El Último Soldado de Alma (Helson Las últimas crónicas nº 3) Capítulo 6 El eco de los ausentes
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Capítulo 6 El eco de los ausentes

Caminamos rápidamente, en silencio, mientras el frío provocaba que mi respiración se sintiera pesada y dolorosa.

Entramos al Edificio F, el cual parecía un mausoleo.

Cuando llegamos a la habitación de Rachel, como era costumbre, esperé a que abriera su puerta para marcharme al tercer piso, pero esta vez la hechicera sujetó mi muñeca.

—Aún no quiero que termine nuestro viaje, Gabriel. ¿Te gustaría quedarte?

—¿A qué hora crees que termino de correr los domingos? Sabía que no me podía quedar atrás después de ver en traje de baño a... —Rachel recordó su autoimpuesta regla y no concluyó la frase.

Detestaba que ambas se tuvieran tan presente la una a la otra, como una sombra inalcanzable que las obligaba a competir por estándares imaginarios; pero más me detestaba a mí por haber generado esta disputa por un estúpido remedo de premio que no estaba seguro de cuánto valía la pena.

Entré a la habitación de Rachel; ambos nos descalzamos.

Rache tomó ropa y entró al baño; yo solo me quité la camisa helada y me senté en su cama tratando de entrar en calor.

Reconocí en su mesita de noche los recuerdos que adquirió en Egipto; también una foto que nos tomaron después de la función especial de año nuevo con la que se despidió de su papel como Lady Macbeth.

Odié ver mis ojos irritados; pensé que no se notaría en la oscuridad del teatro que las estúpidas lágrimas me abordaron mientras revivía el trauma que Neferura me implantó al verla morir.

Cuando Rachel salió del baño, solo portaba una sudadera de capucha mía de los Yankees que tenía semanas buscando. Me hacía feliz saber que no la había extraviado, aunque era más que evidente que ya debía darla por perdida.

—Bonita sudadera —comenté maravillado, mirando sus piernas desnudas y el cómo las mangas le quedaban enormes.

—¿Quieres ver cómo hace juego con mi nueva gorra? Ya regalé la de los Dodgers. —Rachel volvió a utilizar ese tono bajito que solía emplear cuando nos encontrábamos a solas, dándole un matiz más seductor que me volaba la cabeza.

—No creo poder controlarme mucho si lo haces, mejor ven a dormir.

Rache corrió a la cama tratando de escapar del frío.

Rápidamente ambos nos cubrimos entre las sábanas de franela y las cobijas que tenían impregnado el embriagador aroma de la rubia.

Solo la escasa luz que se colaba entre las cortinas nos permitía saber que ambos manteníamos los ojos abiertos; la cercanía de nuestros cuerpos y la excitación hacían imposible que pudiéramos conciliar el sueño.

—Faltan cuatro horas para que tengas que ir a tu castigo, Gabriel.

Tal vez deberíamos intentar descansar un poco.

—Rachel me dio la espalda y buscó mi mano para que la abrazara; de nuevo había dejado mi mano en su pecho.

Sentir su calor y el latir de su corazón me estaba enloqueciendo.

Gasly, Hunter, Gengar, Onix... De pronto, su corazón se tranquilizó y un ligero ronquido me indicó que Rache se había quedado completamente dormida.

Percatarme de que la hechicera confiaba en mí hizo que me relajara y, en segundos, ya estaba soñando.

—Despierta, amor, tienes que ducharte y cambiarte. —Sentí los labios de Rachel mientras intentaba abrir los ojos.

—Odio a la novia de mi hermano. —Me puse en pie un poco mareado, buscando mi ropa. La hechicera ya se encontraba con un atuendo deportivo ajustado y presumiendo su nueva gorra de béisbol—. ¿Cómo es posible que estés tan despierta? Llegamos hace apenas un par de horas.

—Trata de terminar lo antes posible con la profesora Helson para que puedas descansar.

—Claro... Por cierto, Rache, respecto a ayer: la verdad todo fue un desastre y muy extraño, pero me gustaría regresar pronto a Liverpool.

—Creo que sigues muy dormido, Gabriel; estás diciendo incoherencias.

Rachel y yo salimos sin hacer ruido hasta llegar a la escalera; ella se dirigió hacia abajo mientras ajustaba su reloj.

Tomé una ducha rápida, dejé las botas en mi armario y la camisa extendida, sin tener idea de cómo se tenía que lavar algo tan costoso.

Me puse los tenis más viejos que tenía, un pantalón roto por las rodillas y una sudadera llena de agujeros.

Solo había ido a los jardines de Helson cuando Natalie me pedía que pasara por ella después de su clase.

A lo lejos miré a Cecilia al lado de unos sacos grises.

