Capítulo 9 La familia que elegimos
Lo único más impresionante que la fachada de Aethelgard Hall era la mansión por dentro.
Lo poco que había visto hasta el salón central era una exposición de arte mundial tras otra, entre pequeños salones apasionadamente decorados.
Los techos enormes y victorianos contrastaban con la iluminación inteligente, que servía como un adorno adicional elevando algo ya hermoso a niveles magistrales.
Rachel y Natalie me escoltaban a mis costados con tranquilidad.
No había nada en su olor, respiración ni ritmo cardiaco que indicara peligro; si no me podía fiar de nadie entre los presentes, sabía que mis chicas tenían toda mi confianza.
A pesar de todo, ambas se sentían seguras en la mansión de los Walker.
—¿Te puedo ofrecer té, Gabriel? —Un tranquilo y despreocupado Claude señaló una tetera que parecía una reliquia de hace muchas eras.
—No, gracias —comenté cuando un breve mareo se hizo presente mientras intentaba asimilar lo ridículo de la situación.
Claude Walker, el vampiro que casi nos mata el año pasado, estaba ahí, abriéndonos las puertas de su hogar, pidiéndonos que nos sentáramos en sus muebles y portándose como un excelente anfitrión.
Me tensé un poco cuando Rachel tomó lo que parecía su taza y la acercó a Claude.
—Con gusto, dulce Rachel.
—Estoy a punto de colapsar. Por favor, explíquenme qué demonios está pasando —pedí respuestas dirigiendo la vista a Rachel, Natalie, Ceci y Sora; sin embargo, todas hicieron lo mismo: me miraron brevemente y, en silencio, volvieron la vista a la chimenea.
La presencia de Zane, a pesar de ser imponente y seria, había pasado desapercibida por la cercanía de tantas personas que, en condiciones normales, no debían siquiera conocerse.
Mi hermano, por primera vez desde el inicio de clases, me observó directamente.
Me era imposible no sentir dolor al redescubrir las facciones de papá y los ojos de mamá en él.
Era evidente que se sentía en casa; cuando lo veía en Helson siempre llevaba el cabello hacia atrás y sus atuendos consistían en pesados abrigos y trajes impecables.
Pero en lo que me apresuré a llamar su "refugio", Zane llevaba unos pantalones grises ajustados algo pasados de moda, un par de tenis blancos y una sencilla playera negra de manga corta con cuello en V.
Su flequillo rubio caía sobre su rostro con libertad, brillando con los colores del fuego de la chimenea.
—Clue... bueno, Drake y Neferura han encontrado a Charles y a mis padres.
Llevan meses trabajando juntos y son una especie de rehenes no informados.
Aparentemente ambos se han hecho pasar por estudiantes de posgrado y han estado en búsqueda de algo que puede poner la balanza de esta guerra a su favor.
—El tono apagado de Zane escondía una profunda furia en cada nota de su voz.
—No puede ser. Antes de venir hablé por horas con Charles, él está bien —refuté, mientras se destrozaba la idea de que mi hermanito estaba tranquilo y feliz.
—El mejor rehén es el que no sabe que lo es; el que se siente cómodo y confía en su captor, Gabriel. —Sora tomó mi mano mientras Zane la fulminaba con la mirada—. Lo lamento, ¿prefieres que me retire?
—No es mi hogar para estar corriendo a nadie —respondió secamente mi hermano cuando la vidente me soltó.
—Entonces, ¿qué hacemos perdiendo el tiempo? Tenemos que dar con ellos y eliminarlos —dije lo evidente que nadie aún había propuesto.
—No es tan simple. —Ceci levantó la mirada y con pena admitió—: Clue me advirtió que si Zane hacía el mínimo esfuerzo de buscarlos, los mataría.
—Debí arrancarle la columna en diciembre. —Un extraño fulgor morado se desprendía de un tatuaje en el brazo derecho de mi hermano.
—Si tuviste la oportunidad, ¿por qué no lo hiciste?
Charles y mis padres corren peligro. Incluso si seguimos las indicaciones de ese maldito, el Grupo de los Cien o cualquier organización antiterrorista puede matarlos por estar cerca de ellos.
—Sentí de nuevo la asfixia, sin darme cuenta de que estaba a punto de hiperventilar.
—No pude. Tenía que proteger a alguien. —Zane miró a una de las entradas del salón mientras por la puerta una pequeña niña rubia de melena corta se asomaba—. ¿No puedes dormir, Cat?
—Creo que me volví a pasar con la Nutella, Zane, perdón. —La niña de nombre Cat salió corriendo en pijama a los brazos de mi hermano, quien la cargó con dulzura mientras ella escondía su cabeza en el cuello del vampiro.
Activé la visión de rastreo para entender de qué se trataba y noté algo particular en ella: el mismo brillo verde que desprendía la maestra Ronda, pero atenuado. Parecía casi humana; era una especie de híbrido entre elfo y humano.
—Escucha, aún tenemos algunas cosas que hacer aquí. ¿Puedes regresar a tu habitación e intentar dormir un poco?
