Capítulo 19 Ciego por el orgullo
Las noticias comenzaron a llenarse de lo mismo: un montón de ecos aislados, hasta convertirse en una ola de histeria y desinformación general.
Comenzaron a haber muertos, también desgarradoras noticias de doctores despidiéndose de sus familias antes de encerrarse en hospitales repletos.
La gente comenzó a acaparar insumos y también los saqueos se hicieron presentes.
Surgieron las típicas teorías conspiranoicas que decían que todo era un invento del gobierno —¿de cuál?
— para controlarnos, y un montón de videos de cómo hacer búnkers para el fin del mundo.
Todo era un zumbido interminable. Y la única noticia que me interesaba saber aún no salía: cuándo habría cura.
—No puedo creer lo mucho que has crecido, Gabriel —Tyler me abrazaba con fuerza tronándome la espalda.
—¿Qué tal te va? ¿Todas estas chicas están locas por ti? —Johnny alborotaba mi cabello; después de bajarse del escenario mantenía su postura de rockstar unas dos o tres horas y después regresaba a ser el manojo de nervios y reflujo que era el resto del tiempo.
—No soy tan popular como ustedes, definitivamente —comenté sintiendo un pinchazo al pensar en las que se supone fueron mis chicas.
—Solo no cometas los mismos errores que el bestia de tu hermano. Tenemos prohibido hablar del desastre que hizo en Navidad, pero la hubieras pasado increíble con nosotros en el... —comentó Sam, mientras Tyler le tapaba la boca.
Después del funeral de Zane, huí tan rápido de América que olvidé lo importante que eran los chicos de la banda.
No sabía cuánto los extrañaba, pero sentí un poco de alivio al tenerlos aquí.
Cuando tocaron “One Day Less” y “Unranked Hero”, sentí cómo la vida que habíamos dejado Zane, Chuck y yo, lo que parecía hace tantos años, regresaba por unos instantes.
Los eventos de recaudación que hacían para el departamento de investigación de mis padres, los toquines en lugares muy cuestionables, las prácticas en el garaje y las fiestas en la alberca de la casa que rentaban.
Además, mi 14 de febrero iba fatal; necesitaba el apapacho de los amigos de mi hermano que me vieron crecer.
Con el dinero que les penalizaron a los agentes de O'Reilly la otra vez, me llegaron a mi cuenta algunas transferencias cuyo concepto era «Solomillo Wellington».
Fue una modesta suma de dinero y no supe si tomarlo como un bono o soborno, pero de alguna manera ahora era una especie de contratista independiente del Grupo de los Cien.
Parte de ese dinero costeó que Natalie y Rachel recibieran con educada resignación los bonitos arreglos de flores y los desayunos que les mandé.
No me molesté en ponerles dedicatoria en la tarjeta porque solo me interesaba que tuvieran un detalle de mi parte para este día.
Pero los rostros de las fotos que me enviaron de ambas, como prueba de que habían recibido sus “Desayunos cupido”, las hacían ver incómodas y molestas.
—Gabe, dime por Dios de dónde conoces a la banda —Donna, como toda una fanática, comenzó a sujetar mi playera.
Verla emocionada después de todo lo que se decía últimamente de ella y cómo Romano caminaba a su lado entre los pasillos mientras ella, con la mirada perdida, escuchaba música, era un agradable contraste.
—Son amigos de mi hermano; de hecho, son las estrellas de su disquera. ¿Quieres que te los presente?
—Yo no sabía que el profesor Helson tenía una disquera.
—¿Profesor? —Sam se rió a carcajadas—. Ese vago se autonombra doctor.
¿En qué? Solo él y sus delirios lo saben.
Si no hubiera sido por Flo, Ceci se hubiera quedado sin empresas con él como CEO.
Solo le falta inventarse algún puesto eclesiástico en alguna religión, ¿y ahora me dicen que lo tienen dando clases aquí?
¿No se supone que la maldita escuela es de las caras?
—Cada cierto tiempo tenemos que hacer una intervención, gordo. La última te tocó a ti. Ahora es el turno de Zane —Tyler sujetó de los hombros a su novio y lo zangoloteó con facilidad.
—Oye, fue completamente innecesaria e injustificada esa intervención; además sigo un poco ofendido al respecto.
—¿De verdad fue innecesaria? —Johnny se plantó ante su hermano negando con la cabeza—.
Nunca, jamás, en ningún país, llevar el cabello en mullet será una moda de la música.
A menos que estés atrapado en los ochenta o perdido en los Apalaches —comentó el baterista haciéndome recordar aquella vez en la que Samuel se emberrinchó para que todos, incluso Zane, llevaran el cabello igual reforzando su “identidad de marca”.
—Lo importante fue que me deshice de ese maldito letrero de intervención.
