Capítulo 25 Economía doméstica #2
—Tú de verdad quieres cocinarme ahí adentro —comentó la lither, saliendo apresurada del baño con los ojos en rojo; la toalla de microfibra naranja se le ajustaba húmeda al cuerpo haciendo lucir sus curvas.
—¿Entonces dos minutos no son suficientes, verdad? —comenté divertido, recordando lo decidida que estaba ayer con respecto a compartir la ducha.
—Según nuestro Excel solo será de aquí a fin de mes. ¿Quieres que caliente el agua para ti? —comentó un poco avergonzada mientras sacaba de su maleta ropa para cambiarse.
—Oh, claro, perdón, estaré en la ducha.
—Escucha, ¿solo será al principio, de acuerdo? En lo que pierdo la pena —sus ojos brillaron mientras la sangre se acumulaba en sus mejillas, haciendo que se tornaran rosadas.
—Donna, no es necesario, yo te daré toda la privacidad que necesites. Incluso puedo salir de aquí en lo que te arreglas —al final de cuentas Donna lo había dejado todo para cuidarme; lo menos que podía hacer era hacerla sentir un poco menos incómoda aquí.
—No, Gabe, de eso no se trata estar juntos —la lither me dedicó una bonita sonrisa de ojos cerrados, exponiendo un diente faltante detrás de los colmillos que la hacía ver adorable.
Corrimos al área de entrenamiento de las mañanas; ya era tarde. A pesar de poder llegar al cuartel solo con decir "extracción", aun así íbamos con veinte minutos de retraso. Sabía que O'Reilly haría un escándalo al respecto.
—Hunter, ¿decir "extracción" para llegar a tiempo aún le genera conflictos? ¿Requiere que usemos una palabra que implique un reto menor para sus habilidades lingüísticas para que nos honre con su presencia desde temprano?
—No volverá a pasar, señor —la lither rio por lo bajo al ver cómo modificaba mi conducta ante mi superior.
—Chico, lo de la gótica no te lo tenías que tomar literal; tampoco era necesario que la trajeras al cuartel para presumir —comentó el agente Jack al ver a Donna a mi lado.
—Ella no es gótica, señor; solo le hace falta asolearse y tiene el cabello muy negro. Además, es una nueva recluta, señor.
—Si traerás reclutas nuevos cada vez que sales de licencia, podemos llegar a algún acuerdo y hacerlo más a menudo.
—Me temo que no podría tener éxito, señor, pero permítame presentarle a Donatella Romano, señor —el vampiro se quitó sus lentes y se acercó a la lither sin dar crédito a lo que veía.
—Es un gusto verlo de nuevo, señor —la naturalidad con la que Donna cambió a modo recluta me hizo entender un poco de cómo fue crecer en una casa de souldiers.
—Tú eres la hija de Brunhilda y Vincenzo, ¿verdad?
—Señor, sí, señor —Donna respiró con profundidad.
—¿Qué haces aquí? ¿Dónde está tu hermano? —el rostro de O'Reilly se transformó en una expresión de dolor.
—Vengo a ayudar a Gabriel a salvar Terra y que no comparta el destino de mis padres, señor. Mi hermano está bien; le daré sus saludos cuando le diga que inicié mi entrenamiento de souldier.
—Comprendo. Pida un uniforme táctico, señorita Romano; le haremos una prueba para ver si es apta. Tú te quedarás conmigo, Hunter.
Donna regresó a los minutos cambiada y el uniforme en verdad le quedaba bien; al estar vestida toda de negro y por la manera en la que había peinado su cabello hacia atrás, la asemejaban a la versión de dieciséis años de Trinity.
—Atención equipo, ella es una visitante; quiere ver si puede formar parte del Grupo de los Cien —O'Reilly se acercó a mi escuadrón para presentar a Donna—. Para ello tendrá que soportar en un escenario hostil tres minutos; de lo contrario se tendrá que ir a casa.
—¿Tres minutos? Por favor, no duraría cuarenta y cinco segundos contra mí —Nguyen se acercó a la lither y de pies a cabeza la examinó, descartándola como poca cosa.
—Tienes que agradecer que no te hicieron esa prueba cuando entraste, Jordans —Petrov, burlándose del vampiro, golpeó a Lindström con el codo.
—¿Por qué le dicen Jordans? —pregunté al ver al vampiro fulminando con la mirada al lobo y al lither.
—Porque está hecho en Vietnam y por las misiones ahora lo exportan a todo el mundo —Patel se atacó de risa con culpabilidad.
—¡Tú cállate, Bulbul! —el vampiro, visiblemente incómodo, le gritó a Patel.
—¿Y a ti por qué te dicen así? —pregunté al notar que estos dos días me había perdido de mucho. La hechicera abrió los ojos sorprendida.
—No sabía que me decían así, pero Bulbul es una película de Bollywood; la están anunciando para que salga en verano y es de una fantasma con los pies al revés.
—Dios, Nguyen, eso fue de pésimo gusto —Abara comentó tratando de no reír—. En la primera misión de Patel, se tropezó y cayó de un segundo piso, se rompió la pierna y la llevamos con el pie volteado hacia atrás al hospital.
—Pues a mí tampoco me hace gracia lo de Jordans; los sueldos son una miseria y son muchas horas, pero es excelente calzado, tal vez sí me gusta.
—A la hora de la comida tendrán oportunidad de inventarse más apodos, pero si me permiten, creo que Lindström es casi tan bonito como la chica de ABBA y cuando Petrov se pasa con la carne, sus gases me hacen sentir en Chernóbil —todos nos atacamos de la risa con las ocurrencias de nuestro superior—.
Ya, Hunter, pon orden entre tus patitos —el agente Jack me gritó de frente tratando de no esbozar una sonrisa; yo cerraba el pico con la mano y todos al unísono dijeron “¡Cuack!”.
—Falte yo —Abara levantó la mano, fingiendo sentirse excluido del bautizo de fuego—. ¿Qué tal si de ahora en adelante me dicen Bubba?
Un silencio sepulcral cayó sobre el área de entrenamiento. Nguyen dejó de reírse y Petrov intercambió una mirada nerviosa con Lindström.
—Estás loco, hijo —soltó O’Reilly, de forma visiblemente incómoda, mientras se ajustaba los lentes—. Si alguien de la oficina central nos escucha diciéndote así, nos mandarán a todos a un seminario de sensibilidad en Recursos Humanos antes de que termine el turno.
—Es solo un nombre, jefe —insistió Abara con una sonrisa ladeada, disfrutando del momento—. Bubba suena... amigable. Como alguien que te invita a comer camarones mientras te cubre las espaldas.
—Ni hablar. Te quedas como Abara hasta que encuentre algo que no me cueste el puesto —sentenció el agente Jack, señalando el inicio del entrenamiento con un gesto autoritario—. En fin, señorita Romano, a la pista. Ahora.
—Eso es racismo, viejo, me están discriminando.
Donna caminó a la mitad del área de entrenamiento, viendo de frente a mis cinco compañeros; yo me quedé al lado del agente Jack, en silencio.
—Lo mejor que puede pasar es que Donna descubra que no está hecha para este trabajo y regrese a casa.
—Ahora vive conmigo, señor, y en verdad quiere estar aquí.
—Maldita sea, Hunter, tú y tu inquieto miembro serán mi ruina. Yo vi morir a sus padres en diciembre. Esperaba no volver a ver a esa niña en la vida después de escucharla llorar a mares en el funeral.
—Me disculpo en nombre mío y de mi miembro, señor.
—¡Ya cállate mejor, maldito Patito! —ante la orden terminé con un “¡Cuack!”.