El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 10 Sudor y sangre en la campiña
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Capítulo 10 Sudor y sangre en la campiña

A la mañana siguiente desperté asustado al no reconocer dónde me encontraba.

El dosel de la cama, la iluminación de la mañana y la cantidad de muebles antiguos hicieron que, por segundos, se me acelerara el corazón.

Después recordé la charla con Zane y comenzó a sonreír.

Rápidamente me calcé los tenis y busqué por unos minutos mi playera; en ese instante, unos golpes rítmicos y discretos contra la madera de roble de la puerta me hicieron reaccionar.

—Buenos días, chicas ¿Todo bien? —Natalie y Rachel entraron de manera apresurada, como si se escondieran, o eso me pareció aunque me sentía aún un poco adormilado.

—¿Por qué estás sin ropa? —Natalie preguntó visiblemente incómoda.

—¿Qué tiene? No encuentro mi playera. —Ambas me habían visto con el torso desnudo la semana pasada, y después comprendí que sí, lo habían hecho, pero no delante de la otra.

—Gabriel, ¿qué haremos hoy? —Rachel se paró frente a Natalie de manera intencional, tapándole la vista.

—Supongo que regresar a Helson. No tenemos mucho que hacer aquí. —Pensé que, a pesar de lo bien recibidos que habíamos sido, aún me conflictuaba un poco estar cerca de Claude, sin mencionar a mi hermano.

—Estoy de acuerdo, lo mejor será que nos vayamos y pensemos en algún plan —concluyó la pelirroja.

—Yo creo que deberíamos quedarnos un poco.

Tal vez podamos entre todos idear la mejor manera de lidiar con el tema de tus padres y Charles, pero que tú no corras riesgos si Drake te busca.

—Las chicas no me estaban ayudando a encontrar mi playera y sus puntos de vista opuestos me hacían tener micro-elecciones que me estresaban.

En ese instante, la puerta volvió a sonar de manera violenta. Natalie rápidamente abrió.

—Perdón, pelirroja, pensé que era la habitación del hermano de Zane. —Un tipo enorme y musculoso de cabello platinado se disculpó con la lither, mientras otro largirucho y pelirrojo me veía por encima de Natalie ajustando sus lentes con mucha pena.

—Vamos, hermano, creo que está ocupado.

—¿Puedo ayudarles en algo? —pregunté acercándome a la puerta. Natalie la abrió completamente y ambos brincaron sorprendidos cuando su mirada llegó a Rachel.

—Definitivamente es algo de familia —comentó el tipo enorme, haciendo que todos, incluyendo a su amigo, nos avergonzáramos hasta ponernos rojos.

—Mucho gusto, Gabriel. Yo soy Hal y él es Declan. Queríamos saber si quieres entrenar con nosotros —comentó Hal de manera atropellada, ya que aún no se recuperaba del bochorno.

—Últimamente el mamón de tu hermano ha estado muy ocupado, pero nos dijo que eres fuerte. Queremos ver si te podemos dar en la madre —concluyó Declan. Supuse que eran parte de los chicos que Ceci había acogido en su refugio.

—Claro, solo permítanme...

—¿Terminar de atender a las chicas? Sin problema. —Declan era un tipo tosco pero me caía genial, y Hal tenía un aura entre Dyl y Tommy que se me hizo muy familiar.

—No, buscar mi ropa.

—Te vemos abajo, Gabriel. De nueva cuenta es un gusto por fin conocerte. Con su permiso, chicas. —De manera cordial, Hal se despidió de nosotros mientras Declan veía a Natalie y Rachel con un malentendido walk of shame. Natalie cerró la puerta y se sentó detrás de ella, aún roja como tomate.

—Definitivamente tenemos que hacer algo con estas confusiones. —Rachel abanicó aire a su rostro con ambas manos y subía los ojos apenada.

—Vístete de una vez, Gabriel —exigió Natalie, abrumada.

No recordé en qué momento, al llegar anoche, había arrojado por arriba del dosel mi playera, pero supuse que me encontraba tan cansado que no lo registré.

Los tres bajamos y llegamos al jardín, interrumpiendo el desayuno de lo que parecía una puesta en escena de la campiña inglesa.

Cat, Ceci, Florencia y Sora desayunaban de manera tranquila, con atuendos blancos y sombreros extravagantes.

—Oye, Mini Zane, ¿aún estás molesto conmigo? —Florencia se puso en pie con una sonrisa pícara, dejando un plato de cereales a un lado.

—No, Florencia. De hecho, ayer no te encontré para pedirte una disculpa; me desquité contigo y no tenía derecho.

