El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 12 Segundo Asalto #3
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Capítulo 12 Segundo Asalto #3

—Como sabrás, las garras de Declan son aún más letales.

—Unos ligeros canales marcaron su piel con un chirrido metálico que me incómodó.

En un parpaedo, mi hermano desapareció y se puso detrás de mí, pateándome de costado.

A pesar de que me cubrí, escuché unos crujidos; habían sido tres costillas y el brazo.

—Eso de verdad me dolió. —Salí de un tronco en el que había quedado incrustado mientras el frío de Fang me llenaba como si de nitrógeno líquido se tratara, acomodando los huesos rotos y endureciéndolos. La armadura se volvía a teñir de azul cromado.

—Escucha, esto se nos está saliendo de las manos, ya tranquilízate.

—Simplemente negué con la cabeza. Salí corriendo hacia él y desplegué las alas.

Comencé a quemar todo a mi paso, pero Zane parecía alimentarse de toda la energía que mis llamas generaban, apagándolas mientras otra marca en el abdomen brillaba en rojo y recargaba la del pecho.

En verdad mi hermano era un monstruo aterrador—.

Tal vez no has estado en un día malo de Florencia, pero su Solem Exortus es mucho más abrumador que tu fuego.

—Aún no termino. —Despegué de nuevo y comencé a dar vueltas para tomar más velocidad.

Caí en picada girando mientras mis alas en llamas me cubrían como un gran taladro de fuego.

Fracciones de segundo antes de chocar contra Zane, me desacoplé de la armadura mientras esta impactó con él de lleno y seguía atacándolo.

Los choques con Zane eran estruendos espectculares que mitigaban el sonido que hacía al pisar la hierba.

Con Fang materializado en un mandoble, arremetí contra Zane para darle una estocada que había cortado incluso al golem gigante de escamas de dragón que Rachel hizo para mis entrenamientos, ahora que los de roca ya no suponían un reto.

Pero mi hermano simplemente lo detuvo con ambas manos, cubiertas de esa maldita energía que lo rodeaba en todo momento.

—Lo de la armadura y tú atacando al mismo tiempo fue algo interesante.

Pero Bee me ha partido el trasero tantas veces con sus clones que solo un doble tuyo es insuficiente.

Además, Ceci y Cat son mucho más silenciosas que tú.

—La marca de su abdomen se encendió de nuevo mientras veía cómo toda la energía que le había cedido a la armadura la absorbía, haciéndola caer en pedazos.

Zane había llevado al límite el vampirismo; ya ni siquiera necesitaba morder.

Mi hermano caminó lentamente hacia mí, amenazante.

Yo traté de dar un paso atrás, pero tropecé sintiendo cómo tronaba mi tobillo.

Cuando la marca de su brazo se encendió, Zane volteó hacia un punto en el bosque justo antes de que una cadena de hielo lo envolviera; él la atrapó dando un tirón que rompió el arte oscura de Natalie.

En ese momento, Rachel, con sellos de tierra, solidificó el suelo debajo de mí y me llevó a donde ellas se encontraban.

La armadura se desvaneció y sentí cómo se incorporaba de nuevo en el inventario imaginario de mi fuero interno; era la única manera que tenía para explicar cómo se sentía cuando la armadura y la espada «regresaban» adentro de mí.

—¡Zane, es suficiente! Ya nos marcharemos. —La hechicera se interpuso entre el vampiro y yo con los brazos extendidos.

—Vastatio entis. —susurró Nat mientras me ayudaba a ponerme en pie.

Sentí sus rizos alborotados en mi rostro mientras resplandecían por el rojo que desprendían sus ojos.

Por su parte, Zane se sujetaba la cabeza—.

Damnatio doloris. —Mi hermano cayó arrodillado—.

Ejulatus lacerans. —Con una mueca de dolor y girando un poco la cabeza, se comenzó a cubrir los oídos.

—No se metan —rugió Zane a Declan, Claude, Florencia, Ceci y Hal, que aparecieron entre los árboles sin dar crédito a lo que pasaba a pesar de las artes oscuras de Nat. Mi hermano se puso en pie; no podíamos vencerlo.

—¡Es suficiente, Zane! —gritó Ceci. Su voz no tenía magia, pero poseía una autoridad helada que congeló a todos—. ¿Qué diablos te pasa? —Con grandes zancadas llegó a la mitad del campo de batalla y abofeteó a mi hermano, molesta, interponiéndose entre él y la hechicera.

—Natalie, es hora de irnos —rogó Rachel mientras corría hacia nosotros. Cuando nos encontramos juntos, la hechicera activó un carisma hacia donde estaban todos.

—Quaerere Sanctuarium. —dijo Natalie, tirando de nosotros mientras la ilusión terminaba de crearse, impidiéndome ver de qué se trataba.

Los tres caímos de golpe en mi habitación en Helson.

Después de eso, ninguno habló. Rachel hizo diferentes sellos en la ventana, en la puerta y en el corredor.

Natalie tomó mis almohadas, le arrojó una a Rachel y otra a mí; a su vez tomó la colcha y nos cubrimos los tres, tratando de dormir contra la puerta mientras sujetaba las manos de ambas, calmando el temblor de adrenalina que aún me recorría.

Tal vez solo por un par de horas estaríamos a salvo, pero aún desconocía cómo podría detener a mi hermano.