El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 24 Quien verá por ti
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Capítulo 24 Quien verá por ti

De regreso al cuartel, la imagen fue perturbadora para los técnicos encargados de traernos de vuelta.

Salí escupido del portal con el escuadrón inconsciente, aún escurriendo vísceras y sangre, mientras traía conmigo el cuerpo sin vida de un peligroso terrorista al cual le faltaba un considerable pedazo de cuello.

Estando en las duchas, pasé más de cuarenta minutos tratando de quitarme la sangre del nigromante que me había chorreado a borbotones por el rostro, los trozos de hueso y carne de la monstruosidad que creó Charles atrapados en mi cabello, y pidiendo un nuevo uniforme táctico porque no había manera de limpiar el anterior.

Escuché que los demás compañeros me comenzaron a llamar “el carnicero de Santa Fe”.

Sin embargo, para mi equipo y para O'Reilly simplemente era el “Patito”.

—Deberías de tomarte unos días, o al menos ir a hablar con alguien de Psicología. La primera baja es algo que nos acompaña un buen rato, hijo —O'Reilly caminaba conmigo antes de entrar al entrenamiento de la tarde.

—No te descontarán sueldo si te tomas unos días para asimilar lo que pasó, se llaman licencias y yo las autorizo. ¿Comprendes que hiciste lo correcto y trajiste a tu equipo de regreso, verdad?

—Le arranqué la yugular a un hombre desarmado, en el suelo, que no me estaba atacando y no representaba en ese momento una amenaza para nadie mientras rogaba por su vida.

Qué hay de correcto en ello... señor —mis ojos se enrojecieron y las lágrimas me traicionaron, saliendo sin permiso frente a mi superior.

—Eso es todo, Hunter. No quiero verle aquí los próximos dos días. Vaya a visitar a la pelirroja o a la rubia...

—Ambas me mandaron al carajo.

—Genial, entonces consígase una chica morena o si prefiere una maldita gótica, solo lárguese de aquí.

—No sirve de nada descansar. Eso no me hará matar más rápido a Drake, ni lidiar con mi hermano.

—La razón por la que están todos vivos fue porque tenías la mente despejada.

Ya habíamos hablado del bien de la mayoría.

Y tienes a cinco chicos que no saben cómo agradecerte por haberlos traído de regreso y a salvo —el agente Jack hablaba conmigo tranquilo.

A diferencia de cuando se dirigía a mi equipo, las aletas de la nariz se le abrían; si tuviera sangre, su rostro igualaría al rojo de su barba—.

Respecto a la comida, autorizaré todas las porciones que sean necesarias para ti.

Si, y solo sí, dejas de golpear tan duro a las personas; tengo entendido que souldiers de todos los rangos llegan tratando de medir su fuerza contigo.

Pero es más barato mantenerte bien alimentado que todos los insumos y el presupuesto adicional que tuvimos que asignar a servicios médicos desde que ingresaste.

—Supongo que debería de ir a hablar con mi hermano respecto a lo que descubrí de la nigromancia.

—Aprovechando el viaje, creo que deberías de llevarle esto —O'Reilly metió la mano en su chaqueta y me entregó una pequeña cápsula reforzada. Era la misma muestra del virus que yo le había entregado en el maletín semanas atrás.

Me quedé helado viendo el brillo violáceo a través del cristal templado.

—Señor... esto es propiedad de alta seguridad del departamento de investigación. Si se enteran...

—Cuando se enteren, estarán aliviados de que personas con más experiencia que ellos y recursos casi ilimitados están trabajando a la par mientras ellos están perdidos en la burocracia. Así que saca tu trasero de aquí, patito. Tienes una nueva misión.

—Señor, tengo a la persona perfecta para hacer toda la parte de investigación y desarrollo de la vacuna, y que la familia Helson y los Walker solo hagan la distribución global.

—Adelante entonces, solo dile a Petersen a dónde te tiene que mandar.

—El destino es Woolton, Liverpool.

Cuando timbré en la casa de Rachel, intenté de manera inútil corroborar que no oliera aún a licuadora de cadáveres, pero era en vano; mi nariz ya no percibía nada, había quedado arruinada por estar tanto tiempo sumergido en la pestilencia.

—Niño Gabriel, hola. ¿Buscas a Raquelita?

—Buenas tardes, Isabel. No a Rachel, a Flora, por favor —debí ver más novelas mexicanas con mi madre.

—Chamaco cabrón, nomás anda jugando con la niña Raquel.—Eso último no le entendí, Isabel dio media vuelta y se perdió entre los pasillos.

—No sé qué idea te di la otra vez, pero créeme, me gustan mucho las chicas, mini Alistair —bueno, al menos en esta casa no era mini Zane.

—Necesito tu ayuda, Flora. Es obvio que ya sabes del virus. Pensé que tal vez tú podrías analizar la muestra y tratar de desarrollar una cura.

—¿Estás loco? ¿Traes en tus bolsillos eso suelto?