—No hay nada que disculpar, corazón. —Flo corrió a mi lado y me abrazó mientras me besaba, como una tía empalagosa—. Míralo, Ceci, si Zane se pudiera sonrojar, luciría justo como él.

—Deja respirar a Gabriel, Flo. —Cecilia tomó con ambas manos su taza de café para inhalar el aroma, imagino que en un intento por despertar—. Chicas, el personal de Claude les dejó atuendos en sus habitaciones, ¿lo notaron?

Rachel y Natalie se miraron entre sí, aún usando el uniforme del colegio.

—Tú aún no te cambies, Gabriel. Estoy segura de que necesitarás ropa pronto.

—¿De nuevo te ayudaré con los jardines, Ceci? —pregunté sin comprender a qué se refería.

—No, Gabriel. Los chicos me comentaron que entrenarías con ellos. —Ceci señaló el jardín; ahí se encontraban Hal y Declan—. Los cocineros aún están haciendo la parrillada para ustedes; tal vez ir a jugar con ellos un rato te abrirá el apetito.

Natalie y Rachel, después de cambiarse, optaron por quedarse en la mesa; lucían realmente bellas con sus vestidos y sombreros.

Caminé hacia la parte más abierta del jardín donde estaban los chicos; levanté la mano saludando y ellos sonrieron.

En ese instante, el calor comenzó a salir expulsado de Declan, provocándole fuertes convulsiones.

Su ya marcada e imponente musculatura explotó aún más, haciendo jirones su ropa y llenándolo de un pelaje plateado mientras, con dificultad, se erguía en unas enormes patas.

Sabía de los hombres lobo, pero esto parecía una transformación voluntaria; sus facciones se volvieron las de un perro enorme, pero sus ojos seguían siendo los de un humano.

—A jugar —un rugido que deformaba la voz de Declan se hizo presente.

—Ok, Gabriel, esto es simple. Yo atacaré desde la distancia con maldiciones. Soy un brujo, por cierto, mientras tú tienes que resistir los ataques físicos de Declan. El enfrentamiento termina si vences a alguno de los dos o si ya no puedes continuar. ¿Listo?

En el momento en el que asentí, un montón de flechas en llamas se hicieron presentes cubriendo mi espalda, haciendo imposible escapar.

En ese instante, el lobo se abalanzó hacia mí en cuatro patas.

Hacerles frente a ambos sin Fang estaba descartado, así que la armadura apareció; las escamas azules y frías me cubrieron por completo.

Salí disparado hacia Declan y me barrí debajo de él.

Los guantes y los escarpes se articularon en garras que me permitían maniobrar clavándome en la tierra para cambiar de manera ágil de dirección, esquivando los ataques mágicos del brujo y, a su vez, tratando de escapar de Declan. Supuse que lo más fácil sería intentar atrapar a Hal.

—Es muy escurridizo, cuatro ojos. Si no lo detienes, no lo podré noquear —gritó Declan mientras yo corría de la increíble y peluda mole que era. Estos tipos estaban acostumbrados a pelear con Zane; ¿cómo pretendían que tuviera alguna oportunidad contra ellos dos?

—Muy bien, hermano, ya sabes qué tenemos que hacer.

—Hal venía hacia mí de manera imprudente.

La ventaja de un lanzador de conjuros radicaba en la distancia que ganaran entre los peleadores cuerpo a cuerpo; todo el mundo lo sabía.

Al estar tan cerca podría atraparlo y ganar.

El brujo me envolvió con una especie de barrera y comencé a flotar, dándole el tiempo suficiente a Declan para atacarme.

Cuando la barrera cedió, extendí las alas y me elevé; era mi turno de hacerlos sudar.

Comencé arrojándole escamas a Hal mientras este se cubría con dificultad con una especie de escudo de luz.

Aprovechó para impulsar a Declan con otra maldición y catapultarlo hacia mí en un ataque devastador que, por la velocidad, parecía una bola de pelos gigante con garras.

Ambos chocamos y caímos dando vueltas como un tornado a punto de tocar tierra; el último que soltara al otro lo estamparía en el suelo.

—Siste Impetum. —Al escuchar el arte oscura, de inmediato nuestra caída se frenó y nos impulsó a Declan y a mí a lugares opuestos del jardín.

Busqué a Natalie o a Florencia; sin embargo, ellas seguían sentadas en la mesa, alejadas de nosotros.

El combate había terminado, así que Fang desapareció—.

