Capítulo 8 Aethelgard Hall
En la clase de Richard, las chicas no mencionaron el tema de Donna; de hecho, estaban tan enfocadas en la clase que pensé que lo habían resuelto y simplemente no querían volver a tocar el tema.
Después de Tiro con Arco, en la cena solo vi a Jessie y Tommy.
Sabía que Dyl y Linsey estarían en un concierto, pero me extrañó que Rache y Natalie no estuvieran.
Antes de llegar con ellos me serví todo lo que pude para matar mi apetito; no tenía nada en contra de los vegetales, pero no podía hacer tanto deporte si en hora y media ya tendría hambre de nuevo.
Los chicos me contaron que irían a Edimburgo de fin de semana y se quedarían en un castillo; le pedí a Tommy que en cuanto regresara me mostrara todas las increíbles fotos del viaje y le aseguré a Jessie que reaccionaría a toda la cobertura de su aventura por medio de sus historias.
Cuando regresamos al Edificio F, me despedí de la pareja, ya que ellos se quedaron en las salitas planeando su escapada romántica. Toqué en el cuarto de Rachel, pero no me abrió; después en el cuarto de Natalie y tampoco. Estaba pasando algo extraño.
Antes de caer en pánico, verifiqué mi pulsera de emergencia y todo marcaba normal.
Tampoco es como que activaría la visión de rastreo para seguirlas, así que solo les mandé un mensaje a cada una diciendo: "¡Hola!
¿Todo bien?". Entonces me di cuenta de que estaba haciendo lo mismo que mi madre cuando me solía tardar al llegar a casa.
Cuando entró la videollamada de Charles, sentí que las cosas regresaban a la normalidad con mi hermano.
Me contó que, técnicamente, solo le faltaban un par de meses para acreditar toda la secundaria; Charles había adelantado dos años en solo seis meses.
Me comentó que estaba pensando tomarse un tiempo para viajar con mis padres antes de decidir si Helson era para él; estaba descubriendo un mundo oculto en cada excavación que lo emocionaba, y pensé que el pobre, no tenía idea de cuántas cosas ocultaba realmente este mundo.
Lo invité a Londres para cuando quisiera conocer el campus; quizá ver a una que otra chica guapa le ayudaría a decidirse por mi escuela.
Tal vez para cuando se animara, ya habría resuelto todo el tema de Zane.
Él decía que, aunque le emocionaba la idea de estar dos años en la misma escuela juntos, no quería ser el "enano hermano de Gabriel" y que no tendría tanto éxito con las chicas de ese modo, pero que si daba el estirón, las cosas serían diferentes.
Después, la conversación se volvió menos académica; me platicó de algunos títulos que Virgil le había recomendado para jugar.
Estaba tan desconectado de los videojuegos y de mis pasatiempos que sentí que hacía mucho no era yo mismo.
Charlamos de películas y de videos virales.
Nos atacamos tanto de risa que me estaba doliendo el estómago; casi había olvidado, después de estos seis meses sin poder verlo, que cada vez que reía mi hermanito se cubría parcialmente la boca de manera inconsciente porque tenía los dientes izquierdos chuecos y no le gustaba que lo vieran.
Cuando me despedí de Charles, me quedé tranquilo.
Cerré la laptop y me acosté; aún era temprano para dormir, así que comencé a ver videos de los juegos de los que habíamos charlado.
En ese momento sonó el celular. Era Rachel: “Ven a esta dirección, usa las alas”, junto con una ubicación.
En cuanto me disponía a abrir la dirección, me llegó otro mensaje de Natalie diciendo: “No vengas. Cuando regrese llego a tu habitación y te explico todo”.
Preocupado, les marqué, pero sus números no enlazaban. Abrí la ventana y me disponía a salir volando.
—¿Qué tal si aprovechamos el viaje a Windmill Hill para hablar? —Sora se encontraba en el justo espacio en el que caí cuando las chicas, sin querer, me arrojaron por la ventana en octubre.
—Sora, ahora no. Pasa algo con las chicas. —Cuando Sora saltó a mi ventana, me tuve que quitar bruscamente para no ser golpeado; sin embargo, Fang seguía sin activarse.
—Anda, llévame. Hace no mucho era un consuelo para ti tener una vidente de tu lado.
—Hace no mucho confiaba plenamente en ti. —Volví a asomar la cabeza para asegurarme de que ningún estudiante me pudiera ver salir con las alas desplegadas.
