El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 15 El mismo error
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Capítulo 15 El mismo error

Creo que nunca me acostumbraré a brincar por los malditos portales.

El mareo, el vuelco en el estómago y la necesidad de aferrarme a lo primero que esté a mi alcance son factores que me hacen pensar en lo agradable que es subirse a un avión o a un tren.

Cuando dejé de ver borroso, observé una instalación de gobierno extrañamente común: oficinas al fondo, personas llevando archivos, un aire acondicionado saturado al que le faltaba mantenimiento y la sensación de que la gente esperaba su retiro tras haber pasado el último tercio de su vida en los mismos malditos cubículos.

Todo era gris y olía al más barato de los limpiadores de pisos.

En cuanto llegamos, el grupo se dispersó y fui guiado por O’Reilly a lo que supuse serían las celdas.

Siempre pensé que mi arresto sería más dramático: esposas, cientos de armas apuntándome, las luces azules y rojas deslumbrándome el rostro...

tal vez las chicas forcejeando y llorando mientras gritaban que no me llevaran.

Pero esto era tan distinto que no pude evitar sentirme decepcionado.

¿Qué tenía que hacer para conseguir algo un poco más «hollywoodense»?

Supuse que Rachel, a estas alturas, me diría que soy demasiado americano y que amo el drama.

Después de tantas series y películas, tenía mis estándares.

Entramos en una pequeña habitación; era una oficina con una computadora notablemente vieja y un escritorio con tres sillas que lucía diminuto comparado con el gigante que era el oficial Jack.

En la parte trasera había repisas con certificados, premios y el retrato de lo que supuse era la familia del vampiro: una preciosa mujer morena con ojos color miel y un bebé igual de calvo y blanco que Jack, en una increíble playa que supuse era de México por las banderas a lo lejos.

—Se ve que son una familia feliz —puntualicé, mientras el hombre se sentaba y su silla lucía inadecuada para su titánico cuerpo.

—Lo seríamos si pudiera estar con ellos, pero contigo aquí estoy cada vez más cerca de poder regresar a casa. ¿Te molesta si fumo? —El agente no esperó mi respuesta para encender su cigarrillo—. En fin, supongo que sabes por qué estás aquí.

—No me gustaría equivocarme —comenté, sintiendo la habitación aún más claustrofóbica.

—Bueno, llevamos todo el mes intentando detener el origen de los incendios. La agente Mujtar, a quien obviamente conoces, lleva días en recuperación tras estar semanas lidiando contra las llamas. Al inicio no sabía qué pensar de ti, pero evidentemente estás del lado correcto, niño dragón.

—No estoy comprendiendo, agente. —Cuando pensé que era hora de intentar escapar antes de perder la memoria o de que me pagaran un viaje a Inferno, resultó que estaba del «lado correcto».

—Bueno, el presumido e idiota de tu hermano es el héroe de Nueva York; todo el mundo lo vio volando y peleando contra el Kraken de Cebú.

Y tal vez tú no te enfrentaste a la realeza de Inferno, pero hiciste lo necesario para apagar las llamas que esos malditos iniciaron en Los Ángeles.

Supongo que, después de todo, decías la verdad cuando nos vimos en El Cairo.

—El vampiro esbozó una sonrisa mientras sacaba de un cajón un folder y me lo acercaba.

—¿Qué es esto? —pregunté antes de poner mis manos en algo que me pudiera incriminar. Era interesante ver cómo mi paranoia, desde que había llegado, estaba revolucionando mi cerebro.

—Tengo una sospecha de por qué tú y tu hermano siguen librando estas increíbles batallas en las cuales nuestra organización y las de los gobiernos ocultos siempre llegamos tarde.

Cometí el error de adelantar conclusiones con ambos el año pasado, así que me gustaría escucharte primero a ti, Gabriel.

—¿Qué estaba pasando con los cretinos que hicieron mi vida un fastidio desde que inicié en Helson?

Todos estaban, dentro de sus posibilidades, redimiéndose: O’Reilly, Claude...

si por alguna razón Thompson llegaba a pedir disculpas, sabría que una conspiración mayor se estaba gestando.

Justo en ese instante me sentí avergonzado al pensar que tal vez Alistair y yo no solo teníamos el mismo rostro; imaginé a Rachel diciéndome que me callara y que entre más viejo, más loco y paranoico me volvía.

—¿Charles? —Un montón de fotografías tomadas a lo lejos mostraban a mis padres con Drake, Neferura y Chuck en diferentes lugares del mundo, incluyendo Luxor—. ¿Qué demonios hacían en Egipto?

—Esta foto fue tomada semanas después de que «El Último Círculo» nos declarara la guerra.

Esto aún no escala a ser nombrado la Quinta Guerra Mundial Oculta, pero si las facciones y los países incorrectos se ven involucrados, tendremos que esperar que tu hermano se haga cargo de todo lo que Inferno nos arroje.

