Capítulo 12 Segundo Asalto
Después de un rato, Sora nos buscó mientras Natalie y Claude practicaban Clay Pigeon Shooting.
Ver a la lither cada vez que «quebraba» la enorme escopeta de madera con grabados metálicos del logo de la casa Walker, para cargarla con los cartuchos como una experta, me hacía admirarla más.
A pesar de que fueran tan cretinos, les mandé una foto de ella en toda su gloria al grupo de tiro deportivo; sabía que la amarían.
Por su parte, Claude era un verdadero experto; su habilidad mecánica y la forma en que gritaba «Pull» para que, en instantes, el plato quedara hecho trizas, no era solo por sus reflejos de vampiro, sino por años y años de práctica antes de su transformación.
La manera en que el vampiro mantenía su distancia para no alterar a Fang y le daba consejos extremadamente útiles a Nat para mejorar, me hizo comprender que, a su forma, buscaba redimirse con mi lither.
Si tan solo se hubieran conocido en otras circunstancias, estaba seguro de que la hubiera acogido como un hermano mayor protector y algo excéntrico que la guiaría junto con Angela en su despertar; tal vez ambos la motivarían para perdonar a sus padres.
A pocos metros de la práctica de tiro, Rachel y Ceci jugaban bádminton de lo más despreocupadas.
No sabía si era que los gallitos no estaban hechos para alcanzar la velocidad de la luz o que tenían demasiado cuidado con las delgadas raquetas, pero era una escena por demás pintoresca: ambas caminaban con cuidado sobre el pasto para no tropezar, sujetando sus sombreros como damas de otra época.
Una postal que difería por completo de su set de exhibición, cuando llevaban faldas cortas, el cabello trenzado y una sed de sangre mientras se aferraban a sus raquetas gritando, corriendo y frustrándose cuando el saque de la otra resultaba casi imperceptible.
—¿Todo estará bien entre ustedes, Sora? —La vidente y yo comíamos un helado con tranquilidad antes de que se marchara.
—Con tu hermano nunca se sabe. —Cerró los ojos y me sonrió.
—¿Por qué no me dijiste que estaba vivo y que él era el «confundido amor de tu vida»? —Comenté mientras recordaba aquella vez que me habló de su viaje a América.
—El plan original era regresar, traerte a tu hermano mayor, ir a buscar a tu otro hermano y de alguna manera reintegrar a toda la familia.
—No creo poder comprender todo lo que sacrificaste por ayudar a Claude para que Angela liberara el Corazón de Intrenoor, pero gracias.
—No tienes idea de cómo necesitaba escuchar eso, Ototo. —Sora se me quedó viendo y recargó su cabeza en mi hombro—. Solo digamos que las cosas hubieran sido más simples y en definitiva tendrías solo una cuñada.
—Para mí tú eres más que mi cuñada, Sora; siempre has sido mi Nee-chan.
—Eres un tonto muy tierno, Gabriel. Es triste saber que no soy realmente japonesa.
—Tampoco yo soy de Liverpool, pero si me sigo juntando con Rachel terminaré hablando Scouse.
Tal vez una parte de nosotros pertenece al lugar de donde son las personas que llevamos tatuadas en el corazón, y no solo donde nacimos o crecimos —comenté mientras buscaba lo último de mi helado entre los huecos del barquillo con la lengua.
—Tienes que evitar decir esas cosas frente a tus compañeras de clase, ¿ok? No puedes seguir enamorando a más escuinclas en los pasillos del colegio; esas dos se volverán aún más locas tratando de repelerlas.
—Sí, eso de que ahora soy un hermoso gay me tomó por sorpresa. Supongo que es la manera en la que acordaron lidiar con mis desastres —comenté sintiendo el calor de nuevo subir a mis orejas.
—Tienes que admitir que fue divertido. —Sora se separó de mí para despeinarme y besar mi coronilla.
—¿Qué harás ahora, Sora? —Sentí que este tiempo con ella había sido premeditadamente largo, como si de una despedida se tratara.
—Iré con Drake. Tengo que asegurarme de que tus padres y Chuck estén a salvo. Ese idiota, sin la ventaja que le dan mis visiones, te pondrá en riesgo en cada encomienda y solo los usará como escudo contra Zane.
—No tienes por qué hacerlo. Si regresas con Drake, Zane nunca te perdonará ni confiará en ti y, lo más importante, estarás en constante riesgo —comenté mientras sentía que, por más que le pidiera quedarse, sería inútil.
—El bienestar de Charles, de tus padres y tu seguridad es más importante que el concepto que tu hermano tenga de mí, por más que yo lo ame.
Además, ya no soy solo un vampiro; ahora soy una princesa de Inferno.
Es toda la ventaja que necesito en contra de ese cretino; si me llega a poner la mano encima, sabrá por qué soy la líder supremo de Modeo.
—Siempre estás corriendo y despidiéndote de mí, Sora.