Estaba harto de sentirme en un mal episodio de How I Met Your Gay Father —tal vez solo necesitaba unas vacaciones con Zane y los chicos para superar todo el dolor y la falta de paz que me agobiaba—.
En fin, querida, ¿quieres tomarte una foto con nosotros?
—Ante la invitación de Sam, Donna, casi perdiendo la cordura, corrió dando brinquitos y moviendo las manos sin control detrás del escenario donde nos encontrábamos.
—¡Gabriel, tú también únetenos! —exigió la lither.
Los chicos solicitaron a su staff que nos ayudaran con la foto. Jonny, como siempre, posó con las baquetas cruzadas en el pecho; Tyler a mi lado haciendo la señal de rock y Sam del lado de Donna apoyando su guitarra en su pelvis, con una pose inapropiada.
—A la cuenta de tres —comentó la chica que hizo toda la cobertura del evento para redes.
Cuando llegó el dos, Sam sujetó la cabeza de la lither y Tyler la mía haciendo que nos diéramos un beso que hizo que chocaran nuestros dientes, mientras ellos sacaban la lengua y sonreían con malicia—.
¡Era video! Y listo, ya forman parte de nuestras redes —comentó la chica riéndose por lo que parecía una treta normal de la banda, mientras desaparecía con algo que no tenía que salir a la luz por mi bien.
—¡Espere, no, por favor! —me quedé hablando a la nada.
—Bueno, ya nos toca de nuevo; nuestros teloneros no tienen tanto repertorio aún —los chicos regresaron al escenario.
—Gracias, Gabe. Es la mejor noche de mi vida; sonaré como una chica tonta, pero de verdad los amo —comentó Donna, histérica.
—Me alegra que la estés pasando bien, Donna.
—Y gracias por no cambiar.
—¿De qué hablas?
—No estaba segura si cumplirías con lo que me dijiste, pero cada vez que nos encontramos sigues siendo igual de lindo conmigo. La verdad me sorprendió lo rápido que llegaron los rumores a la escuela; parece que nunca me libraré de ese idiota.
—Las personas solo tienen que ver lo genial que eres para descartar toda esa basura.
—Tienes razón, Gabe. ¿Seguirás escuchando la banda?
—Donna quería pasar un rato más juntos, pero no me podía permitir más malentendidos con la lither.
No tenía nada que ver con las estupideces que decían de ella; era triste porque ella en verdad me caía bien, y tal vez nos podíamos acompañar en esta mala racha.
Pero me conocía: el año pasado así me enamoré de Rachel, mientras Natalie estaba lejos.
Tal vez el hogar imaginario que ellas suponían para mí ya no existía, pero aun así me aferraría a la puerta y lo defendería para que nadie más entrara.
La lither y yo salimos de tras bambalinas; me disculpé con ella y la dejé disfrutando del concierto. Lejos del escenario me quedé escuchando las canciones nuevas de la banda y viendo el espectáculo de luces.
—La cosa está empeorando —Zane apareció en silencio, detrás de un árbol cerca de mí pero no lo suficiente para que Fang se alterara—. Ya hay familias enteras falleciendo y el gobierno no está haciendo nada, y tampoco nos permiten ayudar con el desarrollo de la vacuna.
—Tal vez tenemos que hablar con O'Reilly —comenté tranquilo, pero agradeciendo la presencia de mi hermano.
—O'Reilly solo es un peldaño más; tendremos que escalar las cosas. Pensé que te gustaría unirte —Zane lucía tranquilo, y soltó la frase tratando de no hacerme sentir comprometido.
—Solo dime dónde y ahí estaré.
—Aún no tenemos respuesta de cuándo nos atenderán, pero iremos hasta arriba del gobierno; te mantendré informado —Zane dio media vuelta.
—Zane... —pronuncié su nombre cohibido, tratando de alargar la conversación—. Fue genial que trajeras a los chicos —concluí sintiéndome frustrado al no haberme podido abrir con mi hermano respecto a mis problemas.
—Disfrútalos, Chap... Gabriel —el vampiro desapareció.
Las semanas avanzaron y febrero quedó atrás.
Natalie y Rachel prácticamente solo me dirigían la palabra cuando era realmente necesario y con una naturalidad que me resultaba insultante y dolorosa.
Yo sentía cómo tenía que sujetar las partes de mí que se destruían para poder contestarles, y ellas ya lo habían superado todo.
Tal vez simplemente había idealizado nuestro amor y los increíbles momentos que compartimos.
Natalie ya no estaba influenciada por Drake; ya no tenía que pensar obsesivamente en mí.
Y Rachel comprendió que su madre siempre tuvo razón y tal vez no quería para ella un falso Alistair que no podía ofrecerle una relación exclusiva ni nada de lo que ella estaba acostumbrada.