Ahora bien, ¿ustedes dos se deslindaron de su familia cuando comenzaron a trabajar con «El Último Círculo»?

—Se equivoca, oficial —lo interrumpí, golpeando suavemente el escritorio para enfatizar mis palabras—.

Mis padres son arqueólogos, no estrategas del terror.

Ellos van a donde la universidad los manda; Drake simplemente ha sido lo suficientemente retorcido para manipular sus expediciones y que coincidan con sus intereses.

Son rehenes no informados, Jack. Lo único que detiene a mi hermano de cazar activamente a Drake y arrancarle la cabeza ahora mismo es precisamente eso: Zane sabe que ellos son inocentes.

Teme que, si lanza un ataque directo, Drake use a Chuck y a mis padres como escudos o que los elimine por despecho.

—Aprovecharía la apertura del oficial lo más posible como la única ventana para que Chuck y mis padres no se vieran implicados en lo que estaba tramando ese malnacido.

—Escucha, hijo, comprendo que quieras defender a tu familia, y tal vez tengas razón sobre tus padres, pero tu hermano Charles es el nigromante encargado de proveerle toda clase de pestes que Clue Darkfire ha utilizado en sus atentados.

Aparentemente, Clue siguió los pasos de sus padres adoptivos después de lo que hicieron con las Torres, pero descuida; como dije al inicio, es más que evidente que ustedes dos están del lado correcto.

—Charles es solo un niño, no puede ser un nigromante.

Él es humano —dije tartamudeando, sin dar crédito a todas las fotos y documentos del archivo: pergaminos, reportes, notas y fotografías donde una y otra vez mis padres, Charles, Drake y Neferura trabajaban en equipo en diferentes lugares arqueológicos.

Lo que me desencajó más fue ver el mismo objeto una y otra vez en las manos de Charles: un libro de color sangre con una piedra similar al Corazón de Intrenoor en el centro y, alrededor, grabados que no comprendía.

—Tan humano como tú y Zane Helson. Aun así, el chico posee el Necronomiconm.

No sabemos de dónde diablos lo sacó; se supone que era solo un grimorio de fantasía, pero evidentemente Abdul Alhazred fue la advertencia literaria del mal que había caído en Terra.

Perdí a mi más prometedor equipo para tener acceso a esta información.

Como sabrás, el archivo no puede salir de aquí, pero creo que debería ser algo que tú y el rubio deberían tomar en cuenta.

Un intrusivo temblor se apoderó de mí, haciendo que se me resbalara el folder.

Sentí cómo el aire me faltaba y la maldita habitación se hacía aún más asfixiante, como si alguien se hubiera pasado con la temperatura de la calefacción, como si todo estuviera girando.

Charles también formaba parte del mundo oculto y, por mi estúpida decisión de «protegerlo» de sus peligros, ahora estaba bajo la influencia del peor desgraciado que lo pudo tomar como pupilo.

No sabía qué le diría a Natalie; era culpable de la misma estupidez que cometieron sus padres con Angela y ella.

Y ahora las autoridades habían puesto un blanco en la espalda de mi familia.

—Escucha, sé que no es necesario que te asignemos un Artículo como a los chicos que cuida tu hermano y la señorita Helson.

Además, niño dragón: padres humanos terroristas, hermano vampiro y hermanito nigromante...

no creo que esté en ninguna ley de facciones, aunque he visto de todo en una ley extraña del estado de Jalisco —me hubiera gustado ser mejor en geografía para ubicar el estado al que se refería—.

Pero si quieres enrolarte como Souldier, necesitamos mucha ayuda aquí.

Sería bueno contar con alguien como tú; se te asignaría un sueldo, presupuesto para estas excursiones y te aseguro que no estarías varado esperando aviones de regreso a casa.

—¿Cómo supo que me quedé varado? —pregunté mientras sentía cómo Ceniza se movía jugueteando dentro de la mochila en el piso.

—Somos el gobierno, hijo, lo sabemos todo.

Bueno, no todo, pero cuando no sabemos algo, de verdad pasan cosas feas.

—La manera ligera en la que se dirigía a mí distaba mucho de nuestro último encuentro—.

En fin, tengo una junta en diez minutos.

Quieren demoler mi oficina para hacer algo llamado «espacios abiertos» y tengo que ver a qué ridícula centennial que lleva cinco minutos en Recursos Humanos se le ocurrió tal estupidez para explicarle que tener una oficina es algo por lo que se trabaja y que, si atenta contra mis 2.

25 por 2.00 de privacidad, le aplicaré la primera sentencia.

En fin, fue bueno verte, chico. Estaremos en contacto.

Pide por favor a mi asistente que te envíe a Helson de regreso, supongo.

—Con permiso. —Tomé a Ceniza y caminé aturdido fuera de la oficina, mientras de manera automática arrastraba los pies hasta el escritorio frente a la oficina de O’Reilly. En minutos, de nuevo me encontraba en casa. Otra vez, me sentía sobrepasado.