El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 21 Sin red
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Capítulo 21 Sin red

Las despedidas fueron duras y se sintieron extrañas; algunos tenían la idea de que solo serían quince días, que se suponía era el tiempo que el virus estaba activo.

—Unas merecidas vacaciones de la realidad —comentaban algunos.

Pero otros pocos sabíamos que esta sería una de las luchas más complicadas de Terra.

Casi todo el tiempo tenía la visión rastreadora activada, tratando de identificar miembros de facciones y avisarles del riesgo, pero esta no funcionaba si todas las cualidades que los hacían ser miembros de una facción eran apagadas por los carismas.

¿Cómo un brujo sabría que lo es si nada en él lo delata y su familia abandonó su nexo espiritual desde hace años?

O si era muy joven el lither y aún no despertaba; Natalie fue prácticamente humana los primeros quince años de su vida.

Era una horrible y desesperante situación.

No saber si mañana alguien comenzaría a enfermar, o si por buscar víveres o salir a trabajar llevarías el virus a tu hogar y arrasarías con tu familia.

Les pedimos a nuestros amigos que hablaran con sus familias respecto al mundo oculto, y que recordaran si tenían sospecha de cosas que no habían tenido explicación: alguien que veía fantasmas o tenía alguna clase de sensibilidad extrasensorial, familiares demasiado fuertes o rápidos, o personas que por alguna u otra razón nunca se sintieron a gusto con ellos mismos.

Posiblemente eran miembros de las facciones que tenían que salir de manera urgente del velo de los carismas para ser ellos mismos y salvar sus vidas.

Rachel les llenó a nuestros amigos sus mochilas de frascos con lágrimas de sirena, cuarzos protectores con sellos elementales, potenciadores físicos y de los que podían activar golems para que se defendieran.

Lo único que no pudo hacer fue enviarlos a casa con golems guardaespaldas, porque eso implicaba el uso de fuertes carismas para encubrir sus creaciones y supondría un riesgo para la hechicera.

Abracé a Dil, Linsey, Jessie y Tommy sin saber cuándo los volvería a ver.

El personal que contrataron sus familias para llevarlos a casa los recogió días antes de que todo fuera un caos en la escuela por sugerencia de Ceci.

Nunca había visto tanto tráfico de helicópteros; había olvidado que todos eran increíblemente acaudalados.

Mi madre se volvió loca con la pandemia; compró toneladas de cubrebocas, gel antibacterial, termómetros y unos aparatos que te pones en el dedo llamados oxímetros, y me los mandó por correo.

De primera mano no sabía dónde iba a meter tanta mercancía pero, una vez más, tendría que agradecer a mi madre, ya que su preocupación me había dado la idea perfecta de un emprendimiento que podría presentar en la clase de negocios.

Cuando comenzó a decir que irían de regreso a Nueva York y que pasarían por mí, la detuve en seco. Esa conversación la tuve en mi habitación mientras Drake me amenazaba.

—Será mejor que mientas, y que mientas bien.

Si no convences a Sherly de que tienes un lugar seguro donde vivir aquí, se quedarán los tres sin papis —dijo el desgraciado, forzándome a activar el altavoz, mientras la herida se había abierto por completo cuando mi puño quedó a centímetros de su rostro.

—No llames por su nombre a mi madre, estúpido —Drake levantó las manos burlándose de mí mientras muteaba la llamada.

—Gabriel, ni siquiera sabemos cómo se llama la familia con la que te vas a quedar; además no está bien causar molestias, mejor regresa con nosotros a casa.

—Ma, la pandemia ya está muy avanzada y la mayoría de los contagios mortales se están dando en lugares cerrados como aviones y transportes públicos por la sobreexposición de la carga viral.

Si ustedes tienen un lugar seguro, lo mejor será que se queden ahí.

Yo estoy bien, tengo mi propia habitación y los papás de Tommy comenzaron a comprar provisiones meses atrás desde que iniciaron las noticias en Wuhan.

Además, el primer ministro dijo que solo serían quince días; esto se resolverá antes de que me termine todos los productos que compraste.

—No me hace feliz, pero tienes razón. Solo mándame la dirección, ubicación y teléfonos de los papás de tu amigo. No se te ocurra salir, Gabriel, por favor.