—Buenos días, Gabriel. —Ver a Cecilia Helson bostezar rompía por completo la imagen de perfección que había proyectado todo este tiempo—. Una disculpa, es una pesadilla esto de dormir y despertar.

—Buen día. ¿Se refiere al jet lag, profesora? —Supuse que venía también de Nueva York; estaría transitando por el mismo martirio que sufrí yo el semestre pasado.

—En realidad me refería a dormir; aún no me acostumbro a volver a ser humana. Los vampiros no duermen, había olvidado lo duro que es tener que despertar temprano. De haber sabido, habría recorrido el castigo a una hora más decente; no sé en qué estaba pensando.

—No estoy entendiendo. —Al igual que mi hermano, Cecilia había sido vampiro; eso significaba que tal vez Zane podría regresar a la normalidad—. ¿Entonces, como fue vampiro, se le quedaron las ojeras, lo pálida y la mirada de asesina?

—Eres un chiquillo muy grosero. Las ojeras son maquillaje, tú eres el menos indicado para hablar de palidez y no tengo ojos de asesina.

—Un poco sí, corazón, a veces das miedo.

—Una joven castaña de cabello ondulado, ojos del mismo verde que los de Zane y muy atractiva, salió del invernadero—.

Así que tú eres el "mini Zane". Vaya, sí que se parecen; incluso te vistes como él antes de que lo arreglara.

—Cecilia trató de reprimir una sonrisa por el comentario—.

Mucho gusto, soy Florencia Serrato, soy la gemela de tu hermano y también una lither.

—Ahora comprendía a Rachel cuando se quejaba al compararla con sus hermanas; era molesto.

—Yo no soy ningún "mini Zane", además ¿qué es eso de que eres su gemela?

—Solo un juego nuestro. Oye, no te enojes conmigo, seamos amigos, ¿sí? —Florencia quiso tocar mi hombro, pero yo me hice hacia atrás.

—Flo, creo que no es el momento. Gabriel no ha tomado del todo bien que Zane sea...

—Un asesino, inmortal, alguien tan irresponsable que nos dejó creyendo que había muerto... pero me alegra que iniciara una nueva familia feliz con su hermana gemela y su prometida ex chupasangre mientras su otra familia se hacía añicos.

—Será mejor que nos pongamos a trabajar, creo que ya te hicimos enojar mucho hoy, Gabriel. Te busco al terminar, Flo. —Cecilia respondió con paciencia, tratando de dar por terminada la discusión.

—Yo iré por una taza de café. ¿Al bebé le traigo una Gerber o preferirá una mamila? —Hacía tiempo que no veía los ojos rojos de una lither.

—Flo, no comiences. —El tono de Cecilia me hizo entender que estaba por demás acostumbrada al comportamiento de Florencia.

—No sabes nada de mí. ¿Crees que puedes llegar aquí, presentarte y automáticamente voy a soportar tus estupideces?

—No, de hecho mi intención era otra muy diferente, pero vaya primera impresión que me has dado, Gabriel. Tal vez Zane tenía razón: tal vez todos deberíamos simplemente dejarte en paz.

La primera hora del castigo la pasé moviendo sacos de fertilizante de la bodega a los jardines.

Cecilia comentó que le resultaba un fastidio saber que antes podía ejecutar muchas cosas por su cuenta gracias a la fuerza increíble de su facción y ahora tenía dificultades al realizar las tareas más simples.

Ella trabajaba rápido y en silencio; solo para cuestiones que implicaban fuerza pedía mi apoyo: raíces muy atoradas, llevar más apestosos sacos de fertilizante o palear montones de tierra con hielo.

—¿Quiénes son "todos"? —pregunté rindiéndome ante la curiosidad.

—Bueno, yo tengo un refugio para Artículos en Nueva York; son chicos que por alguna razón requieren un hogar y que son miembros de alguna facción.

Todos somos muy unidos y venimos con Zane para conocerte, solo que tal vez no pensamos bien las cosas.

Te pido una disculpa, Gabriel; tal vez fue demasiado invasivo que aprovechara que soy dueña del colegio para meternos Zane y yo en tu vida.

—Cecilia cerró los ojos y, con una cálida sonrisa, continuó trabajando.

—Me dijiste que le borraron la memoria, mató a alguien y fue sentenciado, ¿verdad? —Imaginé a mi hermano matando sin control, preso de su nueva condición.

—Gabriel, no. Zane fue convertido en vampiro como medida de auxilio al ser víctima en un atentado del mundo oculto.

Desafortunadamente la ley es clara al respecto: se le borró la memoria para que, con sus nuevos poderes, no hubiera reprisalias ni más daños colaterales contra la facción o nacionalidad de los infractores.

