel. Parecía como si cada poro albergara un cañón de guerra preparado para atacar detrás de las escamas que eran escotillas.
—Tenemos que hacer que gaste todo su éter de Inferno para que su transformación demoníaca termine.
Declan está buscando si tiene algún punto débil y Hal está conteniendo las balas, pero si no tengo acceso a algo que pueda morder, simplemente seguirá hasta que la marea suba, y si vuelve a convertir el agua en cera, explotará todo a su paso.
—¿Por eso elegiste Goodwin Sands? —pregunté al reconocer de inmediato el histórico lugar con más de dos mil naufragios registrados.
—Tenía que encontrar un lugar lo suficiente lejos de la civilización para que si algo pasara no hubiera problema, pero que pudiéramos llegar en cuestión de minutos desde la mansión.
Un lugar en el que pudieran dejar a Claudia para que se despidieran, pero también que el agua no fuera un problema al menos por un lapso corto.
Además, todo el Reino Unido tiene toneladas de agua subterránea si lo hacía en tierra firme.
Podría filtrarse y explotar todos los mantos acuíferos hasta las tuberías; la destrucción sería total.
—¿Cómo llegaste a esa conclusión?
—Fue idea de Levi. Él me explicó todos los pormenores de su transformación y lo que podía llegar a ser si su pecado lo consumía.
Cuando escapó de Inferno para buscar a Azu y que cumpliera su compromiso, ella hizo que se saliera de control; así lo debilitaron, lo extraditaron y, como la segunda falló, le aplicaron la primera sentencia, capturándolo junto con la vidente.
—Espera, ¿por qué Levi te diría tal cosa? —pregunté sin dar crédito a lo que mi hermano reveló.
—Porque así como nosotros le mostramos piedad para que se despidiera de su esposa y llevara su duelo en paz, él también lo hizo con nosotros —Zane citó mis palabras y sonrió—.
Además, el último mes la pasé encerrado con el sujeto; teníamos que hablar de algo.
Dijo que cuando muriera Claudia, él me cedería todo su éter y se iría a Inferno; después de su muerte ya no habría nada en Terra que pudiera llegar a envidiar, lo había tenido todo con ella.
Pero llegó ese idiota de Drake, lo provocó y se salió de control.
—Él aún está jugueteando por ahí con Claude, Flo, Natalie y Rachel. Tal vez es tu oportunidad de atraparlo mientras yo puedo ver qué hago contra Levi —insté a Zane para ponerle fin a todo de una vez.
—No, chaparro. Primero tengo que cumplir mi rol de Helson. Además, Neferrura no se encuentra con él; posiblemente si lo mato, debe de tener la orden de asesinar a mis padres, a Chuck y a Catherine.
—¿Intentarás salvarlos a toda costa, verdad?
—Es lo que un Líder Supremo haría.