El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 28 La piel de elfo #2
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Capítulo 28 La piel de elfo #2

Pero no había tiempo para sutilezas ni pausas; tenía que vencer a Levi antes de que toda mi energía se desvaneciera.

Caímos en picada. Las alas de Zane, si bien eran fuego puro, no rivalizaban con el calor que generaban las mías.

Aunque no tardamos en llegar, Levi ya estaba de pie, intacto.

Nos provocó estirando la mano y con dos dedos pidiendo que atacáramos.

Solo el estruendo de metal en mis guantes y los nudillos pétreos de Zane chocando contra el cuerpo de Levi acallaban el ruido de las olas rompiéndose en la arena.

Sentí cómo algo se me enredaba en el pie y me hundía entre el hueco del glaciar.

Traté de nadar, pero todo en mí se sentía pesado.

La temperatura extrema que debí sentir debajo del agua era una hirviente sensación en la que me sentía atrapado y solo podía seguir llegando al fondo.

En ese punto lo sentí: esto no era agua, tenía la textura de cera derretida.

Incluso vi cómo lo que me restringía eran un montón de manos hechas de esta sustancia y al fondo se hacía presente un coro fantasmal, como el sonido de millones de voces en pena; pero reconocí una en particular, era Rivera rogando por su vida.

La desesperación me abrumó; me hundía y no podía hacer nada para detenerme.

Si no hacía algo, mis pulmones cederían con la presión y pronto sería un barítono más en la colección de Levi.

—Las velas no se apagan porque la cera funciona como combustible haciendo que el pabilo dure más que en circunstancias normales. Ahora, ¿por qué la cera era tan peligrosa? —una lección del semestre pasado con Richard me vino a la mente para darme una idea—. Porque si se incendia, arrasa con todo.

No tenía que salir del mar de cera de Levi, simplemente consumirlo. Fang extendió al máximo las llamas verdes a nuestro alrededor. Salí de las profundidades detrás de la explosión termobárica que Richard nos quería enseñar aquella vez.

El fuego se extendió kilómetros a la redonda y comprendí por qué Levi era tan destructivo.

Viendo al fondo, noté cómo las manos que ahora estaban en llamas retrocedían entre gritos desesperados.

La crueldad de la naturaleza del Príncipe de Inferno hacía que llevara con él tantas almas que una y otra vez eran arrastradas a las profundidades del mal.

La capa de cera que quedó en la superficie hacía que todo el mar y el lago a nuestro alrededor siguiera en llamas.

El olor a quemado, los vapores pesados y el azufre de la zona volcánica que fue liberado por la explosión generaron que la lava comenzara a salir a la superficie. Era un infierno de hielo y fuego.

Mi hermano se encontraba en la playa con Levi de rodillas.

El rostro de Zane era una máscara plana que no se permitía mostrar expresión alguna.

Estaba sujetándolo de la cabeza para hundirlo en el suelo.

Cuando me acerqué, el vampiro, en un estado de desconexión, me arrebató la espada y comenzó a atacar con la empuñadura a Levi, convirtiendo su rostro en una mezcla de moretones y chichones reventados, mientras una sonrisa que escupía sangre resplandecía.

—Quisiera tener tu instinto asesino. Cuánta violencia. Qué increíble máscara llevas puesta todos los días, ¿para qué es? —los ojos de Levi brillaron, huecos e hipnóticos. Zane disminuyó la potencia de sus ataques y se quedó quieto.

—Tenemos que alejar a Zane de mi hermano, él tiene mucho que Levi pueda envidiar —Sora sujetó de las axilas al vampiro y puso distancia entre ambos.

—Ya vi para qué la usas. Es tu única defensa entre la persona que te gustaría ser y el monstruo que en realidad eres. Te acabas de convertir en el Helson más interesante de todos.

—Gabriel, evita verlo a los ojos. La “Singularidad de Leviatán” es un punto de vacío donde aquello que anhela mi hermano, al no poderlo tener, se pierde —el Príncipe de Inferno movía su cabeza como una serpiente en una danza donde yo obstruía el contacto de nuestras miradas con el mandoble, mientras a mis posibilidades trataba de esquivar sus golpes y patadas.

No era tan efectivo para protegerme, pero al menos no caía presa de su habilidad.

—Sora, aún te amo y claro que quiero ayudarte.

Pero no puedo confiar en ti ni en mí. Además, pronto buscaré la manera de continuar con el legado de los Helson con Ceci y aún tengo que ir con Bee.

No creo nunca ser aquel líder supremo que te dará la vida tranquila que tanto anhelas; temo que nuestro futuro feliz se perdió para siempre cuando apareció Baal, Patatas —Zane, aun tratando de recomponerse, olvidó la pelea para centrarse en Sora; incluso ya no se refería a ella como Azu.

—Tendremos oportunidad de hablar de esto después, precioso —mi hermano entreló sus dedos con la vidente, mientras disimulaban terriblemente mal el deseo que sentían el uno por el otro.

