El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 26 Ciudades fantasma #3
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Capítulo 26 Ciudades fantasma #3

—No. Solo pensé que cada vez que los veo, significa que estamos en casa, lejos de las asquerosas cosas que vemos todos los días en las ciudades abandonadas donde caminamos esperando lo peor.

—Es broma, te tomas todo con mucha seriedad —la lither se sentó en el filo de la cama; sentí sus piernas al lado de mis hombros y me abrazó del pecho besando mi cabeza—. ¡Oh, por Dios, estás descalabrado!

—¿No será que me dejaste salsa de tomate en el cabello?

Acercó la nariz a mi cabeza y olisqueó.

—Falsa alarma, solo era salsa.

—Eso pensé... —la manera en la que reía despreocupada me hacía imposible no acompañarla; me sentía afortunado al tener una razón para sonreír al final de cada día—. Respecto a mañana, Ceci comprenderá si no acudimos; después de todo lo correcto es estar, en la medida de lo posible, a resguardo.

—¿Crees que ambas estén? —algo que me gustaba de Donna es que siempre iba al punto.

—La verdad no lo sé, pero la última vez hubo mucha tensión.

Además, Zane siempre detestó celebrar su cumpleaños; una vez mamá le compró una impresora para que hiciera tareas y no lo superó.

Odiaba la canción de "Feliz Cumpleaños" y el pastel, y a menos que le preparen uno de sangre, lo cual sería una abominación, no lo comerá.

—Se me hace muy lindo cuando hablas de tu familia. Creo que yo hablo más de mis padres y Fred, y eso que sigue doliendo —Donna tomó mi mano para que nos acomodáramos en la cama.

—Supongo que se me sigue haciendo complicado. Lo más probable es que mañana mamá me hable para recordar a Zane y no quiero escucharla llorar.

—Con mayor razón deberías de ir y recordar esas anécdotas con él; será su primer cumpleaños desde que se hizo vampiro. Llegará el punto en el que tú serás más grande que él, mientras que Zane seguirá luciendo igual.

—Es verdad, aún no habíamos tocado el tema. La segunda parte del trato con Drake es que yo tengo que caer a Inferno y regresar a su lado para pelear en la batalla final. Así que técnicamente...

—Vas a morir.

—Lo que me trae al otro punto.

—¿Aún hay más? —Donna se aferraba a mí presa del agobio.

—La razón por la que yo soy el heredero del legado del dragón es porque estoy desahuciado. Así que de todos modos...

—Vas a morir —Donna me atrajo a la cama y nos quedamos charlando de todos los acontecimientos que pasaron a partir de la muerte de mi hermano.

Las horas pasaron mientras la lither y yo nos veíamos de forma directa a los ojos; ella me contó todo lo que pasó después de que recibieron la noticia de la batalla en el templo funerario de Hatshepsut hasta que nos conocimos.

A pesar de que ambos hacíamos lo imposible para acoplarnos a esta nueva realidad, vivir juntos seguía siendo un reto.

A Donna no le gustaba que dejara la ropa tirada en el suelo y yo detestaba que siempre dejaba su toalla húmeda de mi lado de la cama; ella siempre me hacía limpiar los restos de pasta dental del lavabo y yo le pedía que recogiera sus marañas de cabello de la coladera.

A veces sentía que quince metros cuadrados era muy poco espacio para ambos.

Y otras veces, descubría que éramos muy compatibles; ambos escuchábamos música muy similar, nos gustaban los mismos podcasts de miedo y teníamos un sentido del humor igual de cínico y oscuro respecto a la vida.

—Comprende, por más que grites no entiendo alemán, no soy un lither. —Había veces que no nos entendíamos un carajo.

—Deberías aprender, Gabe, no necesitas ser lither para ser políglota. —Su frustración era evidente; de nuevo había dejado ropa en el suelo. Necesitábamos un bote de esos en los que guardas la ropa hasta que tienes que ir a la lavandería.

—De todos modos no podría seguirte el ritmo; cuando bromeas mezclas el inglés y el italiano, pero cuando estás seria hablas en alemán. —Relajé el tono cuando se dio cuenta de lo que hacía y sonrió divertida.

—Escucha, lo entiendo. Es complicado, pero para mi familia los idiomas eran puentes de intención.

Mamá siempre le exigía a papá que cuando la quería halagar o decirle que la amaba lo hiciera en alemán, porque en italiano era muy fácil caer en el romanticismo de las chicas tontas que se dejaban seducir.

De hecho, hablaban en italiano para pelear, para que nunca escalara a algo grave o hiriente, y de alguna manera el idioma de mamá se convirtió en la verdad o en los temas de peso.

—Los ojos de Donna se armonizaban entre la nostalgia y el dolor puro cuando hablaba de sus padres.

—Solo trata de hablar más despacio y me iré acostumbrando, ¿sí? —Si tenía problemas entendiendo lo que decía Rachel cuando se molestaba, esto era un nivel adicional; tal vez la hechicera tenía razón y las cosas sí iban evolucionando en dificultad para mí.

—¿Amigos? —Donna extendió su mano mientras seguía frente a mí.

—Du bist meine Freundin. —La estreché y ella rió por lo bajo.—¿Lo dije tan mal?

—El posesivo meine transforma Freundin de amiga a novia, Gabe. —La lither rió al verme sonrojado—. Trataré de hablar más inglés cuando algo me moleste.

—Supongo que es buen momento para que aprenda también yo nuevos idiomas.