El Último Peregrino (El Código del Camino de Santiago 7) CAPÍTULO 28 — Hacia las Puertas de la Ciudad
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CAPÍTULO 28 — Hacia las Puertas de la Ciudad

BLOQUE 1

Gabriel, deteniéndose a una distancia prudente pero visible, con las manos abiertas en el mismo gesto conciliador que había usado meses atrás con Veiga, buscó establecer aquella misma conexión humana que, aunque no había funcionado durante la propia llamada telefónica del día anterior,

todavía representaba la mejor esperanza disponible frente a frente.

---Ramiro, ya vio lo que pasó con Halvorsen esta misma mañana ---dijo, con una calma considerable a pesar de la tensión evidente del momento---.

Sus propios hombres, detenidos, sin ninguna consecuencia real para él.

Usted está solo aquí, arriesgando todo, mientras la gente que realmente se beneficiaría de que este manuscrito nunca llegue a Santiago ni siquiera se ensucia las manos personalmente.

Souto, con el arma todavía en alto pero con una expresión que revelaba, cada vez con más claridad, la propia fisura considerable que aquellas palabras empezaban a provocar en su determinación inicial, mantuvo un silencio tenso durante varios segundos interminables.

BLOQUE 2

---No es por Halvorsen que hago esto ---dijo, finalmente, con la voz quebrada---. Es por todo lo que creí, durante años enteros, que merecía protegerse. Si me rindo ahora, todo eso pierde cualquier sentido que alguna vez tuvo.

Padre Esteban, avanzando todavía más despacio junto a Gabriel, ofreció una última reflexión que buscaba, con considerable delicadeza, ofrecerle a Souto una salida que no representara una derrota completa de todo aquello en lo que había creído.

---Su propia fe no pierde sentido por rendirse hoy, Ramiro ---dijo---. Lo pierde si termina lastimando a alguien más, o a sí mismo, en nombre de una convicción que ya nadie más comparte de esta manera violenta. Todavía puede elegir un camino distinto, incluso ahora.

Souto, considerando aquellas palabras con una expresión que combinaba dolor genuino y una determinación todavía no completamente quebrada, bajó finalmente el arma, aunque sin soltarla por completo, y retrocedió varios pasos hacia el propio sendero lateral por donde había aparecido.

BLOQUE 3

---No puedo rendirme ---dijo, con una voz que ya no sonaba tan segura como al principio de la confrontación---. Pero tampoco puedo disparar contra ustedes. No así.

Antes de que nadie pudiera reaccionar completamente, Souto se dio la vuelta y corrió hacia el propio sendero, desapareciendo entre la vegetación circundante con una velocidad considerable dada su propia edad.

Otero, coordinando de inmediato la persecución con los recursos disponibles, ordenó a dos agentes que siguieran el propio rastro mientras el resto del dispositivo se reagrupaba alrededor de Baltasar, todavía visiblemente afectado por la tensión de aquel encuentro directo.

---No lo vamos a alcanzar fácilmente en ese terreno ---advirtió Otero, revisando rápidamente las opciones disponibles---. Pero al menos logramos que se retirara sin ningún disparo, y eso ya representa una victoria considerable dadas las circunstancias.

Gabriel, sintiendo el peso completo de aquel encuentro parcialmente resuelto, se dirigió hacia Baltasar con una preocupación considerable por su propio estado tras tanta tensión acumulada.

---¿Puede seguir caminando? ---preguntó---. Estamos cerca, Baltasar. Las puertas de la ciudad están, literalmente, a la vista desde aquí.

Baltasar, respirando profundamente para recuperar la propia compostura después de aquel encuentro directo con la amenaza que lo había perseguido durante días enteros, asintió con una determinación que no había disminuido a pesar de todo lo vivido.

---Sigamos ---dijo, simplemente---. Ya llegamos demasiado lejos como para detenernos ahora.