—el rostro de Flora era un doloroso recordatorio de Rachel, aunque podía distinguir por completo la diferencia entre sus ojos, la manera en la que arrugaba su nariz y el flequillo perfecto de la hechicera; tal vez no había pensado correctamente y solo brinqué al portal queriendo ver a Rache una vez más.

—En realidad está en esto.

—Bueno, es una Biobottle, es decir, no puedes jugar americano con ella, pero no lo traes en un tubo de ensayo —la manera en la que Flora balanceaba la cápsula de una mano a otra me estaba poniendo por demás de los nervios—. Y, ¿qué va a pasar?

—No sé si sea lo mejor —comenté un poco incómodo, mientras buscaba a Rachel detrás de su hermana.

—Descuida, no te encontrarás con ella.

Flora me sujetó de la manga y me arrastró hacia lo que parecía un búnker del fin del mundo; el camino era tan extenso y laberíntico que me preguntaba si aún seguíamos en la mansión de sus padres.

—¿No se encuentra en casa? —pregunté mientras pasaba por la tercera placa de biométricos que nos daban acceso al laboratorio de la chica; cuando Rachel me dijo que algunas patentes habían pagado por él, nunca dimensioné el increíble negocio que son los fármacos.

—De hecho estaba al lado de la entrada en el saloncito, con las demás, pero debiste meter hasta el fondo la pata para que no saliera corriendo a verte —la manera tranquila en la que lo comentó me hizo pensar que estuve a veinte metros de la hechicera y pude escuchar su voz.

—¿Se encuentra bien? —dudé antes de preguntar, pero Rachel era quien me odia, no yo a ella. De alguna manera sentí que tenía derecho de preguntar por la hechicera.

—Pues no quiere hablar con nadie al respecto, finge que todo está bien, pero parece que está en modo automático todo el tiempo y supongo que se la pasa llorando todas las noches desde que papá la trajo por lo horrible que tiene el rostro todas las mañanas —los sistemas de desinfección iniciaron y Flora me entregó un traje blanco de teletubbie contra los virus, o como se llamaran esas cosas.

—Cómo me gustaría poder hablar con ella —comenté más para mí que para ella.

—Mira, si estás preocupado por Rachel, la verdad ella estará bien, además es algo por lo que todas hemos pasado.

Ya tenemos hasta una playlist para estos casos, siempre vemos las mismas películas, pedimos la misma comida chatarra a domicilio y terminamos todas a dieta después de los kilos que subimos por comer rico mientras olvidamos al ser repugnante, en este caso tú —en definitiva, la hechicera tenía una fuerte estructura de apoyo. Me alegraba por ella.

Flora pasó unos minutos tensa y en silencio, manipulando la muestra, hasta que la puso en unos pequeños tubos conectados a una máquina y después todo se transformó en datos.

—Listo, veré qué puedo hacer para hacer una vacuna.

—Gracias, Flora. Si llegas a tener noticias, ¿me puedes informar? Helcorp y Grupo Walker se encargarían de la creación en masa y la distribución después.

—Aún no te he dicho cuánto cobro, Gabriel —sabía que las 450 libras que tenía en mi cuenta no alcanzarían para esto—. ¿Y bien, cuáles serían tus honorarios?

—Quiero el reconocimiento de haber encontrado la cura, un indulto por parte de las autoridades de ustedes y que me entregues la muestra que tenemos pendiente.

—Pensé que lo habías olvidado —tartamudeé al ver a Flora tomando una jeringa y varios tubos de ensayo.

—Solo sentirás un piquetito —en Santa Fe recibí ataques menos dolorosos que el tremendo pinchazo que me metió Flora—. Por cierto, ahora eres una especie de policía, o estás en una etapa rara a la hora de elegir prendas.

—Me enrolé como souldier.

—Ya veo, gracias por tu servicio, supongo —la hermana de Rachel saludó con la mano en la frente de manera poco energética mientras procesaba mis muestras—. Bueno, te mantendré informado.

—¿De si puedes hacer la vacuna o si estamos emparentados?

—Al diablo eso, del interrogatorio que le haremos a Pilón.

—¿Te puedo pedir, en lugar de informarme, que le digas algo por mí? —no sabía si iba a poder soportar lo que les diría a sus hermanas Rachel.

—¿Que la amas y que la adoras? —preguntó haciendo un mohín como quien ha escuchado la misma frase cientos de veces.

—No, solo dile que yo sí le creí cuando dijo “en esta vida”.

—Lo haré.

Regresé tan tarde al departamento que ni siquiera me cambió el uniforme; traté de quitarme las botas, pero solo pude aflojarlas un poco y me quedé dormido.

—Tengo que admitir que es impresionante cómo tu pueblo almacenaba su información; tenemos acceso a miles de años de su civilización en este pequeño cristal —el viento mecía el cabello largo y cano de Liam junto con el mío, mientras caminábamos de regreso de su laboratorio; mi padre sujetaba el cristal que Fang recuperó del cuerpo de Rivera.

—Es la única manera en la que he podido comprender mi origen y por qué soy el único Heavenson que quedó en Terra después del llamado.

