Capítulo 20 El bien de la mayoría
Cuando nos bajamos del auto, las chicas fueron con sus “mentores” electos.
Claude y Natalie se saludaron como si aún Ángela los uniera, y Rachel y Ceci retomaron una conversación que habían dejado en pausa por mensajes.
Después de todo, cada vez que desaparecía para hacer algo de Drake, ellos llegaban para estar con mis amigos.
Era más que obvio que tuvieran su propia agenda que no me incluyera, sobre todo ahora que no formaba parte de ellas para nada.
—¿Quieres que hablemos de algo? —Florencia me rodeó con un brazo mientras caminaba conmigo hacia la entrada del edificio.
Yo negué con la cabeza aguantando las lágrimas; solo la sujeté de la cintura con fuerza y apoyé mi cabeza en su coronilla.
Sentía que si la soltaba me derrumbaría—.
Está bien, está bien. Todo a tu edad parece el fin del mundo, Gabriel; qué suerte que en cualquier momento puede pasar.
—Ahora entiendo por qué eres la gemela de Zane —dije mientras los ojos se me irritaban de manera molesta.
—Lo sé, ambos tienen suerte de contar con su Flo de confianza —su preciosa sonrisa y sus ojos iguales a los de mi hermano me hicieron pensar en un escenario en el que ella hubiera crecido con nosotros como hermana.
Sora, Ceci y supongo que Bee serían las chicas que han estado toda la vida detrás de Zane, y juntas las cuatro habrían cuidado de Chuck y de mí, guiándonos en los desatinos de crecer.
Tal vez así debió de haber sido—. Sabes, las mejores conversaciones de la vida las he tenido con tu hermano en las alturas.
¿Alguna vez has ido a Venezuela? —Negué de nueva cuenta—.
Bueno, qué clase de gemela sería si no puedo cuidar de ti ahora que Zane está volviéndose loco con los asuntos del mundo oculto.
—Tal vez podríamos ir un día —dije cuando nos hicieron señas para tomar un elevador.
—Es una cita, corazón, el monte Roraima nos espera; tal vez podamos hacer parapente dragón.
—¿Qué diablos es eso?
—Es un nuevo deporte que estoy promocionando. Básicamente me monto arriba de un escuincle dragón como tú, hago que saque sus alas y volamos por doquier.
—Suena como una increíble atracción turística.
—Oh, sí, es el futuro. Bueno, primero entremos y asegurémonos de que exista uno.
Subimos todos en el ascensor hacia un piso el cual no pude ver porque Zane y Claude me tapaban el tablero; pasamos por una segunda recepción hacia el auditorio en el que se definiría cómo enfrentaríamos la amenaza de Drake.
De nueva cuenta mi imaginación me llevó a la decepción; cuando me hablaron de una reunión de Cancilleres yo imaginaba túnicas, peinados extravagantes y asientos voladores.
Así que guardé mi sable de luz y regresé a la realidad.
Solo era un auditorio que olía a un pesado aire acondicionado y a los perfumes de mucha gente vieja en un mismo lugar.
La reunión de Cancilleres del mundo oculto no era más que la réplica de las imágenes que muestran los noticieros cuando sale algo respecto a cámaras de senadores, congresos o parlamentos; no había diferencia entre aprobar una nueva ley de hacienda o terminar con el sistema de carismas para evitar un genocidio.
El Canciller Rossi presidió la reunión. Sus ojos azules eléctricos y su cabello rubio en melena corta me resultaban muy familiares, pero aún no podía distinguir dónde lo había visto.
La primera hora fue solo para abordar lo que sabíamos del problema; ya estaba afectando a Asia y era cuestión de tiempo para que se propagara por todo el mundo.
Se presentaron imágenes de cómo lucía el virus, pero seguían sin entender cómo podía atacar a los carismas; se estaba mezclando ciencia y magia oculta, lo cual era un conflicto normal.
Cómo aterrizar lo medible, comprobable y exacto con lo extraordinario que, si bien formaba parte de nuestra realidad, aún guardaba muchos misterios.
Incluso hablando de las facciones que habían sido más estudiadas, aún había cientos de incógnitas respecto a su creación, origen y cualidades.
El resto de la sesión, después de escuchar un montón de opiniones, cada una más desinformada que la anterior, solo esperaba que fuera nuestro turno de hablar.
—Para concluir esta reunión —anunció Rossi. Era nuestro momento—. Me gustaría cerrar con una votación. Desde sus asientos elijan sí o no: ¿nuestro mundo debe de seguir estando oculto bajo el amparo de los carismas ante el humano y aceptamos como daño calculado la población de riesgo?
El cálculo en la pantalla fue un aplastante "sí" a favor de mantenerse ocultos.
—Zane —Ceci llamó la atención de mi hermano, quien se puso en pie y caminó hacia el estrado.
—Nosotros tenemos algo que decir, Canciller Rossi —el hombre rubio se sintió insultado con la intromisión de mi hermano, mientras un montón de murmullos comenzaron a hacerse presentes.
