Capítulo 11 Secretos envueltos en honestidad
Cuando Donna se acercó a la mesa, yo ya había llenado mi plato de todo tipo de exquisitos cortes de carne; no había dejado espacio para que la chica me dejara ni siquiera un chícharo. De igual manera, Rachel y Natalie cambiaron rápidamente de sillas al verme llegar.
—Gabe, ¿cuándo me invitarás al cine? —Donna jugaba con sus arracadas mientras preguntaba con tranquilidad, rompiendo el ritmo de los temas en la mesa y haciendo que todos los ojos apuntaran hacia mí esperando una respuesta.
—Me temo que ya comenzaré a prepararme para los parciales, Donna.
Son varias semanas en las que me encierro en mi habitación y evito distracciones.
—Las miradas penetrantes de Rachel y Natalie no cedieron ante mi respuesta; ambas parecían querer taladrarme el cráneo, a diferencia del resto de las chicas.
—Gabriel es muy dedicado con sus estudios, Donna; su promedio y su beca siempre han sido sus prioridades. No te sientas mal, usualmente solo nos permite estudiar a nosotras y a nuestros amigos con él durante esos días —Natalie reforzó mi comentario.
—¡Qué esupidez, Naty! Su cuñada es la dueña de todo y su hermano es millonario; él no necesita matarse estudiando por un promedio ni sostener una beca. Quiero que me lleves al cine la próxima semana, ¿sí?
—No creo que sea buena idea, Donna —comenté tratando de pasar un gran trozo de chistorra.
—¿Por qué? Me dijiste que no tenías novia, ¿o es que no soy bonita? —Esta chica iba a hacer que me mataran.
—Donna, no digas eso, la verdad es que eres... —Sentí cómo Natalie me daba un pisotón que casi me fractura los dedos; ahora entendía a lo que se referían. Estaba a punto de decirle a Donna algo «súper empático y lindo», como ellas decían, y ni la lither ni la hechicera lo iban a permitir.
—Gabriel es gay, Donna. Deberías ser un poco más receptiva; es obvio que lo estás incomodando, Dios —Rachel interfirió mientras el frío se apoderaba de mí y Donna se atragantaba con su jugo verde.
—¡Rachel! —Grité sorprendido. ¿Qué demonios estaba pasando con la hechicera?
—No, Gabriel, se nota que Donna lo comprenderá; estoy segura de que podemos confiar en ella —Natalie continuó viendo a Rachel con un tono de voz controlado que me hacía saber que estaban actuando sobre la marcha.
—Perdóname, Gabriel. Obvio que pueden confiar en mí, soy una estúpida. Fuiste tan cordial el otro día que me confundí, pero ahora que lo pienso tiene todo el sentido del mundo. —Florencia, Sora y Ceci dejaron la mesa evitando a toda costa estallar en risas frente a la chica.
—Solo para respetar la privacidad de Gabriel, ¿puedes mantener el secreto en la escuela? —Continuó Rachel de manera conciliadora—. Es decir, no tiene nada de malo, obviamente es súper normal, pero lo mejor sería que Gabriel decida con quién abrirse, ¿no crees?
—Claro, obviamente es su decisión. —Aún avergonzada, Donna buscó mi mano—. Eres muy valiente, Gabriel, tienes todo mi apoyo.
—Gracias, Donna, eres un encanto —dije un poco amanerado mientras, derrotado, esperaba que la tierra me tragara; para este punto, desde el interior de la casa se escucharon tres estrepitosas risotadas que decidí ignorar mientras el calor me subía a las orejas.
—Dos de los amigos rockeros de Zane también son así y se ven felices, Gabriel —Cat comentó tranquilamente con un tono maduro, contrastado por el bigote de leche con chocolate que llevaba.
—Sí, los conozco, Cat; son buenos tipos. —Aún no era mediodía y solo esperaba que el estúpido fin de semana en la campiña terminara de una vez.
Después del desastre de entrenamiento y el vergonzoso desayuno en el jardín, busqué la habitación del cuarto piso esperando ver a Zane.
—Lo mejor será que no, Azu —escuché a Zane con un tono con notas de desesperación que se escapaban de su tranquilidad habitual.
—Adelante, Gabriel; ya me estaba despidiendo —comentó Sora cuando estaba a pocos metros de la puerta; ella y Zane se encontraban en el despacho.
—Lamento interrumpir, solo quería hablar con Zane.
—Descuida, solo me estaba despidiendo, Ototo. —Sora me dedicó una sonrisa mientras las lágrimas recorrían sus mejillas; de manera instintiva la abracé mientras veía a mi hermano.
—¿Qué ocurre? —Pregunté por lo bajo a la vidente, quien con un abrazo débil cargado de dolor me rodeaba con sus manos.
—No es nada, solo me da gusto haber pasado este tiempo con ustedes, pero creo que el bonito fin de semana terminó para mí; luego te busco, contesta el celular. —Asentí mientras Sora se recomponía, limpiando rápidamente su rostro, y se dirigió a la puerta.
—Adiós, Zane. —La vidente cruzó el umbral.
—¿Por qué la llamas Azu en lugar de Sora como todos? —El calor comenzó a recorrerme por todo el cuerpo.
—Ese es su nombre real, Gabriel. ¿Se te ofrece algo?
