Capítulo 19 Ciego por el orgullo #2
Sentir resentimiento con ambas me dolía y me hacía sentir avergonzado.
Yo las amaba, no podía faltarles al respeto de esa manera.
Aun así, el despecho me hacía navegar por aguas muy oscuras en las que me resultaba fácil perderme al estar en mi habitación o la biblioteca.
Era un fastidio la cantidad de tiempo libre que tenía; después de todo, con fines de semana libres y sin exámenes a la vista, solo tenía que hacer mis deberes, salir a pasear con Ceniza y evitar a Donna, quien desde que comenzó a tener amigos a raíz de ser fan de Afterlight, los rumores sobre ella prácticamente desaparecieron.
Ya no tenía tanta oportunidad de sentarse con nosotros en las comidas.
Pero si me veía por los pasillos, no perdía oportunidad de mantenerme informado de sus actividades.
Zane me avisó que la segunda semana de marzo sería la audiencia con la cámara de Cancilleres del mundo oculto, que se traducía en los presidentes de los gobiernos ocultos detrás del de los humanos.
Si bien no tenían injerencia real en los países, ellos gestionaban las facciones; con una estructura burocrática en todos los niveles, mantenían el orden y la soberanía de cada país.
Qué asco sentía al pensar en política. A la reunión acudirían Ceci, Claude, Zane, Florencia, Natalie, Rachel y yo.
Al principio se me hizo increíble que me acompañaran, pero ambas ya habían aceptado las invitaciones de Claude y Ceci antes de que yo les comentara algo.
La excusa de nuestra ausencia a clases fue que nos habían invitado a un ejercicio de la ONU, lo cual, de manera un poco rebuscada, en realidad sí haríamos, así que nos llevaron en uno de los vehículos de la escuela.
—Debiste peinarte un poco —comentó Rachel viendo hacia la ventana del vehículo.
—Y planchar tus pantalones —Natalie agregó sin darle importancia.
—Yo creo que los Cancilleres tendrán más de qué preocuparse con una amenaza global que por cómo luzco, ¿no creen? —comenté de mala gana ya que ninguna se dignó a verme a los ojos.
—Como te ven te tratan —finalizó la hechicera.
—Entonces, a los ojos de ambas, debo de lucir como una bolsa de basura, porque es como me han tratado todo este tiempo.
—No creo que sea el momento ni el espacio para hablar de esto —Natalie por primera vez me miró mientras sus pecas se unían en su ceño fruncido y sus ojos brillaban con el verde.
—¿No harás un carisma para tener un poco de privacidad? —pregunté ante la falta de acción de Rachel.
—No sabemos cómo actúa el virus, Gabriel.
Si solo ataca a las personas bajo el velo de los carismas o también a los que los usamos —dijo en un susurro.
Me le quedé viendo y la hechicera desvió la mirada cuando nuestros ojos se cruzaron.
Las sentía como extrañas en el cuerpo de las personas que más amaba.
—Sé que no les interesa, pero estoy pensando en enrolarme con O'Reilly —aprovecharía que no podían salir del auto para mantenerlas al tanto de lo que había pasado.
—Estás loco. Ya es suficiente que Drake esté detrás de ti.
Florencia me dijo que ese tipo lleva tiempo detrás de Declan y Zane —reprochó Rachel con un tono de desprecio—.
Su principal fuente de reclutas son los hijos de Souldiers que quieren vengar a sus padres y personas que necesitan estructura en sus vidas.
—Por eso Claude está tan al pendiente de Fred y Donna desde lo de sus padres; no tardarán en buscarlos —sentí que la sangre me hirvió ante el comentario de la lither.
—Vaya, ahora es Fred.
—Mira, Hunter, estoy más que cansada de tu actitud.
No sabes lo que quieres, no haces nada por tenerlo y aparte te estás volviendo hostil y cretino —Natalie tiró a matar con su frase—.
¿Crees que no me enteré que empujaste el otro día en el pasillo a uno de los amigos de Fred de tiro deportivo que te dijo “el papel de Kyrle Resse será interpretado ahora por Frederick Romano”? Se le botó la clavícula.
—Llevo semestre y medio tolerando sus estupideces, tarde o tarde iba a pasar —recordé el incidente y la cara de terror del chico cuando salió volando tres metros por el pasillo; pensé que me reportaría pero supuse que el incidente con el equipo de lacrosse y cómo terminaron lo hicieron pensar las cosas.
—Además, Gabriel, deberías de llevarte mejor con tu cuñado, ¿no crees?
—la indiferencia y tranquilidad con la que la hechicera lo dijo me sacó de mis casillas—.
Si Natalie y Romano comienzan a salir, lo más natural es que tendrán los cuatro “súper extrañas dobles citas” los sábados.
Me encanta cómo las cosas van evolucionando para ti.
—Creo que la hostilidad por parte de mis cuñadas es normal.
La primera me quiso matar el año pasado dos veces y las otras seis querían exponerme y desangrarme frente a todos en el comedor.
Que yo tome la delantera con Romano y lo quiera hacer trizas es un giro refrescante, ¿no creen?
—dije arrepintiéndome de lo que implicaba mi estúpido comentario sobre una relación que no tenía con Donna.
—Qué imbécil eres —Natalie comentó negando con la cabeza.
—Bueno, ya no tendrás nunca ese problema de mi parte; mis hermanas no te volverán a molestar —Rachel giró la cabeza de nuevo a la ventana y se desconectó.
—Supongo que esto era lo que te faltaba por decirme, ¿no?
Todo el drama que hicimos todo este tiempo los tres llegó a su fin.
Donna es la nueva lither en tu vida; me pregunto cuándo aparecerá la nueva hechicera a invadir.
Por cierto, tampoco te preocupes por Ángela más —la pelirroja sacó el celular y se perdió haciendo scroll.
—Les agradezco a ambas —la maldita voz se me quebró y un pinchazo en el maxilar hizo que se me escapara una lágrima que me limpié presionando mi nariz, como si estuviera estresado.
El resto del viaje lo pasé en silencio. El momento en el que busco sus manos y les ruego que me perdonen nunca llegó; la humildad con la que debía llevar toda esta situación se vio tan opacada con tantos sentimientos de despecho y celos que me estaban consumiendo.
Mi propia voz fue raptada. Mi ensimismamiento terminó con el viaje: llegamos a un enorme edificio de cristales, ahí ya nos estaban esperando los demás.