—Por eso quise que charláramos con tranquilidad mientras ves a las sorprendentes chicas que te aman. Tienes que apoyarte en ellas y no dejarlas solas. Creo que soy el mejor ejemplo de lo que pasa cuando el príncipe Hunter de mi elección se aleja.
Cuando la tarde cayó, la mayoría de los que estábamos en la mansión nos despedimos de Sora.
Antes de que su neblina la terminara de envolver, la vidente se quedó mirando hacia un punto del cuarto piso.
La noche transcurrió con una melancolía que me desconectó un poco en la cena.
Florencia, Hal, Declan y Cat le contaron con lujo de detalle a Ceci del baile de navidad que organizaron antes de que ella regresara.
Su dinámica familiar se hizo más que obvia; todos hablaban de mi hermano con admiración, como pieza clave en cada una de sus interacciones.
Claude contó la parte que él vivió de esa noche y cómo Angela apareció; ambos terminaron su relación haciendo las paces con respeto y en armonía para tranquilidad de Natalie.
Aun así, la tristeza fue sustituyendo la manera pintoresca y jovial con la que solía hablar el vampiro, pero eso no evitó que concluyera la cena agradeciendo a todos por haber formado parte de este increíble fin de semana en Aethelgard Hall, cuyas puertas siempre estarían abiertas para nosotros.
Aún había actividades pensadas para el domingo, pero al haber salido de la escuela de improviso, lo correcto sería que tuviéramos al menos el domingo para hacer tareas.
La mañana siguiente, el personal de Claude nos llevaría temprano a los cinco a la escuela, por lo que lo mejor sería que no nos desveláramos. Natalie, Rachel y yo subimos por las escaleras hasta llegar al piso en el que se encontraban nuestras habitaciones.
—Buenas noches. Perdón, Gabriel, estoy muerta.
Los veo mañana. —Natalie me besó rápidamente en los labios y asintió a Rachel; en ese momento la sangre se me congeló esperando una reacción que nunca llegó.
La hechicera levantó la mano para despedirse de la lither con tranquilidad.
Cuando nos quedamos solos en el corredor, Rachel respiró profundamente y, abriendo mucho los ojos, me sujetó de la mano.
—¿Me invitas a pasar, Gabriel? —Usualmente Natalie y Rachel entraban de manera indiscriminada cuando se trataba de mi habitación.
Eso aplicaba en realidad para todos mis amigos; había una regla no escrita de que la segunda habitación de todos era mi cuarto.
No entendía el porqué de la pregunta. De hecho, me seguía preocupando más que Nat me hubiera besado frente a Rachel y esta no hubiera reaccionado.
—¿Está todo bien, Rache? —La manera casi obsesiva en la que mi hechicera alisaba con las manos su vestido mientras estaba sentada me hacía saber que algo le molestaba.
—Bueno, queríamos saber... —Era muy extraño que hablara como si ella y Natalie fueran un frente unido—. Si estás muy molesto por lo del desayuno.
—Fue extraño y ahora Ceci, Florencia y Sora no me dejarán en paz, pero en realidad no estoy molesto.
Además, creo que Fang ya me reparó los dedos que el pisotón de Natalie arruinó —comenté tratando de quitarle peso a la situación; la realidad es que estaba triste por haberme tenido que despedir de Sora.
—Amor, sé que no es el escenario ideal, pero tal vez esto ya nos está sobrepasando a ambas. —Seguía hablando como un frente unido.
—Escucha, Rache, yo estoy haciendo todo lo que puedo, pero... las mentiras no sé si son lo mío.
—Lo sé, Gabriel, te conozco. Pero tienes que admitir que mientras sigamos los tres en esta gran área gris, más cosas así podrán seguir pasando; tal vez tenemos que simplemente pintarla de algún color diferente, solo para que estas cosas no ocurran de nuevo.
Y no lo digo solo por Donna, esto puede ocurrir con cualquiera.
—Sabes que yo no tendría cara para reprocharte si algún chico que te guste se acerca a ti. —Aunque me dolería hasta el alma perderte, amor —dije para mí mismo, sin poder admitir lo egoísta de mi ser.
—En verdad puedes ser muy bobo, Gabriel; eso está muy lejos de pasar.
Solo te pido que lo veas desde fuera: somos tú, Natalie y yo.
O somos amigos, o sales con ambas al mismo tiempo, o los tres estamos juntos, o simplemente en realidad nunca fuimos nada.
Piénsalo de esta manera: el corazón de tu hermano está tan dividido que parece que todo el tiempo está ausente.
—No me compares con Zane, él no tiene corazón —espeté molesto.
—En realidad no me lo parece. Hoy me di a la tarea de charlar al menos un poco con todos y tú les despiertas una gran curiosidad, debido a que te aprecian solo por cómo Zane les debió hablar de ti.
Y a su vez, ellos solo hablan maravillas de tu hermano.
Alguien sin corazón no despertaría ese afecto en tantas personas.
—Sí, pero no es justo lo que ha hecho con Sora.