Yo también quiero jugar, Gabe. —Donna apareció por el lado del bosque junto con Romano—.

Por cierto, te presento a mi hermano Fred.

—Así que tú eres el idiota que se quiere acostar con mi hermanita. —Romano y yo teníamos un tema pendiente. Después de haber herido de manera desproporcionada a Dyl, tenía que partirle el trasero; además, no caería en sus infundadas e inapropiadas insinuaciones con su hermana.

—Esto no será un round de un minuto, Romano.

—Tampoco contaremos puntos, Hunter. Pulsus Motus, Solidus Corpus, Speculum Carcer.

—Rápidamente, Romano se aplicó a sí mismo dos artes oscuras para potenciarse y salió a mi encuentro.

Era una habilidad que desconocía de los lither, ya que creía que solo podían mantener las artes oscuras que pudieran ver o tocar, pero este tipo se había aplicado dos y convocado una tercera que consistía en una especie de cúpula de vidrio que nos aisló de los demás.

Tal vez a otro sujeto le hubiera intimidado verse aislado, pero yo no tenía intenciones de escapar.

—Te pasaste con Dyl; sabes que como lither no hay punto de comparación entre sus fuerzas. —Comenzamos a intercambiar golpes rápidos hasta que llegó el momento en el que ya no estábamos esquivando o defendiendo; solo estábamos conectando golpes el uno al otro.

—Solo quería hacerte saber que tú serías el siguiente —comentó mientras la sangre comenzaba a salir por su nariz.

—Bueno, aquí me tienes. —Sentí cómo una de mis costillas cedía a sus golpes; de inmediato, Fang comenzó a curarme en un chasquido seco.

—Redintegratio. —El tabique de Romano regresó a su posición normal y el ojo que tenía cerrado se desinflamó de inmediato. Sin embargo, su velocidad disminuyó considerablemente.

—Así que el límite son dos artes oscuras a la vez. —Romano se asombró al yo haber descubierto cómo funcionaba el tema de sus potenciadores; al no poder seguirme el ritmo, se hizo para atrás.

—Pulsus Mot... —Aproveché que el lither ya no era tan rápido para alcanzarlo y golpearlo lo más fuerte posible, logrando sacarle todo el aire de sus pulmones una y otra vez hasta que le fuera imposible conjurar más artes oscuras.

Romano cayó de rodillas y el cristal a nuestro alrededor se volvió polvo.

—Es suficiente. —Di media vuelta y caminé hacia donde estaban las chicas, mientras ellas veían con preocupación lo ocurrido.

—Hasta Destini. —Giré mientras Fang me volvía a cubrir por completo. Lo que parecía la invocación de una lanza de luz salió disparada hacia mí.

—Frederick Romano, en la casa Walker nunca, nunca atacamos por la espalda.

Claude apareció cubierto de una energía verde y morada, similar al rastro que dejaba su ejército de exiliados, pero esta no se sentía saturada y podrida.

Ante el choque con su cuerpo, la lanza se desintegró.

Claude ahora usaba su energía de manera más eficiente; nunca lo había visto moverse a esa velocidad y la idea de que, en condiciones normales, esa arte oscura le hubiera podido hacer mucho daño me hizo creer que tal vez el vampiro se había vuelto aún más fuerte.

—Chicos, las obscenas cantidades de carne de siempre ya están en la mesa; los invito a servirse.

Gabriel, me disculpo en nombre de mi protegido; aún soy nuevo en esto de los mocosos artículos y lo de ser guardián, sabrás tú comprender.

Donna, cariño, por favor no te saltes el desayuno por seguir a tu hermano; nos reuniremos cuando terminemos de hablar él y yo.

Vamos, Frederick. El profesor Zane fue muy paciente contigo el jueves, pero si no modulas ese temperamento, llamarás la atención y te reubicarán lejos de tu hermana.

Claude estaba irreconocible: actuaba estoico y sabio, era todo un mentor.

Algo había pasado desde la última vez que lo vimos que lo cambió por completo; tal vez podría confiarle el bienestar de Natalie y Rachel si yo llegaba a faltar.

De regreso a la mesa, observé a Zane detrás de una de las ventanas en el cuarto piso.

Estaba seguro de que había visto todo el entrenamiento; tal vez era su manera de ponerme a prueba antes de formar parte de una guerra mundial.

Era obvio que Zane se había rodeado de un grupo de personas en las que confiaba plenamente, lo cual lo hacía aún más contradictorio: ¿por qué Sora seguía formando parte del grupo? Si mi hermano no se fiaba de ella, ¿por qué la mantenía cerca?