Capítulo 20 El bien de la mayoría #2
—La casa Helson acepta su petición; nadie morirá en esta sala el día de hoy, gracias —Zane concluyó jadeando.
Sus alas se apagaron y Ceci lo abrazaba tratando de contener el infierno que era mi hermano con su menudo cuerpo.
Flo rompió su arte oscura, se puso en pie y nos arrastró hacia el centro de la sala.
—El señor Helson apenas y puede controlarse después de invocar el sello de la muerte con el que venció al enviado de Cebú; por favor, salgan lo antes posible —Florencia instaba a todos los presentes a salir corriendo por lo peligroso que era Zane. En segundos, la sala quedó vacía.
—Canciller Rossi, aún tengo algo más que decirle a usted —los ojos inyectados en odio de mi hermano y la manera en la que arrastraba las palabras eran aterradoras—. ¡Aproxímese ahora!
—Di... di... di... dígame, señor Helson —el hombre tartamudeaba y daba tropezones hacia el podio, manteniendo su distancia del vampiro.
—Catherine ha estado bajo el cuidado de la casa Helson todo este tiempo desde la muerte de su madre, y pronto la adoptaremos como hija. Solo quiero grabarme el rostro de la insignificante cucaracha que no se hizo responsable de ella y la dejó en el sistema.
—Cómo es que sabe...
—¿Que abandonó a su suerte a una niña que perdió a su madre por el qué dirán de sus indiscreciones extramaritales con una humana?
—Soy el maldito elfo maestro; el peso de mi casa se remonta a Inferno casi a la par de la suya. Usted debe de comprender, Zane, si se descubriera que alguien en mi posición y linaje se mezcló de manera tan imprudente con una humana... —el hombre tenía una mezcla de odio, culpa y vergüenza.
—Señor Helson, o Líder Supremo para ti, Rossi, pedazo de porquería —Zane rugió haciendo tropezar de nuevo al Canciller—.
No te mato en este momento porque será elección de Cat tu destino.
¿Y sabes qué? Cuando ella tenga la edad suficiente comprenderá que es tan amada en nuestro hogar, que lo mejor que le pudo haber pasado fue que su padre, poco hombre, la dejara a cargo de personas que darían la vida por ella. Ahora, largo de mi vista.
—Sí, señor... por favor, no haga pública esta información, sería el fin de mi carrera y de mi familia.
—Debería de operarse ahí abajo si no puede controlarse, Canciller, antes de que nuestro Líder Supremo lo obligue a transicionar manualmente; la última vez que se lo hizo a alguien fue un espectáculo horrible —comentó preocupado Claude.
El hombre lo miró con horror, asintió y salió corriendo de inmediato.
—Y corte... yo digo que se queda —comentó Florencia con picardía, aunque sus ojos se volvieron serios mientras miraba a mi hermano.
Por mi parte, sentía cómo el corazón se me salía del pecho.
Rachel y Natalie me soltaron de inmediato la mano, pero no pude recordar en qué momento nos sujetamos los tres—.
Pero dime, genio, ¿en qué momento ataste los cabos?
Porque ni siquiera Ceci estaba segura de quién era el engendro que dejó a la niña en el sistema cuando llegó a la mansión.
Zane soltó un suspiro pesado, apoyándose en el atril mientras su energía terminaba de disiparse.
—Desde que Drake capturó a Cat en diciembre —confesó Zane, mirando hacia un punto invisible en el auditorio—.
Estuve investigando por qué le podía interesar la pequeña para llevársela.
Fue un riesgo no calculado por su parte, a diferencia de todo lo que nos ha mostrado; tanto que casi le cuesta la vida a ese idiota.
No encontré una razón mística o de poder en concreto, pero esa búsqueda me llevó a la oficina que tramitó que Cat fuera ubicada con Ceci.
En cuanto vi el expediente sellado por el Consejo y comparé las firmas...
comprendí que Rossi y ella estaban relacionados.
Pero fue más que evidente al verlo de frente: hay mucho de él en Catherine.
Lo único que puedo llegar a pensar es que Drake no la quería por ser especial, la quería por el secreto que Rossi mataría por ocultar.
—Lo de la niña es interesante, ¿pero notaron al maldito anciano de la fila cinco? Creo que se defecó en los pantalones con lo del sello de la muerte y todo el teatro que armamos —comentó Claude mientras se atacaba de risa.
—¿Todo fue mentira? —pregunté incrédulo ante las risas que trataban de reprimir Zane y Ceci.
—No exactamente. Si no cambiaban de opinión posiblemente sí me los iba a tener que llevar, pero esperé lo mejor y funcionó —en ese instante, debajo de su piel pálida, las ojeras, el traje de miles de dólares y los excesivos productos para el cabello, vi un trozo del alma de mi hermano: Zane y sus estúpidos planes a medio masticar, siempre apoyados por sus amigos que esperaban lo mejor.
—Ya sabes el dicho, Gabriel: a los niños malos se los lleva el Zane en su bolsa —Florencia comentó mientras tarareaba una canción infantil de su invención.
—Todos son unos malditos orates, no lo puedo creer —dije mientras salíamos aún con el corazón en la mano.
A nuestros costados, nerviosos equipos de seguridad se hacían presentes en todo el edificio a la espera de que algo ocurriera.
Para este punto todo el personal había sido evacuado y los Cancilleres posiblemente estarían corriendo despavoridos para regresar del maldito lugar del que llegaron.
Sentí un poco de satisfacción al pensar que todos se despertaron en sus hoteles pensando qué desayunar y que sería un aburrido día de votaciones normal.
No podía creer que esas personas estuvieran a cargo de tomar las decisiones difíciles que afectaban al mundo.