Todo lo malo que le ocurrió fue culpa del estúpido de Clue.

—La frustración se hizo presente en la profesora.

—No, Drake y Neferura fueron los responsables junto con Sora del ataque del Times Warner.

—Drake y Clue son la misma persona, Gabriel; es uno de sus alteregos. También se cree... —Sora había enredado mucho las cosas, dándole tanta información a ese loco maldito.

—La versión terrenal de Lucifer, lo sé. Entonces, ¿tú conocías a Drake, lo peligroso que era y toda la fuerza de dragón que posee?

—No, Gabriel. Cuando conocí a Clue Dark Fire, solo era un lither. Todo eso de Lucifer y ser un dragón es nuevo. Cuando los vi transformarse como tú lo haces, no daba crédito a lo que ocurría.

—A eso se refería con que su novio regresó de la muerte siendo algo irreconocible.

—Así es, pero no se puede hablar contigo, eres muy terco. —Cecilia esbozó una sonrisa al ver cómo fruncía el ceño—. Ahí vamos de nuevo, ya te molestaste; mejor cambiemos de tema.

—No se me ocurre otra cosa —comenté mientras sentía cómo el sueño y el hambre me distraían.

—¿A quién elegirás: a la rubia o a la pelirroja?

—¡Profesora Helson! —comenté escandalizado. Cecilia apenas había pisado la escuela y ya sabía lo revuelto que estaba el asunto con las chicas.

—Perdón, es que me da curiosidad ahora que las conozco.

Cuando están en mi clase siempre me están vigilando y no se me despegan; es decir, Natalie es muy buena en jardinería, me sigue el ritmo con las técnicas de podado y sembrado a la perfección, además domina la teoría completamente; se nota que le encantan las flores.

En cuanto a Rachel, es mi mejor alumna en tenis; en nuestro set de exhibición solo le gané porque tengo más experiencia que ella a nivel profesional, pero su condición física es impresionante.

Me urge volver a entrenar en serio. Tal vez le pida a Z...

Lo lamento, no debí mencionarlo. —Cecilia se detuvo de inmediato, mientras yo descubría que las chicas, a su manera, no le quitaban los ojos de encima a la nueva profesora porque yo no confiaba en ella.

—Descuide, está bien. Creo que el problema soy yo.

—Bueno, te propongo lo siguiente: excepto si hay estudiantes cerca, tú me llamarás Ceci y yo te invitaré a desayunar dando por terminado tu castigo, ¿trato?

—Aún no estoy preparado para estar con él, lo lamento. —Cecilia se acercó a mí y con un delgado brazo me rodeó a la altura de los hombros.

—Zane no estará en el desayuno, bobo. ¿Has intentado desayunar con un vampiro? Hace tres días cometí el error y casi vomito; es asqueroso ver cómo termina sus bolsas de sangre, y eso que yo las amaba.

—¿Bolsas de sangre?

—No puedo creerlo, Gabriel. ¿Creías que yo estaba cortando mis huevos con jamón mientras tu hermano descorchaba la carótida de un estudiante? De verdad crees que es un monstruo.

—¿Entonces Zane no ha matado a nadie?

—Mmm... Destruyó el ejército de exiliados de Claude y eso casi termina con la vida del vampiro; le arrancó la cabeza a Belcebú; destruyó todo el ejército de Liches, Ghouls y exiliados que convocó Clue —bueno, Drake— en diciembre y dice que estuvo así de cerca de matarlo.

—La profesora Helson me mostró sus dedos índice y pulgar casi juntos—.

Pero no; a menos que no me dijera algún asesinato mientras estuve petrificada, tu hermano lo único que ha hecho ha sido salvar vidas.

—¿Zane ya conoció a Claude entonces? ¿Belcebú, el diablo? ¿A qué te refieres con que casi mata a Drake? Ese maldito es invencible.

—Hagamos otro trato: deja de faltar a clases y de ser un grosero conmigo, y yo te contaré todo lo que quieras saber de los últimos meses, desde que tu hermano se volvió inmortal. Ahora vámonos ya a desayunar antes de que la glotona de Florencia termine con toda la cafetería y lo cargue a mi cuenta.

Caminé al lado de Ceci mientras la escuchaba hablar de los primeros días de Zane como vampiro, del rol de los Helson, los príncipes de Inferno y cómo todo lo que había ejecutado mi hermano era para poder llegar hasta aquí.

Tal vez tendría que pasar domingos enteros con mi nueva cuñada antes de siquiera poder hablar con Zane.

El sentimiento de que Ceci no era el monstruo que había sospechado me hizo comprender que tal vez pronto debería buscar a Sora para dejar que se explicara.