—Bueno, pronto el pequeño Intrenoor Liam dará continuidad a tu legado y al mío —rió el hombre golpeando mi hombro.

—Estás loco, viejo, Annie ya eligió el nombre; se llamará Drake. Además, ¿no tienes ya como cuatro nietos que se llaman como tú?

—No hay mi quinto malo, hijo mío —nuestras risas estridentes resonaban como ecos entre las paredes de roca del castillo.

—Me pregunto si algún día dejaré de aprender algo nuevo de ti.

—O yo de ti —en ese momento el amor, la humildad y el respeto con el que siempre el lither me trataba serían las bases que usaría para intentar ser el mejor papá para Drake; si bien el concepto de paternidad no existía entre los dragones, la vida me presentó la oportunidad de ser humano y tomaría lo mejor que ofrecía esta facción, tan problemática y obtusa, y lo adoptaría como algo propio.

Tal vez hay cosas que tienes que aprender tú de mi facción como yo aprendo de la tuya, Gabriel; encontremos el equilibrio y seamos nuestra mejor versión, viejo amigo.

Desperté cuando el tren de la District Line hizo vibrar todo el maldito lugar.

Me quité las botas, me sobé los pies destrozados por dejarme puesto calzado nuevo que aún no ablandaba toda la noche, tomé una ducha de dos minutos antes de quedarme sin agua caliente, me puse unos jeans, unos tenis y una playera holgada; no había nada más increíble que usar mi propia ropa.

Molesté un poco a Ceniza para que se despertara, teníamos todo el día para nosotros y no sabía qué hacer.

Recordé que debía actualizar a Zane respecto a Charles, así que lo mejor sería fingir que iría a eso porque moría de ganas por ver a Natalie.

A estas alturas no me iba a mentir a mí mismo.

Llegué gracias a Ceniza en veinte minutos a Aethelgard Hall; con ella en la potencia no tenía que preocuparme por gastar energía más que el esfuerzo que implicaba mantener desplegadas las alas y me pude centrar en el sueño con Intrenoor.

Él se podía comunicar conmigo y ahora, por medio del cristal, tenía de alguna manera acceso a lo que me quería mostrar; ese maldito dragón siempre hablaba en acertijos pero una parte de mí era feliz al saber que después de tanto tiempo solo, Intrenoor encontró un hogar y se sintió pleno y amado, aunque su final fue triste.

Pero bueno, tal vez los finales felices no existían.

—Gabriel, Claude tiene espacio para ti, estoy segura de que le encantaría tenerte con nosotros.

—Gracias, Ceci, pero está bien, la verdad es que yo no podría... —desde uno de los salones vi a Natalie en el jardín, tirarle una patada a Romano dejándolo en el suelo mientras que Declan se abalanzaba para cortarle el paso a la lither y que no llegara hasta Hal—... importunar.

—Escucha, Zane quiere arrancarle la cabeza a Jack O'Reilly por haberte reclutado.

—El agente no tuvo nada que ver con esto. Solo estoy cumpliendo mi pacto con Clue.

—Detesto saber que estás tú solo, sabrá Dios dónde.

—Barking no es tan malo, se supone que el instalador del internet llegará a partir de las cuatro, además necesito esto —admití pensando que prefería todo lo que implicaba mi nueva vida para tratar de mitigar el dolor.

—Es una lástima que Zane no estuviera aquí para que le comentaras todo lo de Charles —Ceci me tomó de la mano y trató de sonreírme—.

Haremos todo lo posible para salvarlo, ¿de acuerdo?

Utilizaremos toda la influencia que tenemos cuando recobre la razón para que no sea sentenciado, y tus padres estarán bien.

—Gracias, Ceci. Me dio mucho gusto verte.

—Respecto a Rachel, iré a verla un día de estos para ver cómo está, jugaremos tenis —asentí agradeciendo que se preocupara por la hechicera—.

¿Seguro que no quieres que le diga a Natalie que venga a despedirse de ti?

—el ámbar de sus ojos brillaba líquido; algo que agradecía de Ceci era su empatía, su rostro era una copia de la máscara de dolor que seguro yo tenía.

—Hola, Gabe, lamento la demora —Donna llegó al salón en el que estábamos, corriendo y sin aliento; llevaba una blusa blanca holgada con un pequeño cinturón café, unos jeans ajustados, botines del mismo tono que el cinturón, sus audífonos en el cuello y sujetaba dos maletas—.

Si Naty y Chel se harán las ofendidas en lugar de cuidarte la espalda, yo no me quedaré de brazos cruzados.

Además, mis padres fueron la prueba de que los souldiers son desechables para el Grupo de los Cien, no permitiré que eso te pase.

—Donna, no puedes cambiar de residencia mientras te encuentres al cuidado de Claude hasta los veintiuno años —Ceci se puso en pie rápidamente para detener a la lither.

—Él comprenderá que hay personas que simplemente no podemos dejar ir —Donna caminó con autoridad hacia la salida de la mansión—. Vámonos, Gabe.