—Señor Helson, aceptamos su presencia como testigo de que la opinión de todos se ha pronunciado con transparencia, y que la mayoría siempre superará los casos aislados.
Pero por más influyentes que sean las casas Helson, la Walker y de donde vengan nuestros invitados más jóvenes, no tienen peso en este consejo.
—Por el contrario, Canciller Rossi. La casa Helson, la Walker, la Serrato, la Sayenko, la Evans y la Hunter tienen más peso en esta conversación de lo que damas y caballeros, ustedes, quieren y estarán dispuestos a admitir —¿desde cuándo mi hermano hablaba como político y mafioso al mismo tiempo?
—. Evidentemente el daño calculado es más que aceptable cuando no aplica a ninguno de ustedes.
Pero esa indiferencia no se vio presente cuando me hablaron para felicitarme por vencer al enviado de Cebú. ¿Y quiero saber por qué?
—Es más que obvio, señor Helson, que una invasión de Inferno es un peligro para el mundo oculto y el no oculto. Una hazaña de tal índole es digna de reconocimiento; el bien de la mayoría es lo único que importa —el Canciller Rossi habló rápidamente, quitándole importancia a lo que decía.
—Me alegra que lo mencione —Zane rió con malicia—.
Porque esta mañana recibimos tristes noticias.
El Último Círculo nos hizo saber que, si no mataba a cada uno de los integrantes de este consejo, no nos daría la vacuna para salvar a las millones de personas que viven bajo el resguardo de los carismas.
Pero me tranquiliza saber que su postura y sus valores están alineados con lo que yo defiendo y creo.
—¡Esto es un ultraje, Zane Helson! —gritó Rossi por encima de las conversaciones que habían dejado de ser murmuros para dar paso a la locura—. El magnicidio lo enviará directamente a Inferno, o le será aplicada la tercera sentencia.
—Y aceptaré con gusto la condena, por el bien de la mayoría, así como ustedes.
—Señorita Helson, señor Walker, ¿no dirán nada ante los delirios de poder de este sujeto?
—Lo lamento, señor Canciller —Cecilia inició hablando con un tono bajo y triste, cargado de resignación—.
Los representantes de las demás casas y su servidora estamos presentes en esta reunión ya que le pedimos a mi esposo que escuchara razones y que buscara una solución más digna de nuestro entendimiento, posición y sabiduría, por medio de los representantes de Terra.
Ya que él no solo tiene que velar por el mundo oculto y el no oculto; todos los días tiene que asegurar el equilibrio de ambas dimensiones, y la muerte de quinientos o menos funcionarios electos de manera popular le representa un daño calculado más que razonable.
¿Pero es evidente que la postura de este honorable consejo no se verá afectada por esta nueva información, correcto?
El silencio se hizo presente mientras caían las máscaras de hipocresía y magnanimidad de los representantes.
—Querido Zane, me temo que tenías razón, las demás casas declinamos nuestra petición; por favor, procede —Claude se tapó el rostro de manera dramática y negó con la cabeza.
—Señorita Serrato, por favor —mi hermano reclinó la cabeza en el micrófono y se dirigió a Flo, mientras el Canciller Rossi, ante la presencia de Zane, cayó de espalda y con las piernas se arrastraba hacia atrás tratando de ganar distancia con el vampiro.
—Les pido una disculpa a todos. CONCLAVIS CLAUSA. MURI ERIGUNTUR. SPIRITUS VINCUNTUR. HIC MANEBITIS. NULLUS EXITUS. CARCER AETERNUS NOMINE TENEbrARUM SEGNATA EST.
—¿Qué está diciendo Florencia? —Rachel le preguntó a Natalie en voz baja, quien lucía aterrada.
—«La cámara está cerrada. Los muros se levantan.
Los espíritus están atados. Aquí permanecerán.
No hay salida. ¡La cárcel eterna en el nombre de las tinieblas está sellada!
» —Natalie traducía a la medida de sus posibilidades, mientras los ojos de la hechicera se salían de sus órbitas con cada palabra.
Zane comenzó a liberar un montón de energía y extendió sus alas.
Se sujetaba del atril con los ojos cerrados agachando la cabeza, en señal de disculpa.
La fuerza era tan monstruosa que Fang se activó cubriéndome completamente, mientras Ceniza siseaba alterada, recorriendo el interior de la armadura convertida en llamas.
En ese momento la pantalla comenzó a emitir un ruido, haciendo que todos miráramos hacia el frente. La gráfica se invirtió: los miembros habían votado en contra de la indiferencia.
—Gracias por su sacrificio —concluyó Zane y abrió los ojos, mientras su rostro se distorsionaba en la maldad encarnada.
—¡Zane, no los mates, han cambiado de opinión! —Ceci gritó corriendo desesperada hacia el vampiro, quien se disponía a comenzar con la masacre—. ¡Aún podemos pelear todos juntos contra el Último Círculo y buscar una cura!
Los gritos de los asistentes incluían frases como: "merecen vivir ocultos", "aún tenemos tiempo", "ayudemos a todos, no solo a la mayoría".