Capítulo 2 La silla vacía. #2
—No es la primera vez que lo piensas, ¿verdad?
—Admití negando con la cabeza; la idea de estar con Nat en Nueva York ayudándola a enfrentar a sus padres era algo que llevaba tiempo masticando—.
¿Hay alguna hora del día en la que te quitas tu capa dorada y dejas de pensar en salvarnos a todos para dedicarte a ser un chico normal, Gabriel?
—Natalie me regaló una sonrisa que me quitó el aliento.
—No hay capa, Nat. Solo que hay muchas consecuencias del semestre pasado que no me dejan tener calma y ahora...
—Lo sé. Tu hermano y la profesora Ceci rondan por el colegio luciendo como supermodelos y no sabemos sus verdaderas intenciones. ¿Quieres hablar al respecto? —Volví a negar en silencio—. ¿Quieres que nos quedemos hasta que termine tu clase? —Solo me limité a sonreír.
La lither envió el correo y cerró su laptop. Lentamente se quitó el suéter; pude ver por un instante su ombligo al levantarse su blusa mientras luchaba para que su increíble cabellera en rizos terminara de salir de la prenda.
—Sabes que eres una mala influencia para mí, ¿verdad, Hunter? Deberías decirme que no me salte clases, que mi futuro depende de ello.
—Tienes razón, Nat, debería... —Aun así le tendí la mano.
La lither la tomó y de un tirón ya estaba arriba de mí.
El calor de sus muslos y su trasero se encendió contra mi cuerpo mientras sus rizos iban cubriendo mi visión, hasta que, por fin, sus labios rompieron el frío de los míos.
Sentí una leve mordida y su lengua chocando con la mía; nunca me acostumbraría al exquisito sabor de su saliva, y a cómo los atenuados jadeos rompían el silencio por la cercanía de nuestros cuerpos.
Necesitaba más. Mientras Nat frotaba mis bíceps, yo hacía lo propio, recorriendo la suavidad de sus piernas por debajo de la falda.
Acaricié la curva de su cadera y me detuve de tajo al tacto de su ropa interior.
Nat tomó mis manos y las acomodó en sus glúteos; cerrando los ojos avergonzada, volvió a besarme.
El vapor que generaban nuestros besos, los jadeos y la cortina que formaba su cabello nos hacían sudar.
—Ya es hora, Gabriel —dijo agitada la lither mientras estiraba la mano buscando algo en el cajón de mi mesita de noche que ella misma había guardado tiempo atrás.
Hasta que su celular comenzó a sonar—. No puedo creerlo, parece que es psíquica y no hechicera —comentó Nat poniéndose en pie molesta, buscando su suéter.
—¿Qué pasa con Rachel? —pregunté mirando histérico mi pulsera de emergencia; al no parpadear, indicaba que nadie estaba en riesgo.
—Tranquilo, nadie está en apuros. Dijo que no estás en la cancha de tenis y que vendrá a buscarte.
—Natalie entró al baño, se acomodó la falda, se hizo una coleta alta y me miró desde el espejo señalándome—.
Deberías de hacer algo con eso —soltó Nat con una chispa de malicia en los ojos antes de salir del baño.
—¡Natalie! —Me senté dándole la espalda a la lither mientras cerraba los ojos con fuerza, empezando a recitar mentalmente a los 151 Pokémon de la primera generación como si mi vida dependiera de ello. Bulbasaur, Ivysaur, Venusaur...
—Gabriel, tarde o temprano esto pasará y está bien; yo estoy preparada para ti. —La lither se sentó a mi lado mientras yo intentaba cubrirme—. Además ¿no me prometiste que te mostrarías ante mí tal cual eres?
—Sabes que me refería a lo que pienso y a nunca más volverte a ocultar cosas para protegerte. —Este hábito de los recuerdos me estaba fastidiando mucho; estar tan al pendiente del pasado y verlo con nostalgia me hacía dudar de si no estaría cayendo en un periodo de depresión de nuevo.
—Todo en ti me pertenece, Gabriel. ¿No fueron esas tus exactas palabras? —Tenía que comenzar a cerrar la maldita boca o anotar todo lo que le decía a Natalie.
—Y lo es.
—Pues tu cuerpo también es mío, al menos ahora.
Mira, tarde o temprano algo pasará y te verás obligado a elegir.
—Un profundo dolor se apoderó de la voz de Nat con esa frase—.
Y como va el marcador, la hechicera lleva una aplastante delantera.
El día que tengamos la conversación estaré preparada, pero hasta que no llegue ese día, quiero que descargues en mí todo el amor que me tienes.
—Nat, ¿desde cuándo piensas esto? —Me desgarraba el alma pensar que para llegar a este punto de decirlo con tanta naturalidad, Natalie debió de soportar un dolor indescriptible.
—Vamos, Gabriel, no soy tonta. Si no hubiera sido el títere de Drake el semestre pasado, Rachel no hubiera tenido oportunidad. Aun así, gracias.
—¿Por qué? —Una sonrisa cargada de lágrimas se hizo presente en Natalie.
—Porque ya me ves como antes; no podría sentirme más amada.
—Escucha, todo esto es culpa mía. Tú y yo estábamos felices y siempre juntos. Pero Rachel llegó y no pude evitar...
—No estoy molesta contigo ni con ella porque la amas. Solo me gustaría poder ser la ganadora de tu corazón al final.
Natalie volvió a sentarse en mí y me dio un último beso. Un leve jadeo se escapó de ella cuando volvió a notar mi dureza mientras me abrazaba, tratando de hacer que nuestros cuerpos no se separaran y que nuestros corazones latieran en el lado opuesto en el que el del otro se encontraba.
Era extraño ver cómo mi intimidad poco a poco dejaba de ser algo exclusivo de mi persona y se convertía en algo compartido; sin embargo, no podría sentirme más agradecido por experimentar esto estando enamorado.
Al final de cuentas, en los últimos meses habría sacrificado todo por ellas y tal vez la lither no lo entendía, pero si tan solo pudiera saber cómo la amo, ese marcador imaginario no le preocuparía en absoluto más que la realidad: no podía elegir entre ella y Rachel.