Capítulo 13 Eros vs Philia #2
—Lo que pasa... —En estos momentos no quería hablar al respecto de mi hermano—. Linsey, casi lo olvido; tu encargo quedó hecho, Romano ya duerme con los peces. —Técnica de distracción nivel: Corleone.
—¿Lo mataste? —Linsey y Dyl se frenaron en seco.
—¡Dios, no! Solo le partí el trasero. —Tal vez me había pasado con el nivel de la técnica—. En fin, dudo mucho que nos vuelva a molestar.
—Gabriel, activa a Krug. Debo esforzarme más y dejar de hacerme el tonto. —Dil, con furia en su mirada y una seriedad que no era propia de él, se dirigió al centro de la cancha.
—Hermano, ¿qué pasa? —pregunté al chico al pensar que mi comentario lo había hecho enojar.
—En diciembre no pudimos hacer nada para ayudarte, y el jueves simplemente caí inconsciente ante ese imbécil. Aun así, seguimos contando con que tú nos defenderás o estarás ahí para vengarnos. Ya no quiero ser ese lastre, Gabriel; quiero que te puedas apoyar en nosotros.
—Gordito hermoso, no me dijiste que te sentías así —Linsey comentó en voz baja y con culpabilidad, posiblemente por su encargo.
—Es algo que he pensado desde diciembre. Gabriel siempre está para nosotros, ¿cuándo estaré yo para él?
—Lo has estado desde el primer día, Dyl.
Yo ni siquiera sabía tu nombre y aun así tú le ayudaste a Nat a ponerme en cama después de que me sentí mal.
Gracias a ti ganamos en "atrapa la bandera" y desde entonces todos hemos estado unidos.
Además, cuando estuve en la enfermería después de pelear con Drake, no te despegaste de nosotros por días.
Y ustedes son los únicos que comprenden lo de Natalie y Rachel.
Sin ti yo no podría afrontar toda la desastrosa situación ni mis agobios.
—Dylan no daba crédito de todo lo que él significaba para mí y lo mucho que me apoyaba con el simple hecho de ser mi amigo.
—¿Entonces no soy tan inútil, verdad? —Linsey lo abrazó para estrujarlo con ternura.
—Para nada, viejo. Ahora activa tus cuarzos; es hora de que por fin venzas a Krug.
El entrenamiento fue particularmente intenso.
Dyl y Linsey rodeaban al golem con precaución mientras arrojaban los cuarzos para desestabilizarlo.
Dyl arremetía con fuertes golpes que hacían que la mole se tambaleara mientras mi amiga, al igual que lo había visto cientos de veces con Rachel, mantenía su distancia buscando la apertura perfecta para quitarle el cuarzo activador que el golem llevaba en la nuca.
Solo tuve que intervenir un par de veces para evitar los golpes que podrían verdaderamente herir a los chicos, pero lo hicieron bien.
Ninguno de los dos se rindió hasta que por sus propios medios desactivaron a Krug, el cual cayó deshecho en un estruendo de piedra y polvo.
Mientras los chicos celebraban, yo no podía dejar de pensar que, al igual que ese golem, mi tranquilidad se desmoronaba trozo a trozo.
Cuando mis amigos se fueron me quedé limpiando un poco la cancha; recogí las rocas y barrí los trozos de arcilla rota.
Dejé todo luciendo impecable, tomé el yogur y las galletas que había dejado en la mesa de química de Rachel y me senté en el sillón.
Comencé a desayunar mientras lanzaba escamas a la diana tratando de distraerme.
—Excelente refugio, Gabriel. Yo le pondría un microondas y haría algo con la red, pero tengo que admitir que es acogedor.
—El sobresalto al escuchar esa maldita voz —tranquila, llena de soberbia y con una fingida educación que reconocería en cualquier parte— hizo que tirara mi yogur. Drake por fin había aparecido.
—¿Qué demonios haces aquí? —pregunté mientras me ponía en pie, tratando de disimular el temblor en mis piernas. Corrí para golpearlo, pero perdí la voluntad de dañarlo; el maldito se veía aún más enorme que la última vez.
—Bueno, querido niño, es alentador que corras ante mi presencia para saludar; me haces sentir importante.
Si mal no recuerdo, tú y yo tenemos negocios pendientes.
—Drake esbozó una maligna sonrisa—. Tal vez no estés enterado, pero una serie de incendios ha azotado la calma de las buenas personas en Los Ángeles.
—Eres un maldito, fuiste tú. —Pensé en todas las noticias y la cobertura masiva que había visto en las últimas semanas respecto a los incendios en California.
—¿Qué te parece si les damos una mano? Aparentemente los bomberos y las autoridades ocultas no se están dando abasto; es como si mi fuego se alimentara de algo más que oxígeno y carbono.
—Mientras se tapaba la boca con una falsa preocupación, Drake continuó—: Me temo que encontré la manera de ir quemando poco a poco la red de carismas.
Pronto las facciones no podrán ocultarse bajo su velo.
Si tan solo tuviéramos un héroe dragón inmune a las llamas que pudiera apagarlas...
—Deja de jugar conmigo, tú no quieres que desmantele tus planes. ¿Por qué me estás diciendo esto? —Sabía que tarde o temprano, después de aceptar, sería reducido a un simple peón para Drake, pero no saber el trasfondo de mis propias tareas me resultaba por demás frustrante.
—Al contrario, Gabriel, es justo lo que quiero que hagas.
Además, te recuerdo que yo no tengo por qué mentirte, ¿verdad?
Ahora bien, ¿te pondrás en pie para salvar a los dulces y tiernos angelinos, o te quedarás aquí a terminar tu refrigerio?
Speculum Portalis. —Una versión pequeña del arte oscura con la que partió el cielo en el templo funerario se hizo presente.
—¿Qué pasará con mis amigos si me voy? —pregunté mientras la mandíbula me temblaba ante la presencia de mi enemigo.
—Vamos, Gabriel, aprovecha la parte alegre de nuestro pacto: nada les pasará a tus amigos, están a salvo.
Aunque me encantaría aprovechar que estoy en el campus para tomar una que otra clase de jardinería; estoy seguro de que Ceci me recibiría con los brazos abiertos.
No es por presumir, pero la traigo loca.
—Aléjate de ella, idiota. —La presencia de Fang no se andaba con rodeos cuando de Drake se trataba; su calor me envolvió completamente. Intenté acercarme de nueva cuenta, pero la cicatriz que Drake me había dejado en nuestro último encuentro se abría con cada paso que daba.
—Es broma, es broma. Qué protector eres con la familia.
Sé que Ceci ya está comprometida; me tocará ser un buen exnovio y solo desearle lo mejor.
Por cierto, evita tratar de matarme; te dejarás esa herida como cesárea de hospital público, será terrible para las fiestas en la alberca y arruinará tus veranos en la playa.
En fin, se nos terminó el tiempo. —Ambos sentimos dos abrumadoras presencias que llegaban a toda velocidad.
Drake estiró el portal hacia mí, me envolvió y, del otro lado de este, mi enemigo también desapareció.