Capítulo 26 Ciudades fantasma
Una parte de mí quería que Donna no pasara la prueba.
Al final de cuentas, cada misión podría ser la última de cualquiera.
Pero en verdad me sentía tan desconectado de mi vida en Helson, de mi familia y de Zane, que ella era el único vínculo seguro de esa vida antes de que el virus iniciara.
Aunque no debía seguir sin ser honesto con ella; aún faltaban cosas que no le había dicho.
Mi escuadrón replicó la formación que yo les había enseñado: Nguyen encabezaba a los chicos; Petrov, atrás de él, protegía a Patel, Abara y Lindström. Los lithers comenzaron el ataque a distancia.
—Sagittarum Imber —Lindström abrió la contienda, creando una lluvia de flechas.
—Inflamma —antes de que impactaran el suelo, Abara encendió las flechas para hacerlas más peligrosas. Ante la amenaza, Donna sonrió.
—Pulsus Motus, Solidus Corpus, Evanesce, Vaca Sonum, Inodorum —para mi sorpresa, la lither se aplicó a sí misma cinco artes oscuras, superando por mucho las capacidades de Romano en nuestro encuentro. Vi cómo se hacía invisible de forma gradual.
—Esto terminó, Hunter, es igual a Brunhilda —el agente Jack caminó a la puerta y se retiró. Yo, sin poder despegar los ojos del campo de entrenamiento, activé la visión de rastreo.
Donna era una flecha. Con tres golpes, dejó en el piso a Nguyen.
Petrov se transformó con rapidez y se quedó en cuatro patas buscando confundido una esencia que ya no existía; tiró un zarpazo instintivo, pero Donna lo frenó en seco y lo golpeó en el cuello dejándolo inconsciente.
Nguyen corrió para ponerse delante de los lithers y la hechicera; para este punto Donna le había quitado su mochila a Patel y comenzó a arrojar cuarzos y botellas hacia el vampiro y los lithers creando un desastre de sellos.
La lither se barrió y Patel cayó de bruces golpeándose la cabeza. Iban cuarenta y cinco segundos de combate y Donna llevaba dos bajas. Cuando Nguyen se percató de que la mochila de Patel estaba flotando, se abalanzó para atrapparla.
—Se acabó, te ten...
Donna aprovechó para meterle un frasco en la boca y con un uppercut le cerró la mandíbula, haciendo que el vampiro rompiera el frasco con los dientes.
Una explosión sónica retumbó en el vampiro, quien quedó de pie con la mirada perdida después del impacto por las lágrimas de sirena, acertando la tercera baja.
El reloj iba por el minuto y quince segundos.
Abara y Lindström se pusieron espalda con espalda, creando artes oscuras para protegerse con daño de área, pero Donna estaba dentro del perímetro que defendían.
—Obmutesce —Donna reapareció al convocar una última arte oscura, haciendo que los lithers se sujetaran la boca tratando de arrancar una mordaza invisible. La chica sujetó la cabeza de ambos y, como un par de cocos, los estrelló haciendo que Abara y Lindström se quedaran dormidos uno sobre el otro.
—¡Pentakill! —gritó Donna aplaudiendo y saltando.
—Aún falto yo, Donna —me acercqué a la lither y me puse en posición de defensa.
—No creo que sea necesario, Gabe, ya pasé la prueba, ¿no? El agente Jack incluso ya se marchó.
—Necesito saber que, sin importar la situación, estarás a salvo —dije con seriedad, mientras el rostro de felicidad de la lither se tornaba un poco sombrío.
—Supongo que sería irreal pensar que tú podrás protegerme ante cualquier situación, ¿verdad? —Donna caminó hacia mí y adoptó la misma postura. Tiré una serie de golpes cuyas combinaciones fueron esquivados por la lither; sabía lo que estaba haciendo.
—No he sido del todo honesto contigo y, si seremos compañeros, necesito que no guardemos secretos. Drake puede usar todo lo que sabe para ponernos en contra uno del otro.
—Se me hace justo, tú inicia —Donna me tiró una patada haciendo un arco como la que su hermano usó para dejar fuera de combate a Dyl; apenas y la pude defender, pero el impacto en el brazo fue devastador.
—Natalie y Rachel no solo eran mis amigas; yo estoy enamorado de ellas y ellas me correspondían. Pero es más que obvio que ya todo terminó —la lither me conectó tres golpes en el abdomen al tener el brazo lastimado; su ceño fruncido me hizo saber que le había molestado mi confesión.
—Es mi turno. Siempre lo sospeché y me siento muy tonta en estos momentos; no sé por qué me duele escucharlo de ti —sentí un poco de rabia al pensar que todo este tiempo Donna les había puesto más presión a las chicas esperando que se quebraran.
Atrapé una patada rápida de la lither y la mandé a volar—. Levitas.
Quedó flotando a unos tres metros de altura; con esta nueva arte oscura su aroma regresó.
—En lugar de pelear junto con el Grupo de los Cien en diciembre, escapé herido y por eso tus padres murieron —alcé el vuelo mientras le arrojaba un montón de escamas en llamas a mi contendiente.
