Capítulo 28 La piel de elfo #3
—¡Yo no soy ningún tibio! Siempre la amé y fue la única mujer para mí.
Ella y yo tuvimos una vida increíble juntos, siempre apostó por mí y yo por ella.
Nunca dudé un solo día que estaba con la persona correcta; siempre me esforcé por ser el hombre que necesitaba que fuera.
Ella y yo pudimos vivir por siempre experimentando un amor que nunca podrás siquiera imaginar.
—Lo sé, y por eso te envidio —Zane apareció detrás del Príncipe de Inferno. Sus marcas brillaban descontroladas.
El fulgor de su brazo reclamó los ojos del líder supremo cuando mi hermano se los arrancó de un tajo. El vampiro comenzó a drenar toda la energía de Levi con sus colmillos, mientras una mueca maligna dominaba el rostro de Zane.
—Te dejaré con suficiente éter para que te despidas de tu esposa. Trataremos de salvarla. Pero tú te irás a Inferno.
—Pero te quité toda tu violencia, tus instintos asesinos... ¿cómo es posible? —todo en Levi palidecía mientras su éter desaparecía.
—Por eso no te ataqué. Simplemente el deseo me llevó hasta tus ojos y a tu repugnante, pastoso y seco éter —algo en la columna de Sora resplandeció del mismo color que la marca de mi hermano. Zane, en un momento de éxtasis y desdén, se sentó en la espalda del Príncipe de Inferno.
—Zane, es suficiente. Será mejor que nos vayamos de aquí —Sora tocó mi cabeza dos veces para que me pusiera en pie.
—Ya la oíste Levi, párate de una buena vez, ¿no? Perfecto, yo te ayudo —Zane levantó del cuello al líder supremo y lo arrastró sin una pizca de cuidado hacia nosotros. Sujetó a Sora de la cintura y le plantó un beso cargado de deseo—. Te extrañé, Patatas.
—No somos nosotros cuando esta maldita marca se activa. Apártate —Sora empujó al vampiro, molesta. Sujetó a su hermano con cuidado—. Vamos, Levi, veamos si hay noticias de Claudia.
Cuando la neblina púrpura nos envolvió, vi cómo lágrimas de cera se apilaban en el rostro del líder supremo, pero el terror que me infundía hacía que no parara de sentir pánico estando tan cerca de él.
Cuando regresamos a Aethelgard Hall, el olor a sangre y podrido saturaba el lugar.
Todo estaba destruido. La mansión, aún en pie, tenía alas enteras cubiertas de humo y paredes negras que se veían desde las ventanas.
El jardín, que hace unas horas era un idílico paraíso de perfección, comida y adornos, parecía un pantano de sangre y vísceras.
Ceniza corrió hacia mí; sus llamas me envolvieron hasta acoplarse a Fang.
Sentí cómo nos recargaba, haciendo que la curación de Fang funcionara con mayor presteza, hasta que solo quedó el dolor en el cuerpo que me duraría algunos días.
Salimos corriendo para buscar a los demás, pero no había nadie.
Activé la visión de rastreo y todas las esencias de miembros de facciones estaban en la mansión.
En el pasillo hacia la entrada, Hal estaba sentado, recargado en la pared con un brazo roto y la boca llena de sangre. A sus posibilidades estabilizaba a Declan con sus maldiciones, ya que el lobo tenía la mitad del cuerpo quemado; con dificultad respiraba y aullaba de dolor.
—Estamos bien, busca a los demás, hermano —comentó Hal, aunque no parecía que ninguno de los dos estuviera a salvo.
—¡Claude! —gritó mi hermano al ver en la zona de vehículos a Natalie y Rachel tratando de curar al vampiro, el cual había sido partido por la mitad.
—¡Zane, está muy grave, haz algo! —Rachel gritaba desesperada, temblando, mientras sus sellos trataban de contener el éter del vampiro que se extinguía. A su vez, Natalie hablaba con rapidez en latín intentando un montón de artes oscuras sin ningún resultado.
—Vamos, lagartijo, no me veo tan mal. Lo importante es que a las damas no les tocaron ni un pelo —caí de rodillas al lado del vampiro.
—Si te tengo que remendar cada vez que te parten el trasero, te comenzarán a llamar Sally —Zane tocó su pecho y la marca en forma de Z partida por un rayo liberó un montón de éter dorado.
—Es curioso, porque siento que disfrazarme de Jack me quedaría genial. Tal vez podría ir por la ciudad en diciembre repartiendo regalos de pesadilla como en la película —el vampiro rió con dificultad.
—¿Quién te dijo? —Zane, avergonzado, canalizó más éter para el vampiro.
—Todos me lo contaron, qué divertido —Claude cerró los ojos, aletargado—. Me hubiera encantado estar ahí con ustedes.
—Tal vez el próximo año, querido amigo —las lágrimas de Zane corrieron en silencio, sintiendo alivio mientras Claude se quedaba dormido.
Vi cómo su éter, que estaba a punto de desaparecer, se concentraba en una llama azul en su abdomen, mientras la mitad inferior de su cuerpo se unía a su torso de nuevo.
—Niñas, les ruego que protejan a Claude hasta que se recupere, ¿de acuerdo? —la lither y la hechicera asintieron en silencio, llorando desconsoladas.
—Zane, no encuentro a Cat por ningún lado. Creo que Drake se la llevó —Florencia se sujetaba del barandal de la entrada, temblando.
Estaba cubierta de heridas. Mientras sus ojos apenas y brilliaban en rojo, Zane corrió para sujetarla cuando su gemela perdió por completo el conocimiento.