Capítulo 18 Encierro #3
—No te los comas, solo quémalos, no sabemos de qué porquería estén hechos, ¡escupe eso! —mi gata arrancaba cabezas y las consumía en un frenesí repugnante.
Los liches continuaban atacando con sus maldiciones y artes oscuras, pero éramos imparables.
En minutos habíamos terminado con la plaga mientras yo corría partiendo a los lanzadores de conjuros y Ceniza carbonizaba a las bestias.
El portal se cerró como un ojo; fuera de algunos mirones que, absortos por el carisma que humanizaba el combate, la plaza estaba vacía.
Cuando Fang desapareció, Ceniza regresó a su tamaño normal, apagó sus llamas y salió corriendo a cazar palomas.
Observé el maletín, tenía un post-it que decía “la combinación es tu cumpleaños. ¿Eres Géminis?”.
Cómo detestaba al maldito. Supuse que en minutos llegaría alguien del equipo de O'Reilly, así que me quedé en la plaza pensando en las chicas.
En la última vez que estuvimos aquí, era extraño pensar que Ángela ya no era el enemigo, Claude era un aliado imprescindible, pero el dolor inició pensando que a Rachel y Natalie ya no podía considerarlas más que conocidas.
—Nunca las di por sentado, siempre agradecí que estuvieran conmigo, y las amé con todo lo que podía ofrecerles. Maldita sea, ¿por qué me dejaron solo?
Después de unos cuarenta minutos, cuando supuse que nadie llegaría, unos sujetos aparecieron.
Se disculparon por la tardanza ya que estaban comiendo cuando pasó todo el embrollo en Trafalgar.
Yo tenía pensado solo darles el maldito maletín y largarme, pero me arrastraron de nuevo a las horribles oficinas del Grupo de los Cien.
—Bueno chico, la oferta sigue en pie, si vas a estar haciendo el trabajo de estos holgazanes al menos deberías de recibir una remuneración económica —dijo O’Reilly, preparando la más extraordinaria reprimenda para el equipo.
—Da igual, solo pensé que deberían de saber qué es lo que planea Drake y ver si pueden hacer algo con esto —puse 2605 en la combinación del maletín y se lo entregué al vampiro.
—Tal vez se pueda trabajar en una vacuna, pero la distribución será el problema, no sé si lleguemos a tiempo. Además está descartado hacer público el mundo oculto.
—Muchas vidas se perderán —escupí indignado.
—Sí, pero la seguridad de la mayoría es lo que tenemos que ponderar en este trabajo, chico.
Es un fastidio, pero conforme más estés con nosotros, verás que los casos individuales, por más desgarradores que sean, tienen un segundo lugar de importancia.
Tengo gente a mi cargo que han tenido que decidir entre un familiar fuera de control y la vida de las personas.
—No es un fastidio, es una porquería.
—Lo sé —admitió sujetando su barba.
—Por la distribución no se preocupen, desarrollen la vacuna; los Helson y los Walker son estúpidamente ricos, ellos se encargarán del resto.
—Maldita sea, tendré que hablar con el idiota de tu hermano para esto —el agente Jack frotó su calva. No entendía qué había pasado entre Zane y él pero era más que obvio que se sentía incómodo con la idea.
—Yo me haré cargo, de todos modos tengo que hablar con él respecto a Charles; necesitaré una de las fotos de ese archivo.
—A estas alturas, chico, es lo mínimo que puedo hacer por ti —O’Reilly sonrió aliviado—.
También necesitarás esto, creo que te será útil, solo tienes que decir “extracción” y te traerá aquí si por alguna razón un equipo nuestro no está cerca para enviarte a casa, porque decidieron que la seguridad pública podía esperar a su...
—El agente me entregó una especie de pulsera plateada con un dije rojo mientras esperaba la respuesta de sus subordinados.
—Solomillo Wellington, señor —un avergonzado recluta admitía, viendo al frente en posición de firmes.
—Claro, Solomillo Wellington. ¡La próxima vez que por comer lleguen tarde a algún atentado, les meteré generosas porciones de Solomillo Wellington por el trasero! —gritó con estridencia.
—¡Señor, sí, señor!
—Eso no aplica para usted, Patel, por su religión y género; solo se llevaría una multa económica. ¿Entendido?
—¡Entendido, señor! —respondió la agente con una rigidez que ocultaba un profundo alivio por no ser parte del "menú" de castigos de O'Reilly.
—Ni loco formaré parte de este circo, el ejército no es lo mío —le comenté al agente, mientras caminábamos lejos de los Soulediers—. Vengo de una familia de arqueólogos; la disciplina, los horribles cortes de cabello y los uniformes anticuados evidentemente no son lo nuestro.
—Aquí nos regimos por poder, chico. Entre más fuerte seas, más arriba estás del escalafón. Yo soy calvo, pero si pudiera presumiría por toda la oficina esa melena tuya, luciría mejor con mi cabello pelirrojo; además puedo traer botas vaqueras los viernes y camisas o playeras de manga corta.
—¿Y qué, me darían una bonita oficina de 2x2? —pregunté con una sonrisa cínica; por un momento el mal humor y la tristeza no me estaban quemando.
—Son 2.25 por 2.00 y no, yo tuve que esperar a que murieran varios directores antes de siquiera poder aspirar a una silla decente.
—Bueno, ¿dónde firmo?
—Pequeño cretino, ya lárgate a casa.