—No, no y no, ma. Bye, te amo.

Los aplausos de Drake se hicieron presentes al terminar la llamada.

—Eres un diablillo muy mentiroso; lo decías con tanta naturalidad que en verdad parecía que estabas convencido de lo que estabas diciendo.

—Odio las mentiras, no significa que sea malo diciéndolas —comenté tratando de terminar mi maleta.

—Yo no las odio; no las puedo decir, pero siento de todas formas que la verdad es más divertida.

—Maravilloso, me encanta tu filosofía. ¿Has pensado en escribir un libro? —pregunté sin interés, esperando a que se largara de una vez.

—Bueno, no es por presumir, pero tengo apariciones de alto impacto en el libro más vendido en la historia.

—Wow: líder del Último Círculo, terrorista, la basura que dices en medio de tus padres, toro celestial y aparte comediante —pensar en Annie e Intrenoor me hizo recordar que aún no entendía a qué se refería el dragón con que tenía que regresar al inicio para entender qué debía hacer—.

Bueno, si no hay algo más, tengo que buscar dónde vivir.

—¿No irás a vivir con tu hermano?

—¿Cuál? ¿Al que mandaste a matar y ahora es vampiro, o al que convertiste en terrorista como tú?

—Sabes, ese es tu maldito problema; por eso las chicas ya no te aguantan.

Eres un mocoso rencoroso y mezquino. Aquí estoy pendiente de que a tus papis no los tenga que llegar a matar y genuinamente preocupado por dónde vivirás este tiempo, y sales a reprocharme los errores de mi pasado.

No soy perfecto, Gabriel, maldición —me resultaba imposible entender cómo torcía la verdad con tanta facilidad si no podía mentir, con toda la basura que me decía.

—Ya lárgate, Drake, por favor —me había rendido; estaba a disposición de Drake.

Cada sentimiento de insurrección era eliminado el tiempo que a Fang le tomaba cerrar la herida que me hizo, y se apagaba el calor de la mano como recordatorio de mi pacto con él.

Además, era tan difícil evitar derrumbarme frente a este malnacido por cada comentario hiriente que me hacía, que terminaba agotado.

—Bueno, te tengo excelentes noticias. No creas que no me di cuenta de que no aceptaste el trabajo en el Grupo de los Cien.

No estás enrolado, trabajas por fuera. La indicación es: ENRÓLATE —su presencia se hizo magnánima; sus pupilas se estiraron hasta que pensé que se desgarrarían y caí al suelo a su merced.

—Entonces así es como lo haces... así me controlas.

—No, técnicamente yo no puedo obligarte a hacer nada; quien se obliga eres tú mismo hacia mí. Son temas contractuales, no lo comprenderías. Adiós, menso —Drake azotó la puerta del cuarto.

—¿Con quién hablabas? —Natalie llegó a mi puerta unos instantes después.

—Con mi madre —no tenía caso asustarla si Drake ya se había ido—. Quiere que regrese a Nueva York. La tuve que convencer de que me quedaría con Tommy y que todo estaría bien.

—Bueno, ¿ya tienes tus cosas listas? El personal de Claude llegará en un rato —la lither siempre llegaba y se acostaba en mi cama; esta vez se quedó en el marco de la puerta.

—Yo no iré a Aethelgard Hall, Natalie. No podría soportar estar ahí —la idea de ella y Romano todo el tiempo juntos era una tortura; terminaría quemando la maldita propiedad.

—Te irás a Liverpool entonces —concluyó mientras vigilaba que Ceniza no se acercara tanto a ella.

—¿Comprendes que la única persona que me odia casi tanto como tú es Rachel? ¿Qué demonios haría en Liverpool? ¿Trabajar en los muelles mientras la gente me insulta con palabras que no entiendo?

—Yo no te odio, Gabriel —por primera vez esos ojos que me habían cautivado al momento de conocerla me flechaban con su fragilidad.

—Yo aún te amo, Nat. ¿Tú aún me amas? —«Por favor, di sí; si dices que sí, me iré contigo a donde tú me digas, aguantaré al pesado de Romano, soportaré vivir con Zane, haré lo que sea para conquistarte todos los días».