—Pero no la conociste siendo una princesa de Inferno; ¿por qué no la llamas Sora?
—Eso no importa.
—Evidentemente a ti sí te importa; eres tan frío y meticuloso en cada una de tus interacciones con ella que realmente pareces...
—¿Un vampiro? —Mi hermano dejó su tranquilidad y me fulminó con una mirada que hizo que Fang despertara, tensando todos mis músculos—.
Te tengo noticias, Gabriel, para tu desagrado y el de la cosa esa que vive en ti: es lo que soy.
Además, solo estoy siguiendo mi papel de embajador entre Terra e Inferno.
—No tienes por qué actuar así con ella; es obvio que nos aprecia y no está nada feliz con lo que ha tenido que hacer. —Comenzaba a pensar en mandarle un mensaje a Sora para que no se fuera y se quedara escuchando por detrás de la puerta.
—Azu no ha sido del todo honesta con nosotros; aún guarda demasiados secretos que la hacen peligrosa y ha tejido tantos escenarios desde las sombras que ya no me es posible confiar en ella.
—¿Y quién de nosotros ha actuado de manera diferente?
Tú planeaste nuestro encuentro, hasta te incorporaste como profesor; además, estás escondiendo algo muy profundo y podrido detrás de todo tu despliegue de honestidad de ayer.
Después de todo, ¿por qué alguien tan abrumado por lo que ocurre en el mundo se enfocaría solo en hablarme de sus problemas de chicas?
Por mi parte, yo no puedo estar a menos de dos metros de ti o de Claude sin que Fang se vuelva loco; ¿qué nos hace más dignos que a Sora? Nosotros también ocultamos cosas.
—De verdad me sorprende lo mucho que has crecido en estos meses; ¿de dónde aprendiste eso de la honestidad?
—Así me desarmó la mamá de Rachel el otro día que fui a conocer a su familia.
—La frase salió a borbotones de mi boca y me sentí muy avergonzado mientras recordaba la vez que Dyl me reveló que todo lo que sabía de chicas lo había aprendido leyendo las revistas de su mamá—.
La única diferencia es que yo no guardo secretos con Rachel o Natalie; ellas saben exactamente lo que soy.
—Azu sabe exactamente lo que soy; ella sabe más de mí, y tal vez de todos nosotros, incluso que nosotros mismos. Es imperativo que mantengamos nuestra distancia.
—Tal vez tú eres el que necesita mantener su distancia de ella, yo no. Actúas con ella exactamente como lo hacías cuando te gustaba mucho una chica.
—No sabes lo que dices.
—No, sí lo sé. Si alguna chica te parece atractiva, estás pensando en cómo conquistarla; pero cuando realmente te gusta alguien, te vuelves torpe y un poco bobo.
No sé cómo le haces para no babear estando tan cerca de Ceci todo el tiempo porque se nota que te encanta, tampoco sé cómo eras con Bee cerca, pero es más que obvio lo mucho que te incomoda estar con Sora porque también te gusta.
—Aquí no se trata de si me gusta o no, Gabriel.
Antes de que Drake apareciera, hubo un instante en el que estuve dispuesto a dejarlo todo por ella: mi rol como Helson, los chicos del refugio, a Ceci y a Bee.
Estaba tan aliviado al saber que estaba viva que solo pensaba en estar a su lado; me obsesionó tanto la idea de una vida juntos donde todos los días me esforzaba por ser el supremo líder que siempre me dijo que sería y hacerla feliz...
y fue tan malditamente real que me decepcionó que solo se tratara de una fantasía.
Pero es evidente que alguien en mi posición no se puede dar el lujo de flaquear con deseos tan mundanos; ya no más.
—Eso no fue una fantasía, Zane. ¿Desde cuándo comenzaste a tener visiones? —Sora reapareció; en verdad había funcionado. Solo tuve que decidir hacer algo y Sora lo sabría; entender cómo funcionaba su habilidad resultaba de lo más útil.
—¿Ahora escuchas conversaciones sin permiso, Azu? —Zane con el rostro desencajado dio media vuelta y regresó a ver por la ventana.
—En realidad tuve el permiso de Gabriel. No respondiste mi pregunta: ¿desde cuándo has estado teniendo visiones, precio...?
—No te atrevas a decirme así de nuevo. —Mi hermano convirtió su voz en un témpano de hielo mientras la marca morada en su brazo se volvía a encender; Fang hizo que retrocediera y me pusiera en posición de defensa.
—Es por mi marca, ¿verdad? Fue desde que te alimentaste de mí. —Sora caminó tranquilamente hacia Zane—. ¿Crees que nos puedas dejar solos, Gabriel? No me iré sin despedirme de ti, ¿de acuerdo?
Caminé aún tenso fuera del despacho, sintiendo cómo Fang se tranquilizaba mientras el perfume de Sora, su respiración y su corazón agitado se hacían imperceptibles para mí.
Mientras buscaba las escaleras, estaba abrumado al comprender que mi hermano era tan diferente a los otros vampiros por haberse alimentado de los príncipes de Inferno con los que estuvo en contacto.
No sabía cómo funcionaba, pero la parte de mí preocupada porque en determinado momento tendría que enfrentarme a Zane y detenerlo sabía que era mi deber descubrirlo; e iniciaría por saber qué eran esas marcas.