—Gabriel, ahora más que nunca me siento tan sola. De verdad me vendría bien pasar un poco de tiempo a tu lado.
—Si te sientes así, deberías elegir mejor a tus amigos, Sora. Tal vez Drake y Neferura no fueron tu mayor acierto. —Encaré a la vidente; me resultaba extraño verla con ese tono azul en los ojos y el cabello tan púrpura.
—Yo nunca aposté por ellos; siempre he estado del lado de los hermanos Hunter, bobo.
—Zane ni siquiera es un Hunter ahora.
—Él siempre lo será. Ser un Helson es solo el rol que le toca desempeñar en esta partida; después de todo, alguien tiene que lidiar con los desastrosos príncipes de Inferno. —Recordé el término, ya que Ceci lo había mencionado.
—¿Qué sabes tú de ellos?
—Bueno, te resultará extraño, pero yo soy una de ellos.
—¿Entonces el trabajo de mi hermano es acabar contigo? —Traté de no sentir preocupación por Sora, pero me resultó imposible; después de todo, Zane parecía imposible de vencer.
—No, Ototo. Él tiene que encargarse de nosotros como un embajador... Que no hagamos atentados, que no participemos en guerras y, en general, que regresemos a donde pertenecemos.
—A Inferno... —sentencié, mientras trataba de reprimir las ganas de gritarle a Sora y decirle lo mucho que me había defraudado—. Ya me tengo que ir.
—Bueno, Inferno es muy grande. En mi caso, me enviaría a mi reino, Modeo, porque soy Azu, princesa de Modeo. Tal vez has escuchado el nombre Asmodeo; soy yo.
—Ya veo, ni siquiera te llamas Sora. Me tengo que ir.
—En realidad aún no me siento plenamente Azu; esto de la sentencia me ha revuelto mucho la cabeza.
Pero no importa, ¡en marcha! ¿Cómo le hacemos?
¿Me subo a tu espalda o me llevarás como diría tu hechicera...
"en brazos de mi príncipe dragón"? —Sora imitó el tono de Rachel a la perfección mientras se reía.
—Será otro día, Sora. Fue bueno verte. —Sin más, salté por la ventana.
—Nunca lo haces fácil, ¿verdad, cariño? —Una neblina azul con purpura me envolvió. Sentí un terrible mareo que me volcó el estómago mientras la escuela desaparecía.
—¡Sora! ¡¿Qué diablos hiciste?! —La vidente y yo nos precipitábamos en caída libre. Los oscuros bosques y la niebla que aún nos envolvía no me permitían distinguir mucho.
—Si no es mucha molestia... —Sora extendió las manos pidiendo que la sujetara—. No se me da eso de tener alas.
—¿En dónde estamos? —exigí saber cuando toda la niebla se hubo despejado y el aire nocturno golpeaba nuestro rostro mientras estabilizaba el vuelo. Reconocí la fragancia de la vidente y sentí un golpe de nostalgia que me molestó.
—¡En Windmill Hill, claro! Pensé que si volábamos por treinta y cinco minutos podríamos ponernos al corriente y aclarar todo, pero es evidente que no me escucharás hasta que compruebes que la rubia y la pelirroja están a salvo.
—Descendí lentamente tratando de ubicarme.
En cuanto toqué el suelo y sin mucha delicadeza, solté a la vidente.
Sora aterrizó con la gracia de una gimnasta a pesar de sus tacones de miles de dólares, mientras yo comprobaba que nos encontrábamos en la ubicación que Rachel me había mandado.
Caminamos por lo que parecía un camino rural hacia una entrada con un pequeño letrero que decía: Aethelgard Hall.
Casi parecía un pasadizo secreto; entre más nos metíamos, más denso y claustrofóbico se ponía el entorno.
Caminamos en silencio algunos minutos. Al salir de la parte boscosa, el aire pareció ensancharse de golpe.
Frente a nosotros vi lo que parecía un maldito palacio.
Era una propiedad inmensa, con esa clase de arquitectura que se ve en las películas de época donde todo es perfecto y caro.
La fachada era de una piedra clara, casi blanca, que brillaba bajo la luna como si estuviera hecha de nácar.
Tenía columnas enormes e hileras de ventanas gigantescas que dejaban salir una luz dorada tan cálida que hacía que el bosque a mi espalda pareciera doblemente oscuro.
Todo era perfectamente simétrico, con balcones de mármol y estatuas que vigilaban desde el techo, como si los dueños hubieran decidido construir su propio reino privado en mitad de la nada.