—No, Gabriel. Ya no te amo. Solo pensé que sería incómodo estar juntos este tiempo y quería poner límites saludables de convivencia, pero veo que tienes otros planes.

Te deseo suerte; fue lindo este tiempo juntos.

Aléjate de los problemas, ¿sí? —Natalie me dedicó una última hermosa sonrisa; no me di cuenta de que, por el impacto, tuve que tomar asiento en la cama.

—Adiós, Nat.

—Gabriel, casi lo olvido. ¡Piensa rápido!

—Natalie arrojó el duplicado de la llave que le hice.

Sin poder levantar la vista, atrapé la llave; quería que la última vez que la viera fuera sonriéndome para poder recordarla así.

Cuando la puerta se cerró, me limpié la nariz y las mejillas y me quedé ahí sentado.

Escuché cómo Natalie cerraba su habitación y se alejaba por el pasillo arrastrando las llantitas de su maleta.

Me quedé viendo el ropero: mi maleta repleta, mi espada de kendo que había estado ahí desde la vez que casi mato a Thomson.

Dejé mis uniformes y los zapatos escolares y recordé que no había guardado algo.

Me puse las botas, la camisa y la chaqueta que me había regalado Sora.

En ese momento recibí un mensaje; era Rachel.

«Papá llegará en diez minutos. Pensé que lo mejor sería despedirnos así. Siento que si te veo, arruinaré los avances que he tenido de vivir sin ti. Adiós, Gabriel. Cuídate mucho».

Salí corriendo de mi habitación al piso dos; toqué la puerta de Rachel, pero no hubo respuesta.

—Rache, si aún estás ahí, por favor ábreme. No tiene por qué terminar así. Nada en mí ha cambiado, aún te amo.

No hubo respuesta. Agudicé mi oído para escuchar cualquier indicicio de que aún estuviera en su cuarto, pero solo escuché cómo el fenestrón inclinado del helicóptero de su padre peinaba el viento en lugar de golpearlo como los demás helicópteros "baratos" de los demás; recordé todas las especificaciones que Alistair me explicó del Airbus ACH160 la última vez.

«Dile a Alistair que aún no se vayan, por favor. Te acompañaré a Liverpool, después regresaré en tren».

Me jugaría el todo por el todo. Regresé corriendo por mi maleta y mi mochila; formé una guanteleta y Ceniza brincó en ella, fundiéndose en llamas.

Salté por la ventana y corrí; no había tiempo para fingir ser humano.

Cuando Rachel me vio, solo negó con la cabeza, se subió al helicóptero y Alistair despegó.

Su rostro molesto porque no había respetado su petición sería lo último que vería de la hechicera.

Me quedé caminando por los terrenos de la escuela, sin rumbo.

El edificio F ya no significaba nada para mí; nuestra cancha se veía abandonada y sola.

Rachel se llevó el cuarzo activador de Krug, así que solo era un montón de rocas.

Los salones, la cafetería... solo eran edificios vacíos. La biblioteca lucía...

—La biblioteca... Si bien la primera vez nos encontramos fue en mi habitación, todo inició en la biblioteca cuando encontré tu diario.

Corrí dejando mi maleta y todo al lado de los leones de la entrada. Miré hacia arriba y noté cómo los pisos superiores, que estaban ocultos entre los carismas, aparecían ante mí.

Brinqué desde los estantes que hacían un pentágono central hacia las salientes de cada uno de los pisos.

Busqué desesperado entre los estantes para ver si podía encontrar más huellas, o si el olor a chapopote me guiaba de nuevo, pero solo estaban algunos ejemplares abandonados que solía consultar cuando tenía dudas de las facciones.

No había pistas de Intrenoor. Me asomé esperando encontrar a Natalie como aquella vez antes de que descubriéramos la verdad del mundo y sentí un pinchazo de dolor.

Helson nunca fue mi hogar. Mis amigos y las chicas que amé y por quienes vendí mi alma eran realmente donde yo vivía.

Y sin ellos, oficialmente me había convertido en un indigente.

—Extracción.

En segundos se formó el portal que me permitiría tomar de nueva cuenta el control de mi vida.