—¿Me puede arropar Sora? Hace mucho no platica conmigo. —Zane miró a la vidente y, con los brazos extendidos, Sora se puso en pie para abrazar a Cat. La cercanía entre mi hermano y la vidente fue casi bochornosa, haciendo que Ceci, Zane y ella se tensaran; esa situación la había vivido yo antes.
—Adiós, mini Zane dragón, qué gusto conocerte. —Con su pequeña manita, que llevaba una pulsera de arcoíris y cuentas cuadradas que formaban la palabra "Catherine", se despidió mientras me dedicaba una bonita y chimuela sonrisa.
—Mucho gusto, Cat. —Sora caminó siguiendo las indicaciones de la niña hasta que dejé de escucharlas.
—En verdad la estás malcriando, Zane. Solo contigo actúa como un bebé. —Ceci olvidó la incomodidad anterior y se recargó en el hombro de mi hermano.
—Lo sé, pero me romperá el corazón cuando deje de ser nuestra Cat.
—Comprendí, sintiendo unos celos inmaduros que me avergonzaron, las palabras de Ceci cuando me explicó que Zane tenía muchas personas que proteger.
En solo seis meses, mi hermano había formado su propia y extraña familia, así como yo lo había hecho en Helson, y por lo que había entendido, aún me faltaban miembros por conocer.
—¿Qué pasará con Charles y mis padres? ¿Solo dejamos que Drake los use como chivos expiatorios y chalecos antibalas? —Retomé la conversación en el punto que no habíamos resuelto.
—Ellos no son los únicos que están a merced de Drake, Gabriel. —Rachel sujetó mi mano con preocupación.
—Rachel, no trates de llenarle la cabeza con tus temores. —Natalie enfrentó a la hechicera.
—Gabriel tiene un pacto de sangre con Drake y tarde o temprano lo hará cumplir, Natalie. —La exasperación de la rubia escaló con cada palabra—. No es momento para hacerte la tonta. Sabes que él está metido en este aprieto por...
—¿Por mi culpa, verdad? Eso era lo que me ibas a decir.
—Iba a decir por salvarnos a todos. No es mi asunto cómo tengas la conciencia.
—¡Por favor! ¿Crees que no sé que toda esta situación es culpa mía?
—Unas gruesas lágrimas y un temblor en los puños aparecieron en la lither—.
Recién me voy enterando de que no solo casi hago que los maten a todos, también cada vez que pensaba que enviaba a Inferno a nuestros enemigos, solo los transportaba hacia donde quiera que estuvieran Zane y Cecilia.
—Natalie, ya hablamos de eso y fue lo mejor que pudiste hacer con la información que hasta el momento tenías cada vez que liberabas el Quaerere Helson.
—El estrés se hizo presente en mi hermano al pronunciar la arte oscura de Nat—.
Pusiste a salvo a Gabriel. No podría estar más en deuda contigo, pequeña.
El vampiro se acercó a Natalie y puso su mano en su hombro.
En ese momento, los guantes me cubrieron y apuntaron a mi hermano preparando una bola de fuego directo a su rostro.
Zane retrocedió con calma y regresó junto con Ceci.
Me sentí agitado mientras notaba cómo la conciencia de Fang luchaba por despertar al estar rodeado de vampiros.
—Gabriel, te obligaste con Drake como parte de su guerra.
No podemos contar contigo. Lo único que podemos hacer es tratar de mitigar cualquier daño que te obligue a hacer en sus atentados e intentar que las autoridades no te cataloguen como un infractor.
—La seriedad de las palabras de mi hermano me hacían imposible reconocer a ese Zane de Los Ángeles que buscaba contratos para su banda.
Algo en él lo hacía lucir apagado y cansado, como si hubiera envejecido años mientras seguía luciendo joven.
Tal vez era el peso de la responsabilidad, una que yo podía reconocer a la perfección porque me sentía igual.
—Hasta que entendamos los límites de tu pacto, será mejor que tengas un perfil bajo. ¿Te parece bien? —Ceci me dedicó su habitual cálida sonrisa mientras se sujetaba a mi hermano con fuerza.
—Eso no significa que te dejaremos solo, chico. —Claude me miró con solemnidad—. Yo cuidaré a las señoritas y a tus amigos mientras estés haciendo tus encargos con ese imbécil. Es lo mínimo que puedo hacer después de mi pequeño desliz del otro día.
—Claude... —Zane, con autoridad y una sonrisa que no le había visto desde que "murió", se dirigió al vampiro.
—Qué más remedio —comentó Claude derrotado, sin dejar de verme—.
Te pido una sincera disculpa; mi eternidad no bastará para arrepentirme de todas las cosas estúpidas que hice desde...
—El vampiro miró a Natalie con un extraño reconocimiento que lo llenó de tristeza—.
En fin... como mejor amigo y escudero de tu hermano, me pongo a completa disposición de las doncellas del joven lagartijo y, por la casa Walker, juro que las damas estarán a salvo.