—Azu, el niño no estará siempre para protegerte. Regrésame con mi esposa —los golpes de Levi comenzaban a sobrepasar la defensa de las llamas verdes, además de que en este punto ya me sentía exhausto.

—¡Vamos, Zane, tienes que reaccionar! Gabriel te necesita —un último golpe del Príncipe de Inferno rompió el mandoble, haciendo que regresara a mi inventario. Sería cuestión de tiempo antes de que Levi me hiciera lo mismo que a Zane.

—Eres un estuche de monerías. ¿Qué será lo que envidio de ti? —retrocedí viendo al piso, tratando de evitar su mirada.

En el momento en que vi cómo su cabeza comenzaba a invadir mi campo visual, sentí un tirón en la columna, haciendo que terribles calambres me recorrieran todo el cuerpo. Fang liberó la cola y la enroscó en la cabeza de Levi.

—Me toca a mí. Fang, “Dama de Hierro Dragón” —ya no podía sostener la transformación; me desacoplé de la armadura.

Antes de que desapareciera por completo, Fang cubrió con ella a Levi en un capullo apretado por las alas impidiendo que se moviera.

Extendió las escamas de la parte interna de estas formando miles de estacas y apretó.

Cuando las alas se abrieron, sentí un terrible dolor mientras las escamas se desprendían de las alas rotas.

Canalicé una enorme bola de fuego y con esta encendí las estacas, implotando en el cuerpo del líder supremo.

El cuerpo maltrecho de Levi se convirtió en un ovillo fibroso que supuraba cera.

—Ya sé lo que envidio de ti —cuando la cera comenzó a hervir, se encendió una pequeña llama flotando por encima de ella.

Al apagarse, el cuerpo de Levi salió del charco y sus ojos me atraparon.

—Tu vigor, tu determinación por hacer lo necesario para proteger a los tuyos, tus ganas de siempre ganar y tu valor.

Perdí tanto tiempo queriendo salvar vidas jugando a ser un doctor humano...

turnos interminables, mala paga, pacientes que, cuando sacrificas todo de ti para curarlos, le agradecen a Dios.

¡A Dios! ¿Qué tiene que ver Padre en todo esto?

Ese sujeto solo nos creó, nos suspendió en una tortura eterna bajo sus órdenes y después nos arrojó a las llamas para desaparecer indiferente.

Si tan solo hubiera hecho caso a Claudia y no me hubiera encerrado en ese maldito hospital, seguiríamos juntos por años, ocultándonos bajo el velo de los carismas y la piel de elfo con la que me sentenciaron.

Cada ciertas décadas cambiábamos de ciudad, reprimiríamos la mayor parte de las cualidades de nuestra facción y éramos prácticamente humanos que no envejecían.

No necesitaba los recuerdos de mi vida anterior, no necesitaba saber quién en realidad soy, ni la miseria de gobernar en las llamas.

Yo solo quería a Claudia —cada reclamo de Levi venía acompañado de un golpe en mi pecho; cada queja me calaba en un impacto mortal en el rostro.

Ya no quería pelear, solo quería correr. Tenía tanto miedo.

—Por favor, detente, ya no puedo más —pensé con desesperación, sintiendo vergüenza y a la vez alivio.

Esperaba que solo quedándome tirado Levi se detuviera.

No entendí cómo todo este tiempo marché hacia mi muerte, ni por qué priorizaba a los demás en lugar de ponerme a salvo, por qué alguien como yo una y otra vez lo dio todo por desconocidos o amigos que ya ni me hablan.

—Lo sé. Ser como los demás duele. No ser especial da miedo.

Es un camino sinuoso lleno de espinas y oscuridad que, llegando a la mitad, estás tan maltrecho y desgastado que solo pides que termine.

Si así lo quieres, pondré fin a tu recorrido —lo último que vería sería cómo su bota me aplastaría la cabeza.

—La “Singularidad de Leviatán” no elimina lo que envidias —Zane se barrió al lado mío y, con dos dedos, detuvo mi ejecución.

—Entonces ilumíname, Helson. ¿Qué es lo que hace mi habilidad? —corrí, resbalando con la arena hacia Sora, y me puse detrás de ella en shock. Necesitaba que me protegiera. La vidente se puso de cuclillas y me rodeó con un abrazo, el cual rogaba que no terminara.

—Nos hace ver lo patético que en realidad eres —el vampiro, con una risotada, caminó hacia el Príncipe de Inferno—.

Eres un tibio, Levi, Príncipe de Atan. Solo restando puedes superarnos porque no tienes ninguna cualidad que sea digna de admiración.

Estás tan sumido en tu vergonsosa marca de la envidia, viendo hacia fuera, que no puedes encontrar ninguna cualidad que valga la pena de ti.

—No hables de mí como si me conocieras, hijo de inferno.

—¿Cómo es que Claudia se pudo fijar en un sujeto tan poca cosa como tú? Tal vez estaría mejor muerta en lugar de pasar una eternidad como tu pareja.