El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 7 Los cuatro en la mesa #2
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Capítulo 7 Los cuatro en la mesa #2

La mañana siguiente, después de Lengua II, corrí a la enfermería para echarle un ojo a Dyl y comentarle a Linsey que la maestra Ronda no había podido descargar las tareas de la clase, que usaríamos un aula virtual temporal, y que solo teníamos treinta minutos para subirla de nuevo.

Cuando llegué con ellos traté de hacer caso omiso a lo que fuera que interrumpí y por ningún motivo pregunté de dónde diablos Linsey había sacado un atuendo de enfermera sexy en tan poco tiempo.

Era evidente que Dyl ya se encontraba bien, pero seguía un poco mareado ya que toda la situación le intensificó una pequeña infección en el oído que ya tenía.

Así que se quedaría en cama un poco más.

Caminé a la cafetería debatiéndome si contarles a los chicos lo que había visto o guardarlo solo para atormentar al depravado de mi amigo estando solos; el viernes se estaba desvaneciendo junto a la semana y solo me quedaban dos clases después de la comida.

—Chicas, ¿así que ya conocieron a Donna? —comenté viendo a Rachel y a Natalie sentadas en nuestra mesa habitual—. ¿Sí le comentaste a tu hermano que se nos podía unir cuando quisiera?

—Gracias Gabe, sí le comenté, pero Fred es muy penoso para esas cosas; sin embargo eso me dio oportunidad de conocer a Natty y a Chel. Me hubiera encantado seguir charlando con Tom y Jess, pero se tuvieron que retirar.

—Sí, “Gabe”, “Tom” y “Jess” tuvieron que irse porque “Tom” le dará mentorías de matemáticas a “Jess” y salieron corriendo.

—Yo creo que Natalie de verdad creía que yo era retrasado; comprendí por cómo estaba acortando los nombres de los chicos que algo andaba mal, además ¿en qué universo Tommy estaría capacitado para dar mentorías de matemáticas?

—Ya veo y ¿de qué charlaban?

—Bueno, Donna se quedó preocupada porque aún no comías cuando le explicamos que fuiste a la enfermería, así que te trajo esta charola de rica comida. —Rachel, sin dejar de verme a los ojos, terminó la frase; me sentía en problemas aunque no sabía la razón.

—Espero te guste lo vegetariano. —Donna apoyó sus codos en la mesa y descansó su cabeza en sus manos, despreocupada.

—Oh wow, qué amable, son muchas verduras.—¿Y la carne?

—Abre, enfermito, ahí viene el avión. —La chica tomó una gran porción de algo que tenía huevo revuelto con una planta extraña y me lo ofreció.

—Si tienes a bien, Donna, yo lo hago. Solo fui a visitar a un amigo, se llama Dyl. —Tal vez estaba comprendiendo cuál era la razón del enojo de las chicas.

—No me molesta —respondió animada.

—Él insiste —Rachel y Natalie lo dijeron al unísono.

—¿Y está bien el gran D? —Bueno, si a las chicas no les caía bien Donna, Dyl la amaría.

—Sí, todo bien y ¿de qué más platicaron? —Quería entender qué tan grave era la situación.

—Es un secreto, son cosas de chicas. Natty, Chel, ¡las veo luego y no le digan nada, ok?

—Donna rodeó la mesa y se despidió de mí besando mi sien en un momento extraño, mientras sentía la patada de alguna de las chicas en la espinilla mientras volvía a escuchar la misma canción cuando se acercó a mí.

—Gabriel, no —Rachel sentenció muy molesta.

—¿Y por eso me pateas? —pregunté aún sintiendo cómo me punzaba la pierna.

—Fue Natalie.

—De qué hablas, yo no hice nada.

—Bueno, sí fui yo, pero ¿no crees que ya somos muchos en esta situación? —admitió la hechicera con una cara de disculpa.

—¿De qué están hablando?

—Donna le preguntó a “Chel” si te conocíamos una novia fuera de la escuela.

—Y a “Natty” si le dabas el tipo de ser muy sexual de novio.

