El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 13 Eros vs Philia
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Capítulo 13 Eros vs Philia

Desperté cuando Rachel fue al baño. El cuarto estaba frío y aún oscuro; sentí el dolor residual después de haber sido sanado por Fang, una molestia que identificaba a la perfección.

En este punto, la radiografía de mi cuerpo completo parecería un esqueleto remachado tantas veces como el de un doble de riesgo o cualquier temerario de las motocicletas, después de todos los embrollos en los que me había metido en los últimos meses.

Toqué mis costillas y mi brazo recordando la patada de Zane; sentí aún inflamados los nudillos y pensé en los golpes que le pude conectar.

—Deberían subir a la cama, el piso está terriblemente incómodo —comentó la hechicera al verme buscar mi celular para comprobar la hora.

—¿A dónde irás tú, Rache? —pregunté mientras veía que eran las cinco de la mañana.

—Ya sabes, amor, tengo que ir a correr —dijo mientras me ofrecía la mano para ponerme en pie.

—No creo que debas ir tú sola. Acostaré a Natalie y te acompañaré. —Tomé en brazos a la lither, quien completamente dormida lucía extremadamente joven, casi como una niña; por el movimiento abrió un poco los ojos, sonrió, me sujetó el rostro y me besó.

—Lo mejor será que te quedes a descansar, te buscaré para el desayuno.

Además, si nos hubieran venido a buscar, desde hace rato ya lo habríamos sabido.

—Rachel tocó de nueva cuenta la ventana y la puerta mientras sus manos brillaban cálidamente—.

Necesito estar un rato sola, me ayudará a pensar un poco.

Pasaron muchas cosas desde que salimos el viernes del colegio.

—Lamento de verdad que al final de cuentas no fuera nuestra noche —comenté mientras veía cómo una sonrisa que no llegó a sus ojos se desvanecía al salir por la puerta.

A pesar de que sonaba tentador con el frío que hacía quedarme un rato más en cama al lado de Nat, quise honrar que esta noche la debimos pasar solo Rachel y yo; además no podía dormir, y menos si la hechicera estaría sola por los terrenos de la escuela.

Cada vez sentía más que Helson había dejado de ser nuestro refugio para convertirse en un campo compartido donde cualquier disputa podría estallar.

Recordé que tenía unos reportes pendientes, así que encendí mi laptop y comencé a trabajar en ellos.

Detestaba que las aplicaciones iniciaran automáticamente cada vez que prendía mi computadora, pero no me había dado tiempo de configurarlas correctamente; un ejemplo era la aplicación de videollamadas.

La fecha de la última y la duración marcaban casi tres horas con Chuck hace dos días.

Traté de recordar algún indicio de que mi hermano se encontrara en problemas, pero nada en él denotaba que algo estuviera mal.

Al no poder ayudar en nada respecto a Charles, pensé que lo mejor será comenzar las tareas, ducharme y reunirme con Rachel en el comedor. También comencé a darle like a las historias de Jessie antes de que ya no estuvieran disponibles y a comentar sus publicaciones.

Cuando vi las sugerencias que la app me daba de gente que debía seguir, comenzaron a aparecer algunas de las personas que había conocido las últimas semanas: las hermanas de Rachel, Alistair, Donna, Florencia, Hal, Declan, incluso Ceci.

Cada uno con su nombre y su foto de perfil, y todos tenían algo en común: ninguno mostraba realmente quiénes eran o cómo actuaban.

Era lo que me fastidiaba de las redes sociales.

La única que cien por ciento parecía la persona que yo había conocido era Calla, la hermana influencer de Rache, y era por cuestiones obvias; el nivel de exposición que tenía ante su audiencia le exigía ser siempre ella misma.

Después de sentir que le había dedicado el tiempo suficiente a mis redes sociales para no tener que volverlas a abrir en un mes, dejó el celular en la mesa y me dispuse a tomar una ducha.

Recordé que había dejado la ropa que me llevé el viernes en Aethelgard Hall cuando me quité el atuendo que me había prestado Claude.

Esperé que el ruido del agua no despertara a Natalie; después del esfuerzo que le debió implicar ese nivel de artes oscuras para poder frenar de manera momentánea a Zane, de seguro estaba exhausta.

Cuando salí de la ducha, noté un letrero en el espejo: «Yo también te amo.

Atte: R». Después de todo lo que había pasado, Rachel había contestado mi declaración de amor de la semana pasada.

Sonreí. Al salir del baño Natalie ya no estaba y sentí un vuelco en el corazón.

Salí en toalla al corredor y llegué al trescientos diecinueve.

—Nat... —Entré sin tocar. La lither me vio y pegó un brinco; solo llevaba puesta una toalla y traía consigo champú y acondicionador.

—¡Qué susto, Gabriel! Quería alcanzarte en la ducha, pero ni loca le pondré tu horrible champú tres en uno a mi cabello ni a nada de mi cuerpo.

—¿Qué? —Sentí cómo el corazón, acelerado por el susto, comenzó a ir más deprisa por la idea de Natalie compartiendo la regadera conmigo; tal vez tenía que dejar de usar internet para llenarme la cabeza de tonterías.

