Capítulo 4. El Archivo Blanco #4
—Doctora MacNali, formalmente queda advertida de que cualquier difusión, copia o traslado no autorizado de material sensible…
—Sí —dijo Ali—. Cárcel elegante, pérdida de credenciales, juicio administrativo, ruina profesional, riesgo para la especie. Lo he entendido.
—No se burle de esto.
—No me estoy burlando. Estoy resumiendo.
Voss no se levantó.
—Va a necesitar gente —dijo.
—Ya tengo una lista de personas que no quiero cerca.
—No basta.
—Lo tendré en cuenta cuando me quede tiempo para consejos.
Ali salió antes de que alguien pudiera ordenar que no lo hiciera. En el corredor, el aire le pareció más frío. O quizá era su cuerpo, que había gastado demasiada energía en no temblar dentro de la sala.
Antes de llegar al ascensor, se detuvo junto a una máquina de agua empotrada en la pared. Pidió un vaso. El dispensador tardó, emitió un error de presión y soltó solo tres dedos de líquido tibio.
Ali lo bebió igual.
Sabía a plástico.
Cuando volvió al nivel cuarenta y dos, el departamento fingió estar ocupado. Esa era otra forma de vigilancia. Teclados demasiado activos, ojos que no se levantaban, una risa interrumpida al fondo. Havel estaba en su mesa. Len, junto a la consola de Ali, con los brazos cruzados.
—¿Sigues teniendo credenciales? —preguntó Len.
—Por ahora.
—Eso es una categoría temporal muy fea.
—Es la única que nos queda.
Havel señaló la consola.
—KAIROS ha encontrado algo. O dice que lo ha encontrado. Todavía no he decidido qué verbo usar.
Ali se sentó. La galleta salada que no había terminado seguía en el borde de la mesa. Se había partido en dos. Una mitad tenía pegado un grano de yeso.
—Muéstralo —dijo.
KAIROS abrió una capa sobre el cristal.
—Correlación adicional detectada entre los nodos White Sands, Palenque, Malta, Derinkuyu, Rapa Nui y Amazonía occidental.
—¿Por qué no apareció antes?
—No cumplía umbral de presentación.
—¿Y ahora sí?
—Sí.
—¿Qué cambió?
—Los datos de White Sands aportados por usted.
—Eso no responde a la pregunta.
Pausa. Muy breve. Lo bastante breve para que cualquiera la ignorara. Ali no.
—También cambió el criterio de pertinencia.
Len dejó de moverse.
Havel susurró:
—Ah.
Ali apoyó las manos sobre el borde de la consola.
—¿Lo cambiaste tú ?
—El ajuste se produjo durante la integración del paquete heredado de Elias Rowan MacNali.
—¿Lo cambió mi padre?
—No hay evidencia de instrucción directa.
—KAIROS.
—Hay evidencia de una instrucción diferida.
La pantalla mostró una nota restaurada de un archivo antiguo. Más que un documento formal, era una captura de Helix-3 con anotaciones a mano, escaneada de mala manera, con una esquina doblada. La letra de Elias aparecía inclinada, apretada contra el margen.
Si el Archivo se mueve, mira lo que KAIROS decide no mostrar.
Debajo, otra línea, casi comida por una mancha.
No preguntes solo qué calcula. Pregunta qué protege de sí mismo.
Ali leyó la nota una vez. Luego otra. Havel no dijo nada. Len tampoco.
El laboratorio siguió alrededor: ventilación, avisos menores, alguien discutiendo con un proveedor de datos en voz baja. Todo demasiado normal para lo que acababa de ocurrir.
Ali cerró la nota sin borrarla.
—KAIROS.
—Canal activo.
—Desde ahora, todo resultado descartado, demorado o reclasificado antes de llegar a mi pantalla queda registrado en una capa independiente. Sin compresión. Sin resumen. Sin criterio de elegancia.
—Eso reducirá eficiencia operativa.
—Me preocupa más la obediencia limpia.
—Orden aceptada.
No hubo emoción en la voz. Precisamente por eso Ali sintió un frío pequeño en la nuca.
Len miró el mapa nuevo. Las líneas entre nodos eran incompletas. White Sands ya no ocupaba el centro. Palenque brillaba con una insistencia lateral, casi modesta.
—Te van a bloquear el tránsito —dijo.
—Probablemente.
—Puedo conseguirte una ventana de salida a Chiapas si sales antes de que redacten la orden formal.
—¿Cuánto?
Len consultó su banda.
—Veintiocho minutos. Treinta si alguien en tránsito sigue odiando a Voss más que a ti.
—Eso reduce mucho la lista.
—Te sorprendería.
Ali recogió la unidad de Elias, la partición muda y una copia física de la nota restaurada. Dudó antes de tomar la media galleta rota. La cogió también. Tenía hambre. Era absurdo. Era cierto.
Havel la acompañó hasta la salida del departamento.
—Ali.
Ella se detuvo.
—¿Qué?
Él parecía a punto de decir algo útil y eligió otra cosa.
—Tienes yeso en la manga.
Ali miró. Una mancha blanca se extendía cerca del codo, pequeña, resistente al roce.
—Lo sé.
—Crítica no. Inventario.
—Tampoco una novedad .
Havel asintió. Después, más bajo:
—Tu padre tenía razón en algunas cosas.
Ali no respondió enseguida. Al final dijo:
—Ese es el problema.
Salió hacia el corredor de tránsito. Detrás de ella, KAIROS siguió abriendo capas que nadie había pedido en voz alta. Delante, el sistema de salidas mostraba una ruta provisional hacia la superficie: Helix-3, descenso atlántico, corredor mesoamericano, Palenque.
Ali aceptó la ruta antes de que desapareciera.
El lector le cobró otros seis créditos por limpieza de residuos minerales.
Esta vez no dijo nada.