—Menos mal Tommy y Jessie no estuvieron para ese punto —comenté respirando de manera pesada; mis amigos ya eran demasiado flexibles conmigo con mi indecisión porque se trataba de Natalie y Rachel las involucradas.

—Gabriel, ellos estaban aquí. ¿Por qué crees que se fueron? Rachel, tienes que hacer algo con esa tipa, yo no la tolero. —Natalie cruzó los brazos y se recostó con su cabeza de lado en la mesa.

—¿Por qué yo? —La hechicera brincó, jalando a Nat del hombro para que la volteara a ver.

—Porque es una intrusa, loca e intensa y está detrás de Gabriel, así como llegaste tú el semestre pasado.

—Eres una...

—Yo me haré cargo. —Sentí que se estaban ahogando en un vaso de agua.

—No, tú no. —Era perturbador cómo seguían hablando al unísono.

—¿Por qué no? —pregunté ofendido, sentí que de nuevo estaban subestimando mis habilidades para resolver los conflictos y ser directo.

—Gabriel, hemos sido muy cuidadosas tratando con tu club de fans porque a esas chicas les era suficiente verte caminar por los pasillos todo callado y misterioso, pero Donna es diferente.

—Rachel lo dijo como si fueran mis guardaespaldas de chicas invisibles que ni siquiera conocía.

Pero dejaban a un lado que todos los días tenía que soportar los comentarios pasivo-agresivos de los tipos de tiro deportivo que amaban a Natalie y las malas caras de los cretinos de teatro que se estaban disputando el protagónico desde que se anunció que Rachel sería Julieta este semestre.

—No te metas, Gabriel, solo le terminarás diciendo algo súper empático y lindo, creyendo que eres directo, y seremos cuatro en esta mesa.

—Natalie concluyó su frase, se puso en pie y golpeó mi hombro cuando se retiró—.

Vamos, “Chel”, lo mejor será que le digamos cómo funciona la escuela a tu nueva amiga.

—A la tuya. —La hechicera también se puso en pie, me sonró tiernamente y estaba a punto de besarme, pero notó que lo haría justo en el lugar que Donna lo había hecho; de inmediato se arrepintió sintiendo repelús y también me golpeó—.

Eres un volado, le pediré a Dahlia que la investigue, algo no me cuadra.

—Suenas igual que Meredith. —Me sobé el hombro. ¿Desde cuándo Rachel se había vuelto tan fuerte?

—Te prohibió que le llamaras por su nombre —la hechicera sentenció, alejándose caminando entre las mesas.

El único consuelo que tuve fue ver sus hermosas cabelleras alejándose de mí, mientras discutían cosas que no alcancé a escuchar; un sentimiento de insatisfacción me hizo sentir irritado.

Yo no quería más problemas, tampoco necesitaba que alguien llegara a meterles presión adicional; sabía que la tregua entre Natalie y Rachel era una ilusión y cualquier agente externo podría iniciar una guerra en Helson.

Tenían cuarenta minutos antes de que iniciara la clase de Richard para resolverlo, de lo contrario yo interferiría.

En lugar de preocuparme por cosas que no podía controlar, le mandé un mensaje a Charles, para ver cuándo podíamos tener una videollamada.

Mi hermano menor llevaba desde Navidad completamente recuperado; ya hablaba, bromeaba y me había platicado de un amigo nuevo llamado Virgil.

En realidad era uno de los pasantes de mis padres que los acompañaba en su trabajo, pero si mi hermano había encontrado un amigo en él, no se sentiría tan solo y me daría el tiempo suficiente para saber cómo controlaría el tema de Zane.

Sentí que estaba aplazando un mundo de problemas alrededor de mi persona al enfocarme en mi vida en Helson, y tal vez ser reactivo con todo lo demás sería algo que terminaría pagando.

Por el momento solo podía enfocarme en terminar la asquerosa comida que Donna me había dejado, esperando que aún quedara un poco de carne para no morir de hambre en la última hora y solo enfocarme en respirar y darle con la flecha a esa diana.