No había ni una mancha ni una grieta; era una joya de perfección absoluta.
Por un segundo me quedé ahí parado, tratando de entender cómo un lugar tan increíble podía estar escondido detrás de un camino tan cerrado.
Era demasiado bonito para ser real, y eso fue lo que empezó a ponerme nervioso.
—Bueno, para ser casi de la realeza, es muy centrado —comentó Sora por lo bajo, rompiendo el silencio.
—¿Quién vive aquí, Sora? ¿A quién le pertenece Aethelgard Hall?
—Ponte tenso y sigue desconfiando de mí, Gabriel. —Sora me dedicó una sonrisa tierna que me dolió de manera inmensa mientras acariciaba mi cabello.
—Esa fue decisión tuya. Yo pude seguir ciegamente todo lo que me decías... yo en verdad te quería. —Un reclamo vergonzoso salió entre mis dientes.
—Lo sé, Ototo. Siento que últimamente le he fallado a tantas personas que es difícil ser yo. —Cuando llegamos a la enorme y lujosa bahía para autos, la puerta se abrió de par en par.
—¡Pequeña Sora! ¡Lagartijo! ¡¿Qué diantres hacen aquí?! —Claude Walker apareció con los brazos abiertos. De inmediato Fang se tensó y me cubrió hasta el cuello, mientras Sora caminaba tranquilamente hacia el vampiro.
—Claude, ¿dónde están Natalie y Rachel? —exigí saber en el instante en que la espada se materializaba en mis manos. No daba crédito a lo que veía: Sora y Claude se abrazaron, luego se tomaron de las manos y las agitaron felices, como si fueran amigos que no se veían hace siglos.
—Tranquilo, chico. Ambas se encuentran en el salón principal con los demás. ¿Gustan pasar?
—¿Qué tal si nos das unos segundos y nos reunimos contigo, Claude? —Sora bajó la voz y, con un gesto de disculpa, estrechó una última vez las manos de Claude. El vampiro asintió tranquilo y entró, despidiéndose de mí con la mano.
—¿Qué demonios, Sora? —El calor de Fang y el sentimiento de que me habían puesto una trampa me hicieron sentir como un estúpido niño al que habían timado de nuevo.
—Gabriel, aunque te lo intente explicar, no me creerás. ¿Qué tal si me esperas aquí y salgo con las chicas? ¿Eso está bien para ti?
—No, Sora. Nada de lo que hagas me parecerá bien porque no confío en ti. No lo comprendes, ¿verdad?
—Gabriel, lo único que me mantiene en pie es saber que todo lo que he hecho ha sido por su bien, pero tener esta maldita visión me hace actuar de maneras que mis seres amados no pueden comprender del todo. Ya regreso, voy por las chicas.
Después de unos minutos que parecieron una eternidad, las puertas se volvieron a abrir.
—Gabriel, te dije que no vinieras. —Natalie, molesta, apareció al lado de Rachel y Sora—. Vámonos de una vez.
—Natalie, no. Gabriel tiene que saber esto de primera mano; no podemos ser nosotras las que se lo comentemos. —Rachel paró en seco a la lither de la muñeca, haciendo que retrocediera.
—¡Dejen los rodeos! ¿Qué está pasando? ¿Qué hacen aquí? ¿Por qué no contestaron los malditos teléfonos? —Demonios, en definitiva estaba perdiendo los estribos exactamente igual que mi madre.
—Rachel, piensa en Gabriel. Nosotras podemos encargarnos de esto.
—¡No, Natalie, maldita sea! Lo único que hemos hecho ha sido consentir que falte a la escuela y que postergue las cosas. Esto es muy serio. —Rachel repitió como autocrítica las palabras que le dijo a Sora la última vez que la vimos.
—Gabriel, entra por favor. Pensé que tendríamos más desayunos de domingo juntos antes de que realmente necesitáramos reunirnos aquí. —Ceci apareció con un aura de preocupación y tristeza, mientras fulminaba con la mirada a Sora.
—¿Qué es lo que pasa con ustedes dos? Siempre que se ven actúan igual —pregunté, mientras sentía cómo me asfixiaba la cantidad de preguntas sin respuestas que se apilaban en mi cabeza.
—Pregúntale a tu hermano —comentó Sora haciéndose a un lado, mientras Zane aparecía en el pórtico con Claude.
—Entra, Gabriel. Charles y mis papás están en un grave peligro.