—Vis-Speculi —las escamas desaparecieron antes de impactar y regresaron reflejadas a mí.
Cuando comenzaron a estallar, Donna descendió—.
Mis padres murieron cumpliendo su deber y tú en ese entonces aún eras un civil, haciendo lo que podías por salvar a tus amigos.
Antes de conocerte, leí todo el reporte de la misión.
—¿Entonces tú sabías quién era antes de siquiera conocernos? —me tiró un golpe y la sujeté del puño—. ¿Hiciste todo esto para tenderme una trampa?
—No, Gabriel. Solo quiero estar con la persona que vendió su alma al diablo para mantener con vida a unos malagradecidos mimados hijos de papi que lo dejaron a su suerte a la primera dificultad.
En cuanto supe que te dejaron solo, hice mis maletas esperando tener una pista de tu paradero, y cuando te vi llegar a Aethelgard Hall, no lo dudé: tomé mis cosas para irnos juntos —un segundo golpe se dirigió hacia mí y también lo atrapé—.
Si alguien protegiera a todos los souldiers, dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias personales con tal de que los equipos regresaran con sus familias, tal vez yo aún tendría padres.
—No quiero fallarte, Donna. Tengo muchos defectos; además, yo aún estoy muy involucrado y confundido con Natalie y Rachel —la verdad salió de mí, apaciguando la intranquilidad que me estuvo consumiendo todo este tiempo.
La ausencia de las chicas era un fantasma recurrente que me atormentaba a todo momento; externarlo lo hacía real.
Natalie y Rachel me habían abandonado. Una punzada de dolor me atravesó, liberando lo que me oprimía al instante.
—Gabriel, no eres una especie de príncipe azul dragón; yo no espero que tengas todas las respuestas o que seas perfecto.
También sería ingenuo pensar que simplemente por aparecer en tu puerta las olvidarás.
¿Qué tal si intentamos solo ser un equipo, sobrevivir mes a mes, pagar las cuentas y todos los gastos que salgan de la casa, y siempre ser honestos?
—la contundencia con la que dijo mi nombre hizo que se me erizaran los vellos de la nuca; siempre me decía Gabe.
—Me parece justo, Donna —comenté perdido en la profundidad de sus ojos; su rostro serio, aún con el entrecejo ceñido, me permitía ver toda la verdad de la lither.
—Perfecto entonces, supongo que se acabó —Donna brincó; al aún no haber liberado sus manos, se impulsó y con ambos pies me propinó una contundente patada que me envió al suelo. El cronómetro sonó y los tres minutos terminaron—. ¡Hexakill! —gritó emocionada y caminó a la puerta de salida.
—¿A dónde vas? —pregunté tratando de acomodarme la mandíbula.
—Me acabo de ganar raciones extras; veré si me las pueden guardar para llevarlas a casa.
—En verdad harías lo que fuera para no cocinar.
—Solo estoy salvaguardando la integridad del equipo.
Las primeras dos semanas de abril fueron brutales.
Tres mil novecientos millones de personas, la mitad de la población mundial, se encontraban bajo alguna especie de cuarentena o confinamiento obligatorio.
Lugares como Times Square, la Gran Vía o el centro de la Ciudad de México parecían lugares abandonados.
Donna y yo sentimos una presión adicional cuando nos avisaron en Helson que en fechas próximas se desarrollaría una plataforma para tomar clases en línea, lo cual interferiría por completo con nuestro trabajo en el Grupo de los Cien.
El sistema de salud colapsó; Italia, España y sobre todo Nueva York eran epicentros de la crisis.
Cuando los hospitales ya no tenían respiradores, se comenzaron a improvisar morgues en pistas de hielo y parques.
Ver los cadáveres de personas apilándose me hizo saber que la política no había actuado a tiempo.
Por cada campaña que hablaba del mundo oculto y de las facciones, había miles de vídeos que hablaban de extraterrestres, fantasmas y de cómo las altas esferas nos querían mantener en las sombras; incluso por siete minutos dudé si la Tierra era redonda y si había algo en el “círculo ártico”.
Donna se rio de mí a carcajadas cuando le expliqué que me estaban saliendo muchos vídeos al respecto.
Plataformas y redes sociales eran el hervidero de la desinformación.
La gente estaba tan acostumbrada a que cada día saliera algo nuevo que hubo un momento en que las personas dejaron de creer.
Cuando cada día todo suena nuevo, mágico y extraordinario, te das cuenta de que nada lo es.
Para el diez de abril los muertos superaban los cien mil, un número que parecía algo de otro mundo.
Por su parte, la naturaleza reclamó la tierra que siempre le perteneció y que le fuimos arrebatando.
Se registró la mayor caída de emisiones de dióxido de carbono en la historia reciente.
Delhi y Pekín pudieron ver el cielo azul por primera vez en décadas, y los vídeos de animales tomando las calles y asustando a vecinos desprevenidos eran temas de todos los días.
El mundo había cambiado por completo y un término que hasta hace unos meses eran palabras aisladas sin relación, ahora era un concepto presente en la cabeza de todos: “La nueva realidad”.