—Bueno, por un momento pensé que moriríamos ayer, de nuevo.

Y no quiero irme de esta vida sin que hagamos ciertas cosas, ¿comprendes?

—La pelirroja bajó la mirada pero ya era tarde; su rostro se había transformado en el más hermoso de los tomates mientras sus pecas se perdían por la pena.

Pude notar cómo sus preciosos ojos verdes brillaban ante su propuesta.

—Supongo que hoy es nuestra noche, ¿verdad?

—Esa bocona... De verdad que no se puede confiar en ella.

—En realidad Rachel no me explicó nada al respecto. ¿Me dirás tú de qué se trata?

—Lo siento, Hunter. Si la rubia no abrió la boca, lo mejor será que yo tampoco lo haga; al menos hasta que los tres lo discutamos. —Natalie cambió rápidamente de ánimo, lucía un tanto molesta—. En fin, largo de aquí. Ahora que arruinaste la sorpresa lo mejor será que me duche sola.

Asomé la cabeza para corroborar que tuviera el camino libre y crucé a mi habitación.

Me senté en la cama viendo un zapato por lo que pareció una eternidad, sintiendo un gran conflicto.

Me hubiera encantado haberme bañado con Natalie; la manera en la que la deseaba y cómo forma parte de mis fantasías más locas me quemaba, pero ¿después qué pasaría?

En estos momentos, la razón por la cual seguía cuerdo era porque ambas habían hecho las paces temporalmente, pero si cruzaba la línea con alguna ya no habría vuelta atrás.

Lo único que tenía claro era que no quería hacerles algo de lo que después se pudieran arrepentir.

Además, no sabía qué cambiaría en mí. Si hubiera intimado con alguien en el pasado, tal vez no tendría tanto peso en estos momentos y podría arrojarme a la cama con cualquiera de las dos sin darle tantas vueltas, simplemente disfrutando las partes buenas de gustarle a las dos chicas más sensuales del colegio.

Me sentí ridículo pensando en mi castidad.

¿Por qué me importaba ahora algo de lo que me había querido deshacer desde hace tanto tiempo?

Si tan solo tuviera un hermano mayor con quien discutir esto, que no fuera una máquina asesina, todo sería más fácil.

Pero, siendo realista, ¿qué demonios en todo esto era fácil?

Natalie y yo llegamos al comedor sin hablar. Ella lucía notablemente molesta y mi cabeza era un carrusel de pensamientos de culpa, fantasías, incertidumbre y escenarios de eventos imposibles que me regresaban al punto de partida.

—Por qué diablos Rachel se está riendo como estúpida con Cecilia —escupió Natalie al ver en nuestra mesa habitual a ambas sentadas desayunando.

—No lo sé, pero creo que perdí el apetito. Iré a alguna de las máquinas por yogur bebible y galletas; estaré en la cancha. Tommy y Jessie llegarán hasta la tarde, pero Dyl y Linsey comentaron que estarían ahí desde temprano.

—Yo sí me estoy muriendo de hambre, cielo. Lo mejor será que desayune y vea por qué esa traidora está como si nada con tu cuñadita. —La pelirroja sujetó una charola y la abanicó como si estuviera pensando en llegar con la rubia y darle de lleno en la cabeza.

—Te veo al rato, iniciaré con los golems. —Mi lither asintió, pero ya iba rumbo a las líneas de servicio.

Desde que nuestros amigos supieron del mundo oculto, organizábamos entrenamientos de supervivencia.

Tal vez no podrían enfrentar amenazas mayores como vampiros o lithers descontrolados, pero sí podrían defenderse o escapar de algo como ghouls, liches, exiliados y, a estas alturas, de algunos trolls salvajes.

Rachel había hecho para ellos nuestros kits de supervivencia, que consistían en frascos con lágrimas de sirena y concentrado de polvo de dragón para explotar cosas; incluso había mejorado tanto en la hechicería que sus cuarzos ya curados podían activar sellos elementales, y cuando los chicos los llevaban puestos aumentaban su velocidad, fuerza y equilibrio de manera considerable.

Funcionaban solo algunos minutos, pero en este punto Jessie, Dil, Tommy y Linsey ya vencían sin mayor complicación a los golems de madera y arcilla.

En octubre, cuando comenzamos a practicar, la hechicera y yo sufríamos horrores contra estos, sin mencionar a Krug, nuestro querido golem de roca que parecía el jefe final; cómo habían cambiado las cosas.

Tal vez no sería suficiente, pero era lo único que podíamos hacer para tener un poco de paz: saber que si algo ocurría, los chicos tendrían una oportunidad de sobrevivir hasta que pudiéramos llegar y apoyarlos.

—¡Qué tal el concierto, chicos! ¡Buen día! —Linsey y Dyl aparecieron en la cancha de manera despreocupada.

—Gabriel, ¿dónde estuvieron estos días? En las publicaciones de Rachel y Natalie parecía que se habían transportado a Downton Abbey. —Linsey exigió saber, mientras yo pensaba en los likes y en cómo aceptaba los tags de las fotos que esta mañana habían subido las chicas a sus redes.