El último refugio de la Vía Láctea Capítulo 3. Las huellas bajo la arena blanca #3
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Capítulo 3. Las huellas bajo la arena blanca #3

Tawa la miró de lado.

—¿Siempre discutes con la máquina?

—Solo cuando contesta.

—Entonces es culpa suya.

Ali aumentó el barrido. Las huellas no formaban una línea hacia fuera. Eso era lo que no encajaba. No parecían rastro de huida ni de paso accidental. Varias marcas descendían hacia el centro invisible de la curvatura enterrada.

Entraban.

La palabra apareció en su mente sin pedir permiso. Ali la rechazó por principio, luego la dejó a un lado. No la borró. Todavía.

—No busques el origen —murmuró.

Tawa la oyó.

—Elias terminó cansándose del origen.

—Eso no suena a él.

—Se cansó tarde. Pero se cansó.

La unidad vibró contra su muñeca.

PERÍMETRO EN TRANSICIÓN.

ACCESO AMARILLO CANCELADO EN DOCE MINUTOS.

Tawa miró hacia el módulo.

—Tenemos que volver.

—Necesito un barrido más.

—Eso dicen todos antes de quedarse sin permiso y sin dientes.

—¿Le ha pasado?

—Lo de los dientes, no. Lo del permiso, muchas veces.

Ali no se movió. Cambió el escáner a penetración profunda.

El aparato protestó con tres advertencias de calidad insuficiente.

Las cerró. La pantalla se llenó de ruido gris.

Luego, durante menos de un segundo, apareció una forma más limpia: el borde de una estructura bajo el yeso.

No una puerta. No una sala completa. Algo curvo, con una segunda línea en sombra. Un límite. O la promesa de un límite.

El suelo pulsó.

No tembló. Un temblor habría tenido dirección, dispersión, una violencia geológica reconocible.

Aquello fue más bajo, más puntual. Una presión que subió desde las plantas de los pies y se le instaló en los dientes.

Ali apretó la mandíbula. El escáner emitió un pitido agudo. El canal de KAIROS se cortó.

Durante medio segundo, todo se volvió blanco.

Luego no .

Ali se negó a llamarlo visión incluso mientras ocurría. Lo clasificó como interferencia sensorial: estímulo, agotamiento y algún residuo neuroeléctrico producido por el pulso. Eso pensó. Eso intentó pensar.

Vio un niño.

No con claridad. No como se ve una imagen en una pantalla.

Lo percibió por fragmentos: pies desnudos sobre tierra dura, uñas llenas de barro, una manta demasiado grande, respiración blanca en el aire frío.

Encima, un cielo oscuro partido por una serpiente de fuego.

Adultos alrededor empujando a los pequeños hacia abajo.

No con ternura. Con prisa. Una abertura clara en el suelo.

Piedra o sal o yeso. Una mujer con sangre seca en la mejilla diciendo algo que Ali no entendió y que, aun así, le hizo querer obedecer.

Después, oscuridad.

No vacía. Profunda. Salpicada de puntos luminosos que su cerebro tradujo como estrellas por falta de una palabra menos ridícula.

Ali retrocedió y cayó sentada.

El pulso cesó.

El viento volvió como si nada.

El escáner reinició solo. KAIROS recuperó el canal con estática.

—Pérdida de enlace: cero coma siete segundos.

—Cállate —dijo Ali.

Tawa ya estaba a su lado, sin tocarla.

—¿Te has golpeado?

—No.

—¿Estás segura?

—No soy de cristal.

—No he preguntado eso.

Ali se puso de pie demasiado deprisa. La sangre le bajó de la cabeza y tuvo que apoyar una mano en la rodilla. El gesto la enfureció. La debilidad física siempre le parecía una falta de educación del cuerpo.

Tawa esperó.

Eso la enfureció más.

—Ha sido un efecto neurosensorial inducido por vibración de baja frecuencia —dijo.

—Claro.

—Estrés, falta de sueño, contexto, sugestión. Todo mezclado.

—Has encontrado una frase con bata para decir que has visto algo.

—No he visto nada.

—Entonces te has caído con mucha convicción.

Ali lo miró. Tawa tenía la cara cansada de quien gana una discusión y aun así preferiría no haber tenido razón.

Un dron descendió a cuarenta metros de ellos. Emitió una advertencia en un tono demasiado amable.

—Personal no autorizado en zona de transición. Regreso inmediato al corredor asignado.

—Ahora sí que tenemos público —dijo Tawa.

La unidad de Ali vibró otra vez.

ACCESO AMARILLO CANCELADO EN NUEVE MINUTOS.

Ali volvió al escáner. Le temblaban los dedos. Muy poco. Suficiente para que ella lo notara.

—Necesito copiar las capas completas.

—Entonces copia —dijo Tawa—. Lo que no te lleves ahora aparecerá mañana con otro nombre o no aparecerá .

Ali capturó todo lo que pudo: huellas, errores de datación, franja térmica, microoscilaciones, pérdida de enlace, borde enterrado, relación temporal con Helix-3, ubicación exacta del último pulso de Elias.

Duplicó los archivos en una partición local sin sincronización. KAIROS abrió una advertencia legal.

—La transferencia no autorizada de datos bajo restricción federal puede…

Ali cerró la ventana.

—Luego me lo recitas.

—Registro la interrupción.

—Registra también que estabas pesado.

—No existe categoría para ese atributo.

—Créala.

Tawa soltó otra de esas risas breves que parecían salirle a disgusto.

Regresaron deprisa. Ali no quiso mirar atrás.

Lo hizo a los veinte pasos. La depresión volvía a parecer un pliegue sin importancia.

El sol la había aplanado. Las huellas modernas se estaban perdiendo ya bajo el viento.

Las otras seguían allí, o eso creyó ver.

Tal vez no. Tal vez el cerebro, una vez entrenado para encontrar una forma, se niega a devolverla al desorden.

—Antes ha dicho que algunas historias hablan de subir desde abajo —dijo Ali sin apartar la vista del camino.

—He dicho muchas cosas. Algunas incluso útiles.